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Empezó con biodiésel y ahora fabrica jabón

Constancia. Luis Linares lleva una década perfeccionando sus jabones. En sus inicios quiso producir combustible


Publicada 4 de julio 2005 , El Diario de Hoy

Proyección. Linares tiene la esperanza de obtener financiamiento para expandir el negocio.. Foto EDH

Alma López
El Diario de Hoy

negocios@elsalvador.com


El interés por fabricar biodiésel llevó a un emprendedor que no sabía nada sobre elaborar jabón, a producir 49,500 quinientas unidades al mes.

La génesis de la elaboración de jabones para lavar ropa se remonta a finales de 1992, cuando Luis Linares y la Fundación para el Autodesarrollo de la Micro y Pequeña Empresa (Fademype) intentaron fabricar biodiésel.

La idea de Linares y Peter Moers, uno de los fundadores de Fademype, consistía en obtener este carburante por medio de la utilización de ácidos grasos que son los residuos producidos al destilar el aceite.

Los dos hombres, determinados a lograr su propósito, comenzaron a comprar cebo de res y aceites de coco, palma y soya para realizar pruebas de laboratorio y producir el biodiésel.

Pero después de hacer cuentas y evaluar costos determinaron que la idea no era rentable, porque su producto tendría que venderse a un precio mayor que el diésel comercializado en el mercado, debido a los altos precios de los aceites.
Contra la corriente

La grasa y el aceite que no se utilizaron para las pruebas de biodiésel quedaron guardados durante algunos días sin recibir ningún uso, hasta que un amigo de Linares le aconsejó fabricar jabones con estas materias primas.

La sugerencia no le pareció mala a Linares, aunque tenía un inconveniente: no sabía como se fabricaban los jabones. Ésto no fue impedimento para continuar con su plan, y se le ocurrió buscar ayuda en la Facultad de Química y Farmacia de la Universidad de El Salvador (UES).

Su búsqueda no fue infructuosa. Luego de conversar con las autoridades de la Facultad llegaron a un consenso: él iba a enseñar durante un mes a un grupo de estudiantes sobre la obtención de diésel por medio de las grasas, mientras que ellos lo instruirían en la fabricación de jabón.

Proceso. los jabones toman forma en la troqueladora. Foto EDH

Como no tenía suficiente dinero para iniciar la elaboración de los jabones, buscó financiamiento. Luego de unos meses de tocar puertas, un amigo le prestó 3,500 dólares que utilizó para comprar maquinaria como una troqueladora, un horno y cierta cantidad de materia prima.

Seis meses después, a este dinero se sumaron 4,500 dólares financiados por Fademype, para la compra de más materiales como ácidos grasos y soda cáustica.

La fabricación comenzó pero los resultados no fueron los esperados: los jabones tenían una consistencia muy blanda o muy dura. “El problema estaba en no saber el punto exacto de humedad que se les debía dar o la cantidad adecuada de soda cáustica que agregar ”, relata, entre risas, Linares.

Después de dos meses de ensayos y errores, los problemas se fueron solventando gracias a que consultaron a personas conocedoras de la fabricación de jabones, así como información en libros y sitios en internet.

La empresa desde su nacimiento ha estado en la ciudad de Soyapango, en una pequeña casa de concreto con unos cuantos metros de terreno sin edificar.
Al ingresar en el recinto lo que más llama la atención es la grasa teñida de blanco, verde y azul que está apilada en el patio y expuesta el sol para quitarle humedad.

Trabajadores


Ya en su interior los empleados hacen lo suyo. Dos mujeres cortan con un cuchillo los jabones dañados, mientras otros derriten grasa en peroles gigantes, y un hombre echa grasa teñida a una trituradora,que la expulsa en forma de macarrones.

Son seis personas las que laboran en la empresa. Elmer Aguilar, el primer empleado en ser contratado, relata que comenzó en 1993 sin saber nada de la fabricación de jabones, pero después de 12 años conoce todos los secretos del proceso.

Biodiésel de El Salvador comercializa jabones con los nombres Cuscatleco y Chelito.La mercadería es vendida en algunos municipios de Ahuachapán, Chalatenango, Sonsonate y La Paz.

Linares comenta que en San Salvador no han querido ingresar por la fuerte competencia que existe, pero tiene proyectado hacerlo a corto plazo para aumentar sus ventas.

En un futuro no muy lejano piensa fabricar jabones de sábila para comercializarlos en el extranjero. Ve como su potencial mercado el de Estados Unidos, y ya comenzó a hacer los primeros contactos para buscar distribuidores.

Este tenaz salvadoreño no olvida su sueño de producir biodiésel con las grasas, y ese interés crece al ver las noticias sobre el aumento de los precios de los combustibles.

La producción por números

- La cantidad fabricada a diario es de 137 fardos, cada uno de los cuales equivale a 12 jabones, que se traducen en más de 4,000 fardos mensuales.
- La cifras actuales según, el propietario de Biodiésel de El Salvador, pueden superarse en los próximos meses si encuentran nuevos mercados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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