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Manuel
F. Ayau Cordón*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Ciudad de Guatemala. (AIPE).- Según el informe Desigualdad
en América Latina, del Banco Mundial, Guatemala superó
al Brasil como el país con mayor desigualdad en nuestro hemisferio.
El énfasis que da el Banco Mundial a la desigualdad es consistente
con las políticas redistributivas que suele recomendar. Esa práctica
es dañina, porque fomenta la lucha de clases, bajo el velo de ser
una crítica científica de un problema real que debe enfocarse
en forma rigurosa.
El dudoso propósito es promover medidas redistributivas, cuyo verdadero
efecto es fomentar mayor pobreza. La reputación del Banco Mundial
sufre cada día que suma fracasos a su historial y quizá
debido a ellos se opone a someterse a una auditoría externa. Habla
contra la corrupción e ineficiencia, pero no deja que quienes eso
sostienen permitan a terceros verificar su eficiencia y probidad: Haz
como digo y no como hago.
No debería extrañarnos, pues hasta ahora el Banco Mundial
no logra superar la ideología izquierdizante que ha
privado desde su fundación. Las diferencias de riqueza existen
en el mundo real y son mayores donde hay más pobres con relación
a muy pocos ricos. Y allí donde las diferencias son menores es
donde mayor número de personas se han vuelto ricas, pero los países
que hoy son ricos no redistribuían la riqueza cuando eran pobres.
La pobreza es el estado natural del ser humano. La riqueza es artificial
y precaria; se cura mediante producción y libre intercambio de
bienes y servicios. Las relaciones contractuales de esos intercambios
son cuentas saldadas y el que unos sigan siendo pobres no es achacable
a los que se enriquecieron, salvo cuando predomina el mercantilismo, excepción
comentada más adelante. Insinuar indiscriminadamente que la riqueza
es la causa de la pobreza es ignorancia necia e insidiosa.
Un honesto repudio a las desigualdades requeriría establecer una
relación causal entre pobreza y diferencias. Esa relación
sólo se da en una economía mercantilista, en la que las
grandes fortunas se hacen empobreciendo a las mayorías. Y es muy
importante enfatizar que en una economía de mercado esa relación
no existe, pues de forma precisa los intercambios libres necesariamente
hacen que ambas partes salgan ganando, ya que sólo por error alguien
libremente escogería empobrecerse.
Es un hecho demostrable que en la economía de mercado una persona
sólo se puede enriquecer enriqueciendo a los demás. Por
el contrario, en el sistema mercantilista, con magníficos pero
falaces argumentos, se utiliza al Gobierno para despojar a los ciudadanos
de la libertad de comprar donde les conviene y, en la práctica,
se les obliga a comprar productos más caros a un grupo de privilegiados,
quienes suben sus precios hasta donde la protección arancelaria
se los permite.
Cuando la gente se ve obligada a subsidiar a determinados productores,
quienes por ser antieconómicos no pueden subsistir sin el subsidio
del consumidor, la riqueza de unos sí es la causa de la pobreza
de los demás.
Esa pobreza inducida reduce también la productividad del país
porque desvía los recursos hacia actividades que de manera artificial
resultan rentables, debido a subsidios que empobrecen a todos los demás.
No he visto ningún pronunciamiento del Banco Mundial contra el
mercantilismo, sino que más bien suele fomentarlo.
*Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de
la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad
Mont Pelerin. ©www.aipenet.com

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