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Más allá de la muerte de un delincuente

Temores. Parientes de víctima temen por sus vidas. El asesinado era un delincuente que ayudó a condenar a 27 de la banda Tacoma


Publicada 11 de julio 2005 , El Diario de Hoy

Recuerdos. Rosa García, la madre de Walter Carrillo, dice que nada tiene que ver con lo que su hijo anduvo haciendo. Ella se preocupa por el riesgo a su existencia y pide ayuda. Foto: EDH

Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

En el laberinto de casas que conforman la comunidad Iberia, al oriente de la capital, una mujer entrada en años, se duele por el asesinato de su hijo.

Es Rosa García, la madre de Walter Carrillo, el testigo asesinado el pasado 4 de julio.

Al luto, se le suma la pena de no saber el paradero de la viuda con sus cuatro nietos y la congoja de pensar que ella u otro pariente pueden ser asesinados.

Esa paranoia se le ha encajado entre ceja y ceja, de allí la idea de pedirle al Presidente de la República, o a quien sea, que la socorran, que la ayuden a salir del país.

Piden protección
- La policía ha dicho que tiene bajo protección a la viuda de Walter Carrillo y sus cuatro hijos.
- También testigos presenciales del asesinato están siendo protegidos por la policía.
- Según uno de esos testigos, Carrillo fue atacado a mansalva.
u Cuando ya le habían pegado un balazo, agarró del cuello a un atacante y lo contraminó contra una pared.
- Fue entonces que el otro asesino le asestó varios balazos. Luego huyeron a la vista de muchos testigos.
- La madre de Carrillo pide ayuda, pues teme que también la maten por cosas que la víctima hizo y que ella nada tiene qué ver.
- Sobre eso, un jefe policial declaró que no podían evacuar a toda la (comunidad) Iberia.
Walter Alfredo Carrillo
Edad: 36 años
Récord: Fue parte de la banda Tacoma-Cabrera. Al ser capturado, decidió colaborar con la investigación. El cuatro de julio fue asesinado en la comunidad Iberia.
La ayuda 27 delincuentes
fueron condenados con la colaboración de Carrillo.
Protegido 34 meses
vivió en bartolinas policiales a guisa de protección.

Esgrime el argumento de que su hijo ayudó a la justicia a poner tras las rejas a 27 delincuentes, sus compinches a quienes traicionó, lo cual pudo haberle acarreado la muerte.

Sin ambages, la mujer admite que su hijo era un delincuente. Lo sabía desde que comenzó a caminar torcido por la vida. “Sabés mamá, hoy tuve que matar. Me lo ordenaron”, le confió Carrillo hace ya varios años.

No le dio más detalles. Sólo le dijo que era conocido de ella y que tuvo que matarlo porque lo vio cometiendo una fechoría.

“Bendito Dios por los que tienen hijos buenos” dice la mujer, llorando mientras hojea las fotos del difunto.

“Uno de madre no puede darle la espalda a un hijo, sea lo que sea. Yo sabía que mi hijo era delincuente. Lo sabía, pero no podía hacer nada. Uno puede detener a un hijo de pocos años pero él ya era un adulto”, se lamenta.

Carrillo había formado ya su hogar. Vivía a pocos pasos de la casa de Rosa.

Desde 2001, cuando Walter se enredó con los Tacoma, ella veía que a su hijo lo llegaba a sonsacar un puñado de hombres desconocidos. Él pasaba despidiéndose de ella con un “Ya voy a regresar”.

Siempre que el hijo la visitaba, Rosa se le hincaba para suplicarle que rectificara: “Walter, te estás hundiendo en el fango. Ojalá que cuando te maten tenga para enterrarte”, le decía.
“Soy tu oveja negra, mamá; pero hacele huevos porque ya no puedo echarme para atrás”, le respondía.

Rosa cuenta que crió sola a sus hijos en un vecindario donde hay de toda clase de gente y desde temprana edad, Walter se la llevaba de “machito” y se agarró para sí sólo los malos ejemplos.

La vida que llevaba Walter era conocida por medio vecindario, pues sabían la clase de persona que era y lo respetaban por temor, por ello siempre se sintió seguro allí.
Obra de sicarios

“Ante los ojos de Dios, y que me perdone, él era delincuente pero no era marero. No tenía problemas con ellos”, asegura Rosa, como desechando la hipótesis de que su hijo fue asesinado por problemas de pandillas.

Por el crimen, la policía ha capturado a un sospechoso: Carlos Alberto Martínez, de 19 años, de la Mara Salvatrucha.

Pero Rosa ha dicho que no puede señalar a nadie porque cuando el asesinato ocurrió, andaba pagando recibos de servicios básicos.

La policía, empero, no duda de que Martínez es uno de los dos asesinos. Un testigo presencial lo ha señalado y ha descrito paso a paso el asesinato.

Para Rosa, eso poco importa. Ya no podrá revivir a su hijo. Tampoco le importa que la gente le pueda echar en cara las faltas de su hijo.

“Que me digan en qué código (ley) está que una madre debe estar en contra de un hijo delincuente”, se pregunta la mujer, al tiempo que justifica su pedido de ayuda, en que al final de cuentas, Carrillo se arrepintió y ayudó a conseguir condenas de hasta 79 años para peligrosos delincuentes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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