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La Nota del Día
¿Dónde existen esos paraísos?

De no haber sido por la guerra y por las “reformas estructurales”, el ingreso per cápita de los salvadoreños sería de diez y ocho mil dólares versus los dos o tres mil de hoy

Publicada 6 de julio 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Cambiar el Orden Constitucional del país es, ni más ni menos, lo que propone el FDR en su carta de principios, después de vilipendiar lo que son los fundamentos de nuestra sociedad. Lo que quieren, afirman, es “trabajar por la gente”, fijándose objetivos que son más retórica que otra cosa. Lo que no dicen es dónde opera ese maravilloso esquema que plantean, esa solución a los males humanos y a las injusticias. Tampoco señalan lo que a juicio de ellos se debe cambiar en la Constitución, sin que la medicina sea cien veces peor que la enfermedad.

Es obvio que los del FDR han inventado la pomada mágica para erradicar la pobreza, mejorar el nivel de vida, aumentar el empleo, convertir la campiña en un vergel, limpiar la contaminación, sacar agua del desierto, educar a los niños, curar a todos de todo. Como hacen un listado de difuntas “organizaciones” como el BPR y el FAPU, y de los héroes de la centuria, deben haber encontrado los inspirados escritos y las fórmulas que hasta la fecha se suponía nunca existieron. Hasta donde sabemos, del FDR original y de sus aliados no quedó nada de valor, ningún programa o escrito, ninguna perdurable realización fuera de buses quemados, empresas cerradas, mucha desinformación y un país en la ruina con dos millones de sus hijos e hijas viviendo en el exterior.


Volvamos al cambio jurídico que se receta. Con sus vacíos y errores, la Constitución salvadoreña se ajusta a lo que son los ordenamientos constitucionales de las grandes democracias. No es que los japoneses vivan bajo una Constitución distinta en sus esencias de la estadounidense, o ambos con un ordenamiento que choca con el español o el chileno.

Pero hay más: Las constituciones no están fabricadas a pedazos, como esas colchas que se hacen con desperdicios de telas. Son cuerpos orgánicos fundamentados en principios morales, libertades, separación de poderes, derechos y garantías, aspiraciones y regulaciones que aseguran que el conjunto va a funcionar. El cambio constitucional no se hace para quitar lo que nos molesta o agregar lo que nos gusta, sino para lograr que haya armonía entre las partes y que no choquen postulados.

Estamos pobres por la “revolución”

Los iluminados cabecillas del FDR deben especificar qué van a dejar y qué van a suprimir, y las razones para hacerlo. Es a partir de ese momento que el resto del país tendrá que analizar la conveniencia y la lógica de lo planteado. Obviamente no basta asegurarnos de que “trabajan por la gente”, sino demostrarlo, lo que no hicieron ni las “organizaciones” del FDR de los setenta, ni sus enloquecidos miembros.

Extrapolando el crecimiento que tuvo el país en las décadas de los sesenta y setenta al año presente, encontramos que de no haber sido por la guerra y por las “reformas estructurales”, el ingreso per cápita de los salvadoreños sería de diez y ocho mil dólares versus los dos o tres mil de hoy. Este análisis, que publicaremos en breve, se debe al ingeniero Manuel Hinds.

En claros términos, cada uno de nosotros estaría ganando de seis a ocho veces lo que recibe en la actualidad, de no haber sido por las bandas de redentores y revolucionarios que al día de hoy siguen agitando.

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