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La Nota del Día
La mataron de hambre y nadie hace nada

Al no haber ninguna sanción por abandonar a criaturas o ponerlas en manos de curanderos, se van a producir más muertes de niños.

Publicada 12 de julio 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Informamos la semana pasada de la muerte de una niña de dos años, a quien sus padres y parientes literalmente mataron de hambre.

La infortunada criatura fue llevada agónica al hospital Bloom, de donde fue recogida por la asociación Vínculo de Amor, que no logró salvarla. En los últimos años, Vínculo de Amor ha atendido a más de quinientos niños, la mayoría de los cuales se ha salvado; alrededor de diez no lograron sobrevivir.

Hay dos aspectos en estas tragedias que espantan:

La primera, que no hay ninguna disposición legal que obligue a los hospitales y centros de salud a reportar a la Fiscalía descuidos criminales que causan la muerte de niños. Dejar morir a un recién nacido por negligencia o por llevarlo a brujos o sobadores, debe ser un delito perseguible de oficio; lo segundo, que los padres son culpables pero asimismo parientes y vecinos que no denuncian esa clase de crueldad a las autoridades. Una tía de la criatura muerta dijo que la sobrina “era descuidada” y tampoco se esforzó por salvarla.

Lo más grave es que la pareja ya tenía antecedentes; hace un par de años, otro de sus hijos también fue llevado moribundo al Bloom y de allí a Vínculo de Amor, donde lo salvaron. Si esa gente tiene para comer, no hay atenuante para el crimen cometido contra dos de sus hijos; en Etiopía, país arruinado por el comunismo, famélicos son todos, desde los padres hasta los niños. Aquí hay padres gordos con niños que son sólo piel y huesos.

Hay más en esto: los padres de la niña muerta son pobres pero no desnutridos; la tía exhibe redondeces muy importantes y famélicos no se ven por ningún lado en el vecindario, fuera de los niños a los que los progenitores matan de hambre. Es negligencia criminal contra seres indefensos, el equivalente a asesinato.

Si el marido le da una paliza a la mujer, las autoridades intervienen y sobran histéricas que montan un “show”, pero dejar morir de hambre a criaturas, que sepamos, no lleva a nadie a los tribunales ni a la cárcel. Cualquiera puede averiguar con médicos conocidos o en la Internet, los dolores y los sufrimientos que pasa un ser que muere de hambre.

Protejamos a nuestros niños

El suceso confirma lo que venimos diciendo desde hace años: que los casos terribles de desnutrición y abandono que se contemplan en nuestro país, son el resultado de la irresponsabilidad paterna, el alcoholismo y la pereza. Niños no mueren de hambre por “injusticia social” sino porque sus padres no quieren trabajar o gastan en vicios lo que ganan. La prueba es que en el campo los agricultores no consiguen localmente la mano de obra que requieren y se ven forzados a contratar a hondureños y nicaragüenses para levantar las cosechas.

Volvamos al caso que nos ocupa. Al darse el primer caso del niño que llegó casi moribundo al Bloom, las autoridades debieron investigar a esa familia de irresponsables y procesarlos judicialmente. De lo contrario, al no haber ninguna sanción por abandonar a criaturas o ponerlas en manos de curanderos, se van a producir más muertes de niños.

Nuestra esperanza es que la horrible tragedia de la niña Joselyn marque el inicio de una mayor conciencia pública sobre el abandono infantil.


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