elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Aclarando conceptos
De paso por el existencialismo

El existencialismo no nació “luego de la II Guerra Mundial”, sino mucho antes. Sería más sensato decir que se origina entre la primera conflagración de 1914-1918 y la segunda más cataclísmica de 1939-1945

Publicada 11 de julio 2005, El Diario de Hoy

Carlos Sandoval*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Este articulejo está motivado por dos razones: una es lo que dijo Jean Paul Sartre al final de su autobiografía Las palabras: “Ya que he perdido la posibilidad de morir desconocido, me enorgullezco a veces de vivir mal conocido”. Es lamentable que a los cien años de su nacimiento —12 de junio de 1905— y 25 de su muerte —5 de abril de 1980— siga siendo “mal conocido”. O, lo que sería peor, ignorado.

Y la otra es la decepción que experimenté al enterarme de que un académico de la UES habló “de paso” sobre Sartre y el existencialismo. Ante eso, lo único que queda es lanzar el ácido de la ironía contra quienes dan declaraciones con base en lo que “se dice” o “dicen que dijo”.

El existencialismo no nació “luego de la II Guerra Mundial”, sino mucho antes. Sería más sensato decir que se origina entre la primera conflagración de 1914-1918 y la segunda más cataclísmica de 1939-1945. Otra cosa es que se haya convertido en una “moda” después de la derrota del eje Alemania, Italia y Japón.

Si recordamos las fechas de los libros clave publicados por sus principales representantes, podríamos comprobarlo. Martín Heidegger, el más influyente, publica El ser y el tiempo en 1927; Gabriel Marcel, su Diario metafísico, también en 1927; Karl Jaspers, su tratado Filosofía en 1923 y Jean Paul Sartre su mamotreto metafísico El ser y la nada en 1943.

Unos años antes, en 1938, apareció La náusea, su primera exposición literaria del existencialismo. Como es obvio no son obras de posguerra. Esa época fue conocida como el de la generación de la “alforja vacía”, porque se perdieron todos valores tradicionales.

Es más, Sartre publica en 1943, en plena ocupación alemana, su principal obra filosófica y representa los dramas Las moscas en 1943 y A puerta cerrada en 1944. La Gestapo no prohibió estas obras, porque las creía influenciadas por la cultura alemana.

El ser y la nada, por ejemplo, está llena de citas de Heidegger. No se dio cuenta el espionaje nazi de que Sartre fue hecho prisionero en Padoux y que permaneció encarcelado durante un año en Nancy y en Trevers.

Escapa de la prisión haciéndose pasar por civil para incorporarse a la resistencia y combatir clandestinamente al Gobierno de Vichy.

En 1933, el año en que Hitler asume el poder, viaja a Alemania para estudiar en Berlín. Dudo mucho que haya asistido a la Universidad de Friburgo, donde daban clases Husserl y Heidegger. Este último, por cierto, llegó a ser Rector de la Universidad de Friburgo, ubicada en Alemania y no en Suiza, debido a su adhesión al nazismo.

Pero por esto mismo, después de la guerra se le prohíbe enseñar en las universidades. En Berlín amplió sus conocimientos de la analítica existencialista y del método fenomenológico. También conoció de cerca la doctrina del nacionalsocialismo.

Sartre era miope, estrábico, de estatura baja y fumador pipero, pero de un “genio privilegiado” que devoraba libros y escribía desde la edad de los seis años. Dejó una vasta obra que abarca novelas, cuentos, dramas, argumentos cinematográficos, ensayos literarios y políticos, obras filosóficas, artículos, entrevistas, prólogos y hasta una canción dedicada a la musa del existencialismo Gulietta Graco, asidua visitante de El Café de Flore, en el bulevar Saint Germain des Prés.

La frase “Si Dios no existiera, todo estaría permitido” no es de Sartre, sino de Dostoievski (Los Hermanos Karamazov). El la emplea en El existencialismo es un humanismo (1946), para demostrar que, si es cierta dicha frase “el hombre está abandonado” y, en consecuencia, no existe un reino de valores que justifique sus actos.

“El hombre está condenado a ser libre” expresa. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo y libre, porque al vivir abandonado, es responsable de todo lo que hace.

Por último, él no aceptó el Premio Nobel de Literatura en 1964 porque, por una parte, nunca fue amigo de las distinciones personales, y, por la otra, porque no quería institucionalizarse. El escritor vale por su palabra escrita y cualquier distinción expone a sus lectores a una presión que no estimó beneficiosa.

*Colaborador de El Diario de Hoy,

elsalvador.com WWW