 |
| El personaje. Súper Maletín. Foto
EDH |
Javier Maldonado
El Diario de Hoy
jmaldonado@elsalvador.com
De poetas y locos todos tenemos un poco, reza un viejo adagio.
Mauricio Orellana aplica perfecto a esta teoría, porque su única
aspiración es unir la simpatía y gracia de un payaso y los
deseos de servir de un héroe.
A sus 22 años, este artista lleva casi una década trabajando
como comediante, ganándose la vida haciendo reír a los chicos.
Desde hace un año, comenzó a diseñar a un nuevo y
colorido personaje, a quien bautizó como Súper Maletín.
Orellana siempre lleva un bolso en el que carga todo lo necesario, para
darle vida a su segunda identidad.
Un antifaz, un par de patines, pantaloncillos amarillos y su esponjada
peluca forman parte de su vestuario, al igual que un curioso cinturón
que él mismo elaboró y que emite luces intermitentes.
Mi cinturón se enciende como una señal de que un niño
está siendo maltratado, dice, sin ningún afán
de broma. La misión principal de Súper Maletín es
defender a los pequeños.
 |
|
Sus deseos
Espera que alguna institución que vele por los derechos
de los pequeños lo patrocine para producir alguna campaña
de concientización.
Aspira a que Súper Maletín sea llevado a un
pasquín como personaje de historieta o realizar un programa
de
televisión.
Si lo quiere en la fiesta de sus niños, contáctelo
a los siguientes teléfonos: 2502-2537 ó 7987-5724.
|
Su consigna de superhéroe no necesita de una banda sonora. Él
mismo interpreta un simpático rap que espera grabar junto al resto
de sus canciones, las que ha compuesto para entretener a los chiquitos.
¿Y los enemigos?
No existe un héroe sin villanos. Este nuevo personaje dice que
tiene muchos Para mí, villanos son aquellos que maltratan
a los niños, aquellos padres que los golpean o adultos que los
explotan... ¡Dónde un niño esté en riesgo,
ahí estará Súper Maletín!, insiste.
Nadie se toma en serio mi trabajo, comenta, satisfecho de
que en las piñatas para las que es contratado, se lleva la alegría
y admiración de los infantes.
Orellana recuerda que a los nueve años ya admiraba a los artistas
circenses, y que siempre se detenía a escuchar y observar los chistes
y la manera de conectarse con el público.
Su principal admirador es su pequeño hijo de dos años, quien
aprueba la valentía de su padre y lo llama Supertín,
porque aún no puede hablar bien.
Yo no soy un superhéroe cualquiera, soy un defensor de los
niños, por eso no tengo armas violentas, detalla el creativo.
En el futuro, Mauricio quiere organizar una ONG de payasos humanitarios,
para atender a los maltratados o abusados, y darles un aliento de vida
con una chispa de felicidad.

|