|
Luis Mario
Rodríguez R.*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Cuando de Ciencia Política se trata, son los politólogos
los voceros más acreditados para discutir los temas de estudio
que esta rama del saber incorpora. Precisamente esta nueva ciencia aunque
algunos discuten que efectivamente lo sea tiene como ventaja en
sí misma la objetividad con la que analiza a los actores de la
política, las formas de gobierno y los sistemas electorales, y
la comprobación que debe hacer de los datos que analice y de los
que luego extrae conclusiones. Esto le permite otorgar un halo de credibilidad
a todas las afirmaciones que se incluyen en cualquier diagnóstico
que se encomienda a los cientistas políticos.
Con la presentación del estudio sobre las Instituciones democráticas
en El Salvador, su valoración de rendimiento y el plan de fortalecimiento,
Fusades se encamina hacia la masificación de la Ciencia Política.
En un esfuerzo sin precedentes, el centro de pensamiento del sector privado
ha llevado las aulas a la calle; ha hecho público un análisis
que profundiza sobre aquellos aspectos que dentro de la ciencia política
son fundamentales para el buen funcionamiento democrático de los
sistemas políticos.
Efectivamente, como lo afirma el estudio Las instituciones importan,
ahora que el documento es de dominio público, las organizaciones
de la sociedad civil, serias y responsables, los ciudadanos, las universidades
y las gremiales de empresarios y trabajadores, y sobre todo los políticos,
debiéramos preocuparnos por conocer el diagnóstico y las
propuestas de solución para mejorar el funcionamiento de todas
y cada una de las entidades que se incluyen y que fueron críticamente
estudiadas por los maestros de la Universidad de Salamanca. La gran ventaja
del informe es su sencillez y claridad, así como su apego a la
realidad salvadoreña. Los politólogos contratados no realizaron
una tesis en base a informes desde sus escritorios en España. El
trabajo de campo fue intenso y los datos obtenidos a través de
fuentes documentales y entrevistas son totalmente fidedignos.
Es gratificante enterarnos, de acuerdo con el informe, de que los salvadoreños
preferimos mayoritariamente el sistema democrático. Lo es, no sólo
porque éste, a pesar de aquellos que afirman que cada vez más
se agota la voluntad de los ciudadanos por resolver los problemas por
la vía democrática, es un sistema que se fundamente en las
libertades, sino también porque nos anima a fortalecer la institucionalidad
desde el sistema mismo y no al margen de la legalidad o acudiendo a soluciones
arcaicas, propias de sistemas totalitaristas.
Con este informe, Fusades está haciendo entender al ciudadano sobre
la necesidad de repensar nuestro sistema electoral, las relaciones del
Ejecutivo y el Legislativo, las acciones que se necesitan para mejorar
el sistema judicial, la descentralización municipal, el control
de los fondos públicos, así como para fortalecer cada vez
más la participación de la sociedad civil para que los llamados
ciudadanos sofisticados aquellos que se interesan por
la evolución de los acontecimientos políticos y exigen un
rendimiento eficiente de las acciones de los gobernantes crezcan
en número y se preocupen por elegir como sus representantes a los
que verdaderamente puedan exigir una congruente acción política,
que responda a las necesidades que tienen como población salvadoreña.
Nada menos la semana pasada, en un evento de la Federación Interamericana
de Abogados (FIA), escuchaba a un distinguido constitucionalista venezolano
contar la lamentable experiencia que está viviendo por haber dado
opinión sobre la legalidad del frustrado golpe de Estado en contra
del Presidente Hugo Chávez. No sólo ha sido acusado de rebelión,
sino que se ha llegado al extremo de exigirle que él pruebe que
no participó de manera intencional en dicho evento, invirtiendo
la carga de la prueba, y haciendo que el Ministerio Público, en
este caso la Fiscalía, descanse tranquilamente sin acusarlo de
aquellos actos que presuntamente configuran el delito de rebelión
en dicho país. Esto se llama una total y absoluta politización
de la justicia.
Ejemplos como el anterior nos motivan para cuidar nuestro sistema democrático.
Para ello es imprescindible que todos los actores políticos identifiquemos
las tareas que nos corresponden y que, desde el marco de la independencia
entre los órganos de Estado, asumamos nuestras responsabilidades
en el corto, mediano y largo plazo. Ésta es una propuesta que beneficia
al país, pero que afecta a los mismos actores que deben ponerla
en marcha.
Aquí se pondrá a prueba la voluntad de crear consensos para
lograr las reformas necesarias que nos encaminen poco a poco a concretar
las propuestas que se incluyen. Para este propósito, debemos evitar
que el estudio se convierta en una herramienta de propaganda política
por parte de aquellos que consideren que con este informe se puede dañar
al adversario político. Los talleres que la institución
signataria del documento va a realizar en los próximos meses serán
vitales para subrayar esta realidad. Éste no es un informe para
beneficio de la derecha ni de la izquierda. Es un esfuerzo que beneficia
al sistema, fortalece nuestro sistema democrático, nos permite
realizar autocríticas, y pone en perspectiva la necesidad de revisar
profundamente el funcionamiento de las instituciones.
Por mi formación de abogado y dado que he afirmado que cada uno
de los actores debe tomar del estudio aquello que nos corresponde impulsar,
me impresiona la forma tan clara en la que los autores han identificado
el papel de los profesionales del Derecho en la mejora del rendimiento
institucional del Poder Judicial. Se identifica tanto la deficiencia en
los requisitos para acceder a la profesión como la falta de control
para la habilitación de los abogados y principalmente el enorme
déficit en la calidad de la formación que reciben los estudiantes
de leyes en las universidades. Precisamente ése fue uno de los
ejes temáticos de la ya mencionada conferencia de la FIA. No sólo
hace falta un mejor control y posiblemente autorregulación de la
profesión del Derecho aunque esto nos lleva al engorroso
debate de la colegiación obligatoria, por hoy con obstáculos
constitucionales para hacerse efectiva, sino a la necesidad de la
formación legal continuada y al cumplimiento de un comportamiento
ético que rija a los profesionales del Derecho.
La mesa está servida. Este último tema al que me he referido
sobre la necesidad de un mejor control y formación académica
del profesional del Derecho, es tan sólo uno de los varios temas
que incluye la nueva contribución que ha hecho Fusades para el
desarrollo del país. Nos toca ahora asumir a todos el rol que nos
corresponde y discutir, sin pasionismos ni ideologías ortodoxas,
qué viabilidad tiene lo propuesto por esta institución,
para lo cual se requerirá de toda la voluntad política posible
por parte de aquellos que por hoy detentamos posiciones de poder.
*Secretario de Asuntos Legislativos y Jurídicos
de la Presidencia de la República. Columnista de El Diario de Hoy.

|