|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Publicada 11 de julio 2005, El Diario de Hoy |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
De acuerdo con mi propia visión, el camino que recorre la institución
es el correcto, aunque es discutible la velocidad con que lo hace, evidentemente,
a consecuencia de una gran cantidad de factores. Probablemente uno de
los de mayor peso es que la modernización institucional, para estar
a la altura de las circunstancias que demanda el Siglo XXI, no puede darse
en forma aislada, ya que forma parte inseparable de un todo, el sector
salud salvadoreños. Y mientras este último no experimenta
una reforma sustancial que implique su rediseño, es un mito exigir
por separado el cambio de uno de sus principales componentes, por cuanto
estas cosas suceden casi siempre de lo general a lo particular. Además del hecho antes apuntado, que por cierto no es una invención
de mentes soñadoras y calenturientas en noche de verano, sino una
realidad que es posible palpar en la evolución de la seguridad
social en América Latina, el verdadero cambio lo veremos cuando
el binomio institución población cubierta cambie en el tiempo
con algún grado de consonancia. Dicho de otro modo, es casi imposible
alcanzar una mayor fortaleza institucional capaz de alterar para bien
el tradicional y granítico perfil epidemiológico, mientras
la población bajo su responsabilidad no se involucre en un desarrollo
social y económico sostenible. Y como este último se encuentra rezagado, aunque empieza a despertar,
nótese la prioridad que el Presidente Saca le está dando
a lo social, lo que observamos ahora es una institución que sacude
sus ataduras y tiende hacia la modernidad, aunque su colectivo cotizante
no ha modificado sustantivamente sus condiciones, peor aún, que
siga pensando como en 1970. Para la mayoría de asegurados y beneficiarias, el ISSS es sinónimo
de consulta médica y hospitales, y casi nadie visualiza en su justa
perspectiva, que la seguridad social, como doctrina, y el ISSS, como su
órgano efector más importante, van mucho más
allá de las prestaciones de salud. Ahora bien, si la población
cubierta desconoce el significado de la doctrina y fundamentalmente uno
de sus pilares más trascendentes como la solidaridad, menos comprenderán
para qué sirven las clínicas comunales, unidades, hospitales,
por qué existen médicos familiares en algunos centros y
especialistas en otros, cómo opera un sistema de referencia de
pacientes de niveles inferiores a superiores y viceversa, y cuáles
son los propósitos de prestar servicios en niveles de atención. El panorama anterior no es fácil de revertir y prueba de ello
es que el ISSS, desde sus inicios, viene montando programas y campañas,
casi de naturaleza permanente para orientar, guiar y hasta educar a los
asegurados, desafortunadamente, con magros resultados. Y como ya lo señalé
antes, su causa más importante es que el nivel educativo como parte
del desarrollo humano del colectivo derechohabiente no ha progresado con
el ritmo de modernización de la institución. Consecuentemente,
en la mente de un ominoso porcentaje de asegurados prevalecen las creencias,
tradiciones y folclor sobre el origen y tratamiento de las enfermedades,
la automedicación como recurso sistemático, el consejo del
compadre o del vecino, el componente comercial sobre los productos farmacéuticos
y la prescripción del empleado de la botica de la vecindad. En efecto, en un desglose bastante rápido de los conceptos genéricos
anteriores, en la práctica vemos que entre el 60 y 75% de todas
las personas que acuden a las diferentes emergencias del ISSS no adolece
de situaciones que ameritan una atención inmediata, que pueden
solucionar su problema con propiedad en clínicas comunales y unidades
médicas. Aunque también ocurre lo contrario: pacientes con
afecciones que deberían atenderse en una emergencia que por cualquier
razón se encuentran en la sala de espera de un consultorio general.
Los comportamientos citados apuntan hacia una valoración defectuosa
de los síntomas por parte de los usuarios y una concepción
poco clara sobre adónde tienen que ir en cada caso. La típica frase: Yo he cotizado un dineral al ISSS y nunca
voy a consultar y ahora que me decidí a venir me rechazan y envían
a una clínica comunal, es de alguien que no entiende el significado
del concepto solidaridad social y lejos de manifestar frustración,
debería de sentirse feliz por su excelente salud y porque su problema
transitorio de salud es de bajo riesgo, propio para ser abordado por el
médico familiar. También existen asegurados que usan los servicios de la consulta diez o más veces de lo esperado y no son pocos los que caen en alguno de los siguientes estereotipos: El que evita que le programen citas en vacaciones porque éstas son para gozarlas, el que va a una clínica comunal por ardor leve en un ojo y exige la presencia de un especialista; el que recibe una cita y se marcha a emergencia para ver si lo atienden en el mismo momento; el que se enferma el viernes por la noche y acude a su consultorio el lunes, finalmente, el que reniega de la consulta especializada con frases como tantos meses de espera sólo para que me receten ibuprofen, mejor la hubiera comprado y me hubiera ahorrado el viaje. * Dr. en Medicina y colaborador de El Diario de Hoy.
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||