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¿Hacia dónde va el Seguro Social?

De acuerdo con mi propia visión, el camino que recorre la institución es el correcto, aunque es discutible la velocidad con que lo hace, evidentemente, a consecuencia de una gran cantidad de factores

Publicada 11 de julio 2005, El Diario de Hoy

Rodolfo Chang Peña*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com


Si comparamos tres momentos del ISSS en el transcurso del tiempo y el espacio correspondientes a los años de 1970, 1995 y 2005, veremos dos vertientes que perfilan la institución: por un lado, sus tradicionales problemas, que por diversas razones se han mantenido, y por otro, profundos cambios positivos, entrelos que destacan el incremento de la cobertura, crecimiento y modernización de la infraestructura, mejoramiento evidente de la administración, y, finalmente, un gradual y progresivo protagonismo en la defensa de la salud de los salvadoreños, asegurados o no, a través de una creciente interacción con el Ministerio de Salud y otras instituciones del sector.

De acuerdo con mi propia visión, el camino que recorre la institución es el correcto, aunque es discutible la velocidad con que lo hace, evidentemente, a consecuencia de una gran cantidad de factores. Probablemente uno de los de mayor peso es que la modernización institucional, para estar a la altura de las circunstancias que demanda el Siglo XXI, no puede darse en forma aislada, ya que forma parte inseparable de un todo, el sector salud salvadoreños. Y mientras este último no experimenta una reforma sustancial que implique su rediseño, es un mito exigir por separado el cambio de uno de sus principales componentes, por cuanto estas cosas suceden casi siempre de lo general a lo particular.

Además del hecho antes apuntado, que por cierto no es una invención de mentes soñadoras y calenturientas en noche de verano, sino una realidad que es posible palpar en la evolución de la seguridad social en América Latina, el verdadero cambio lo veremos cuando el binomio institución población cubierta cambie en el tiempo con algún grado de consonancia. Dicho de otro modo, es casi imposible alcanzar una mayor fortaleza institucional capaz de alterar para bien el tradicional y granítico perfil epidemiológico, mientras la población bajo su responsabilidad no se involucre en un desarrollo social y económico sostenible.

Y como este último se encuentra rezagado, aunque empieza a despertar, nótese la prioridad que el Presidente Saca le está dando a lo social, lo que observamos ahora es una institución que sacude sus ataduras y tiende hacia la modernidad, aunque su colectivo cotizante no ha modificado sustantivamente sus condiciones, peor aún, que siga pensando como en 1970.

Para la mayoría de asegurados y beneficiarias, el ISSS es sinónimo de consulta médica y hospitales, y casi nadie visualiza en su justa perspectiva, que la seguridad social, como doctrina, y el ISSS, como su “órgano efector” más importante, van mucho más allá de las prestaciones de salud. Ahora bien, si la población cubierta desconoce el significado de la doctrina y fundamentalmente uno de sus pilares más trascendentes como la solidaridad, menos comprenderán para qué sirven las clínicas comunales, unidades, hospitales, por qué existen médicos familiares en algunos centros y especialistas en otros, cómo opera un sistema de referencia de pacientes de niveles inferiores a superiores y viceversa, y cuáles son los propósitos de prestar servicios en niveles de atención.

El panorama anterior no es fácil de revertir y prueba de ello es que el ISSS, desde sus inicios, viene montando programas y campañas, casi de naturaleza permanente para orientar, guiar y hasta educar a los asegurados, desafortunadamente, con magros resultados. Y como ya lo señalé antes, su causa más importante es que el nivel educativo como parte del desarrollo humano del colectivo derechohabiente no ha progresado con el ritmo de modernización de la institución. Consecuentemente, en la mente de un ominoso porcentaje de asegurados prevalecen las creencias, tradiciones y folclor sobre el origen y tratamiento de las enfermedades, la automedicación como recurso sistemático, el consejo del compadre o del vecino, el componente comercial sobre los productos farmacéuticos y la “prescripción” del empleado de la botica de la vecindad.

En efecto, en un desglose bastante rápido de los conceptos genéricos anteriores, en la práctica vemos que entre el 60 y 75% de todas las personas que acuden a las diferentes emergencias del ISSS no adolece de situaciones que ameritan una atención inmediata, que pueden solucionar su problema con propiedad en clínicas comunales y unidades médicas. Aunque también ocurre lo contrario: pacientes con afecciones que deberían atenderse en una emergencia que por cualquier razón se encuentran en la sala de espera de un consultorio general. Los comportamientos citados apuntan hacia una valoración defectuosa de los síntomas por parte de los usuarios y una concepción poco clara sobre adónde tienen que ir en cada caso.

La típica frase: “Yo he cotizado un dineral al ISSS y nunca voy a consultar y ahora que me decidí a venir me rechazan y envían a una clínica comunal”, es de alguien que no entiende el significado del concepto solidaridad social y lejos de manifestar frustración, debería de sentirse feliz por su excelente salud y porque su problema transitorio de salud es de bajo riesgo, propio para ser abordado por el médico familiar.

También existen asegurados que usan los servicios de la consulta diez o más veces de lo esperado y no son pocos los que caen en alguno de los siguientes estereotipos: El que evita que le programen citas en vacaciones porque éstas son para “gozarlas”, el que va a una clínica comunal por ardor leve en un ojo y exige la presencia de un especialista; el que recibe una cita y se marcha a emergencia para ver si lo atienden en el mismo momento; el que se enferma el viernes por la noche y acude a su consultorio el lunes, finalmente, el que reniega de la consulta especializada con frases como “tantos meses de espera sólo para que me receten ibuprofen, mejor la hubiera comprado y me hubiera ahorrado el viaje”.

* Dr. en Medicina y colaborador de El Diario de Hoy.


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