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El
Diario de Hoy
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elsalvador.com
Informamos la semana pasada de la muerte de una niña de dos años,
a quien sus padres y parientes literalmente mataron de hambre.
La infortunada criatura fue llevada agónica al hospital Bloom,
de donde fue recogida por la asociación Vínculo de Amor,
que no logró salvarla. En los últimos años, Vínculo
de Amor ha atendido a más de quinientos niños, la mayoría
de los cuales se ha salvado; alrededor de diez no lograron sobrevivir.
Hay dos aspectos en estas tragedias que espantan:
La primera, que no hay ninguna disposición legal que obligue a
los hospitales y centros de salud a reportar a la Fiscalía descuidos
criminales que causan la muerte de niños. Dejar morir a un recién
nacido por negligencia o por llevarlo a brujos o sobadores, debe ser un
delito perseguible de oficio; lo segundo, que los padres son culpables
pero asimismo parientes y vecinos que no denuncian esa clase de crueldad
a las autoridades. Una tía de la criatura muerta dijo que la sobrina
era descuidada y tampoco se esforzó por salvarla.
Lo más grave es que la pareja ya tenía antecedentes; hace
un par de años, otro de sus hijos también fue llevado moribundo
al Bloom y de allí a Vínculo de Amor, donde lo salvaron.
Si esa gente tiene para comer, no hay atenuante para el crimen cometido
contra dos de sus hijos; en Etiopía, país arruinado por
el comunismo, famélicos son todos, desde los padres hasta los niños.
Aquí hay padres gordos con niños que son sólo piel
y huesos.
Hay más en esto: los padres de la niña muerta son pobres
pero no desnutridos; la tía exhibe redondeces muy importantes y
famélicos no se ven por ningún lado en el vecindario, fuera
de los niños a los que los progenitores matan de hambre. Es negligencia
criminal contra seres indefensos, el equivalente a asesinato.
Si el marido le da una paliza a la mujer, las autoridades intervienen
y sobran histéricas que montan un show, pero dejar
morir de hambre a criaturas, que sepamos, no lleva a nadie a los tribunales
ni a la cárcel. Cualquiera puede averiguar con médicos conocidos
o en la Internet, los dolores y los sufrimientos que pasa un ser que muere
de hambre.
Protejamos a nuestros niños
El suceso confirma lo que venimos diciendo desde hace años: que
los casos terribles de desnutrición y abandono que se contemplan
en nuestro país, son el resultado de la irresponsabilidad paterna,
el alcoholismo y la pereza. Niños no mueren de hambre por injusticia
social sino porque sus padres no quieren trabajar o gastan en vicios
lo que ganan. La prueba es que en el campo los agricultores no consiguen
localmente la mano de obra que requieren y se ven forzados a contratar
a hondureños y nicaragüenses para levantar las cosechas.
Volvamos al caso que nos ocupa. Al darse el primer caso del niño
que llegó casi moribundo al Bloom, las autoridades debieron investigar
a esa familia de irresponsables y procesarlos judicialmente. De lo contrario,
al no haber ninguna sanción por abandonar a criaturas o ponerlas
en manos de curanderos, se van a producir más muertes de niños.
Nuestra esperanza es que la horrible tragedia de la niña Joselyn
marque el inicio de una mayor conciencia pública sobre el abandono
infantil.

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