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Chiitas claman juicio contra Sadam Hussein

Iraq. En Dujail, una expansión empobrecida de estructuras de concretos y mezquitas improvisadas, la posibilidad de ver al ex dictador afrontando una posible sentencia de muerte ha traído alivio.


Publicada 6 de julio 2005, El Diario de Hoy

Macabros. Grandes fosas con los cadáveres de quienes fueron ejecutados durante el régimen han sido hallados. Foto EDH The New York Times

The New York Times
John F. Burns
El Diario de Hoy

internacionales@elsalvador.com

Las cicatrices de lo que sucedió después de un intento de asesinato contra Sadam Hussein, el 8 de julio de 1982, son dolorosamente evidentes en esta ciudad principalmente chiita, a 35 millas al norte de Bagdad.

La gente baja la voz cuando habla de padres, hermanos e hijos que fueron a parar a la horca, aunque no se supo su destino, sino hasta que el derrocamiento de Sadam, 21 años después desató el registro de un cuartel central de la policía secreta en Bagdad, en el que se descubrieron los archivos oficiales de las ejecuciones.

Funcionarios del Tribunal Especial Iraquí, establecido para juzgar al ex dictador y sus principales asesores, han dicho que esperan enjuiciarlo antes del fin de año por la muerte de unos 160 hombres y muchachos de Dujail, todos chiitas.

A unos los mataron a tiros inmediatamente después del intento de asesinato, pero 143 –nueve de ellos entre los 13 y los 15 años– fueron ejecutados tres años después por el tribunal revolucionario de Sadam.

“Que Sadam sea enjuiciado por lo que hizo aquí hará bien a Dujail, y a todo Iraq, porque muchos sunitas en este país, y en Dujail, todavía piensan en él como en una especie de dios”, manifestó Alí Haj Hussein, un chiita de 37 años que perdió siete hermanos en las ejecuciones que siguieron al intento de homicidio.

Para el ex dictador, su visita a Dujail se redujo a aventurarse en territorio enemigo. En 1982, estaba en su tercer año de gobierno, todavía consolidando su poder, y muchos en esta ciudad, con una población de alrededor de 75,000 habitantes, lo despreciaban por iniciar una guerra contra Irán, dos años antes.

Los chiitas dicen que tiempo atrás, Sadam desconfiaba de un enclave chiita grande, incluido Dujail y la ciudad vecina de Balad, en las profundidades del interior árabe sunita, y junto a la carretera principal de Bagdad a Tikrit.

La otra matanza

Otro crimen por el que probablemente sea enjuiciado Sadam es la campaña Anfal –la palabra árabe significa botín– de finales de los años de 1980, en la que algo así como unos 150,000 curdos fueron ultimados, muchos a tiros y después tirados en fosas comunes, otros con ataques de gas venenoso.

Es probable que el ataque con armas químicas contra la ciudad curda de Halabja en marzo de 1988, en el que murieron aproximadamente cinco mil habitantes, sea tratado como caso separado, como el de Dujail.

Otros crímenes incluyen la represión de la rebelión chiita en el sur de Iraq en 1991, en la cual se cree murieron 150,000 personas, y las ejecuciones de más de 200 líderes del Partido Baas después de que se hizo con el poder en 1979.

“En todo el mundo, la gente conoce a Sadam Hussein como el hombre que indicó ‘¡No!’ a Estados Unidos, y así será en el tribunal”, aseguró Ziad Najdawi, un jordano que es parte de un grupo internacional de abogados reunidos para ayudar en su defensa.

“Pueden decir lo que quieran, sobre las ejecuciones y las armas químicas y las fosas comunes, pero nosotros diremos: ‘Son mentiras, nada más que mentiras; todo aquí está manchado por Estados Unidos’”.

Los relatos de los chiitas locales dicen que él fue más astuto que los conspiradores de Dujail desde un principio. Al entrar a la ciudad, dicen los relatos, líderes tribales regalaron un coche, marcando el hecho, en la tradición tribal, con las manos inmersas en la sangre de una oveja sacrificada.

No obstante, él regresó el coche e insistió que los propios líderes tribales viajaran en él, hacia su muerte, según los relatos, cuando dispararon los conspiradores.

Unas cuantas horas después del tiroteo, Sadam subió al techo plano de la principal clínica de la ciudad y dijo a la multitud acarreada ahí, que no era “ningún cobarde al que pueden echar de su ciudad”, y afirmó a los oyentes que no habría represalias, relata Kassem Aalbuhaider, ahora un tendero que entonces tenía 12 años.

Sin embargo, mientras él hablaba, expresó Aalbuhaider, la policía secreta estaba trabajando. “Se llevaron familias enteras, incluso ancianos, mujeres y niños”, recordó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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