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Jim Caviezel
Un instrumento de Dios

Visita. El actor de La Pasión de Cristo, que estuvo en El Salvador, es un hombre de fe


Publicada 11 de julio 2005 , El Diario de Hoy

Atento. Caviezel toma apuntes en el Radisson. El actor escribe con la mano izquierda. Foto: EDH / Roberto Velasco

Claudio Martínez
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Las casualidades no existen. Al menos eso es lo que cree James Caviezel y tiene fundamentos de sobra para demostrarlo.

Si no fuera por una inoportuna lesión en su tobillo cuando estaba en la universidad, hoy quizá sería un famoso jugador de baloncesto de la NBA, su verdadero sueño desde que era un niño anónimo en Mount Vermot, un pequeño pueblo rural cerca de Seatlle. Pero alguien tenía otros planes reservados para él.

Hoy ya no es niño ni mucho menos anónimo. Muy a su pesar, Jim se ha convertido en una celebridad, aunque su perfil no encaja en el estereotipo de Hollywood. “No soy una estrella de cine” es lo primero que dice al llegar al Radisson Hotel de El Salvador, donde participó como orador del III Congreso Internacional La familia núcleo de la sociedad, organizado por la fundación Sí a la Vida. “Simplemente soy un actor”, aclara con rostro serio.

Es tan devoto de la religión católica que en la película Crimen de alto grado se negó a hacer una escena de cama con Ashley Judd, la protagonista, quien hacía de su esposa en la ficción. Algo parecido ocurrió en el rodaje de Ojos de Ángel, donde el guión indicaba que tenía que tener algunas tomas subidas de tono con Jennifer López.
Apesar de que en toda su exposición estuvo bastante serio, al comienzo mostró su buen humor. Le agradeció a la señorita que le alcanzó un vaso con agua y admitió que esa palabra, gracias, es la única que sabía en español. Luego hizo un mini show. Pidió que levantaran la mano los que sabían español y luego los que sabían inglés, que en ambos casos fueron la mayoría. Después dijo: “Ahora levanten la mano los que hablan arameo”. Obviamente fue el único con el brazo en alto. Más tarde lo demostró al decir algunas palabras en el idioma en que se filmó la película.
Admite que siempre le gustó hacer imitaciones y que miraba el programa Saturday Night Live para perfeccionar sus habilidades. En El Salvador dio muestras de su talento nada menos que imitando la voz de Juan Pablo II, a quien le profesa una gran admiración. “Me encontré con el Papa y le expliqué que yo creía que Cristo era italiano. ‘¿Por qué dices eso, hijo?’, me preguntó… Porque vivió con sus padres hasta los 30 años, iba a todos lados con sus once amigos y su madre creía que era Dios… El Papa me miró y me dijo: ‘entonces era polaco, hijo...’”

“Sin duda Dios me puso en esta profesión. Al principio, cuando me decidí por esto no sabía cómo iba a hacer, si ni siquiera había estudiado actuación y no conocía a ningún actor”, comentó sobre su decisión de mudarse a Los Ángeles para probar suerte en la industria cinematográfica.

El poder del rosario

Aunque logró pequeños papeles en algunas películas, su carrera no iba a ninguna parte y ya consideraba seriamente la posibilidad de empacar su maletas y regresar a su pueblo. De repente, algo mágico sucedió. Corría el año 1997. Terrence Malick, un enigmático director de culto que en toda su vida había filmado únicamente dos películas: Badlands (1973) y Days of

Heaven (1978), quería verlo para una audición de su tercer film, La delgada línea roja.

Sería el regreso de Malick después de 21 años de ostracismo. La cita era a las seis de la tarde en la mansión del realizador, a la que Caviezel describió como una especie de Palacio de Buckingham. “Sabía que los próximos diez minutos podrían cambiar mi vida para siempre. Iba en mi carro y empecé a rezar el rosario.

Además, eran las 6:05, ya iba tarde, y me preguntaba qué hacía ahí, si lo que yo quería era jugar en la NBA. Al llegar, dejé el carro, subí la colina hasta la casa y cuando iba a golpear me di cuenta de que había traído el rosario conmigo…”, comentó Jim, quien confesó que las piernas le temblaban.

“La mujer que me abrió la puerta lucía una medallita, por lo que asumí que era católica. Al ingresar, inexplicablemente saqué mi rosario y se lo regalé a la señora. Ella rompió en llantos. Me contó que el día anterior había perdido un rosario bendecido por la Madre Teresa de Calcuta y que había estado rezando toda la mañana para recuperarlo… Muy emocionada, me llevó hasta Malick. Resulta que no era la empleada, como yo creía, sino la esposa del director. Ahí conocí a Terrence, quien ha sido como mi padre en esta industria”, continuó.

Fueron bastante más de diez minutos, pero definitivamente le cambiaron la vida. Caviezel consiguió, en parte gracias al poder del rosario, el rol principal de la película, que recibió el elogio unánime de los críticos además de siete nominaciones para el Oscar. A partir de ahí, su nombre, algo difícil de pronunciar, empezó a sonar entre los productores y las ofertas laborales se multiplicaron.

Paso a paso
en hollywood

Su primer trabajo en cine fue una breve aparición en Mi mundo privado, de Gus Van Sant, en 1991.

La delgada línea roja
1998. De Terrence Malick. Personfica a un soldado en un filme sobre la II Guerra Mundial en Guadalcanal.
Frequency
2000. De Gregory Hoblit. Es John Sullivan, un bombero que se comunica con su padre muerto a través de una radio.
Ojos de Ángel
2001. De Luis Mandoki. Protagoniza a Catch, un raro personaje que se enamora de Jennifer López.
Crimen de
alto grado

2002. De Carl
Franklin. Aquí es un
ex marine al que acusan de asesinar a 9
civiles salvadoreños en una misión militar.
El conde de montecristo
2002. De Kevin Reynolds. Su papel de Edmond Darntes en el clásico de Dumas pasa sin
pena ni gloria.
La pasión de cristo
2004. De Mel Gibson. El filme que lo hizo
popular. Su último
trabajo es Bobby
Jones, la biografía
de un famoso golfista.

Pero para un católico ferviente como él, convivir en un ambiente donde priman el glamour y el exhibicionismo ha sido todo un desafío. “Es duro encontrar amigos en Hollywood”, reconoció Jim en su exposición en El Salvador. Por eso el refugio es la familia que formó con Kerri, una maestra de escuela secundaria a quien conoció en una cita a ciegas hace siete años.

La pasión de Jim

Su popularidad, no obstante, llegó con la posibilidad de personificar a Jesucristo en La pasión, algo que, según le confesó a El Diario de Hoy, fue “extremadamente doloroso, pero valió la pena”. Otra vez hubo guiños del destino que él prefiere interpretar como señales del Señor.

Un mes antes que le ofrecieran el papel, se cruzó en la calle con un extraño quien le anticipó que haría de Cristo en una película, algo que ni siquiera supo cuando hizo la primera audición para el filme de Mel Gibson, ya que hasta ese momento le habían dicho que se trataba de una película de surf.

“Cuando Mel me dijo que iba a interpretar a Jesucristo, acepté de inmediato. Tengo 33 años y mis iniciales son JC, le dije. ‘Me estás empezando a asustar’, me contestó Gibson”, relató el actor, quien volvió a dejar en claro que no cree en las casualidades. “No existen las coincidencias. Creo que Nuestro Señor lo quiso de verdad. Creo que Él ha puesto una gran mano en esta película. Por eso, siempre le estoy pidiendo ayuda a María, para que me muestre la forma correcta de representar a su Hijo”, explicó.

Durante todo el rodaje le acompañó siempre el rosario y nunca dejó de orar. Y debajo de su camisa siempre lleva colgado un crucifijo, sin duda una réplica a menor escala de esa pesada cruz de 150 libras que tuvo que cargar durante la filmación de La Pasión. Si las imágenes del filme de Gibson son desgarradoras, también lo son los relatos del rodaje. Lo más liviano, para dar un ejemplo de ese calvario, fue la sesión diaria de ocho horas de maquillaje a la que tenía que someterse.

Padecimiento. Jim es azotado en una escena de la película de Mel Gibson. La Pasión es la cinta con subtítulos más taquillera en la historia de EE.UU. Foto: EDH / Roberto Velasco

“Después de mi primer día en la cruz, casi llego a la hipotermia. Trajeron tres calentadores que funcionaban bien cuando había viento pero cuando el clima se calmaba, podían quemarme las piernas. Trataba de comer algo, pero sólo tenía náuseas.

Sabía que este papel sería el más duro y difícil de mi carrera”, recordó Caviezel, quien es consciente que no todo fue ficción en las escenas de la flagelación. Terminó con una grave lesión en los hombros y reconoce que por momentos “no podía ni respirar”.

La otra cruz

Con el rostro tostado e impecablemente enfundado en un traje negro, el aspecto de este Jim Caviezel que llegó a El Salvador tiene poco que ver con Jesucristo. Quizás lo asociarían más a ese modelo publicitario de la marca Gap que alguna vez fue con la imagen de un hombre flagelado hasta la muerte. Sin barba, con el pelo prolijamente recortado y sin salpicaduras de sangre, cuesta trabajo reconocerlo. Sin embargo, cuando habla todas las dudas quedan despejadas.

Cada anécdota, cada frase, cada palabra cobran sentido. Su gran objetivo es difundir la palabra de Cristo, y pone mucho énfasis en su oposición al aborto. Y ahora que es famoso tiene más oídos que lo escuchan: “Mientras pasaba horas colgado en la cruz, durante la filmación, parte del equipo de filmación tomaba café y reían entre ellos, ignorándome por completo, como si no existiera. Lo mismo pasa con el aborto, hay muchos que prefieren mirar para otro lado en vez de afrontar ese tema”.

Por eso tampoco es casualidad que la palabra que más pronuncie sea “vida”. No se explica cómo un hijo por venir puede considerarse una cruz. “No entiendo por qué quieren liberarse de esa bendición”, se preguntó. Y dejó un mensaje claro y directo: “Cualquier nación que mate a sus propios hijos no tiene futuro”. Palabra de Cristo.


Jim y El Salvador

El instinto camaleónico que posee todo actor lo ha llevado a interpretar todo tipo de personajes, desde El Conde de Montecristo en el clásico de Alejandro Dumas hasta el indigente adicto a la heroína en Cadena de favores.

El actor es muy tímido.

Sin embargo, hay uno que tiene relación directa con nuestro país. En el año 2000 filmó Crimen de alto grado, un thriller de…. Que protagonizó junto a Ashley Judd y Morgan Freeman.

Allí interpreta a un carpintero estadounidense a quien meten en prisión acusándolo de asesinar a nueve civiles quince años atrás, cuando formaba parte del cuerpo de marines de los Estados Unidos en una misión en El Salvador.

El Diario de Hoy se lo recordó en un breve encuentro en una sala privada del Radisson Hotel donde el actor almorzó con un reducido grupo de salvadoreños e hizo la bendición de los alimentos.

-¿Recuerda la película High Crimes?
-Sí, claro.
-Ahí se juzga a su personaje en un tribunal militar por una matanza a nueve salvadoreños.
-Sí, recuerdo mucho esa película. Por suerte sólo es ficción, ¿no? Todo lo que era El Salvador se rodó en México, así que no había tenido la posibilidad de venir aquí. Pero ahora que tuve la oportunidad, puedo decir que, por lo que he visto, es un país bellísimo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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