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| Proyección. Linares tiene la esperanza
de obtener financiamiento para expandir el negocio.. Foto
EDH |
Alma López
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
El interés por fabricar biodiésel llevó a un emprendedor
que no sabía nada sobre elaborar jabón, a producir 49,500
quinientas unidades al mes.
La génesis de la elaboración de jabones para lavar ropa
se remonta a finales de 1992, cuando Luis Linares y la Fundación
para el Autodesarrollo de la Micro y Pequeña Empresa (Fademype)
intentaron fabricar biodiésel.
La idea de Linares y Peter Moers, uno de los fundadores de Fademype, consistía
en obtener este carburante por medio de la utilización de ácidos
grasos que son los residuos producidos al destilar el aceite.
Los dos hombres, determinados a lograr su propósito, comenzaron
a comprar cebo de res y aceites de coco, palma y soya para realizar pruebas
de laboratorio y producir el biodiésel.
Pero después de hacer cuentas y evaluar costos determinaron que
la idea no era rentable, porque su producto tendría que venderse
a un precio mayor que el diésel comercializado en el mercado, debido
a los altos precios de los aceites.
Contra la corriente
La grasa y el aceite que no se utilizaron para las pruebas de biodiésel
quedaron guardados durante algunos días sin recibir ningún
uso, hasta que un amigo de Linares le aconsejó fabricar jabones
con estas materias primas.
La sugerencia no le pareció mala a Linares, aunque tenía
un inconveniente: no sabía como se fabricaban los jabones. Ésto
no fue impedimento para continuar con su plan, y se le ocurrió
buscar ayuda en la Facultad de Química y Farmacia de la Universidad
de El Salvador (UES).
Su búsqueda no fue infructuosa. Luego de conversar con las autoridades
de la Facultad llegaron a un consenso: él iba a enseñar
durante un mes a un grupo de estudiantes sobre la obtención de
diésel por medio de las grasas, mientras que ellos lo instruirían
en la fabricación de jabón.
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| Proceso. los jabones toman forma en la troqueladora.
Foto EDH |
Como no tenía suficiente dinero para iniciar la elaboración
de los jabones, buscó financiamiento. Luego de unos meses de tocar
puertas, un amigo le prestó 3,500 dólares que utilizó
para comprar maquinaria como una troqueladora, un horno y cierta cantidad
de materia prima.
Seis meses después, a este dinero se sumaron 4,500 dólares
financiados por Fademype, para la compra de más materiales como
ácidos grasos y soda cáustica.
La fabricación comenzó pero los resultados no fueron los
esperados: los jabones tenían una consistencia muy blanda o muy
dura. El problema estaba en no saber el punto exacto de humedad
que se les debía dar o la cantidad adecuada de soda cáustica
que agregar , relata, entre risas, Linares.
Después de dos meses de ensayos y errores, los problemas se fueron
solventando gracias a que consultaron a personas conocedoras de la fabricación
de jabones, así como información en libros y sitios en internet.
La empresa desde su nacimiento ha estado en la ciudad de Soyapango, en
una pequeña casa de concreto con unos cuantos metros de terreno
sin edificar.
Al ingresar en el recinto lo que más llama la atención es
la grasa teñida de blanco, verde y azul que está apilada
en el patio y expuesta el sol para quitarle humedad.
Trabajadores
Ya en su interior los empleados hacen lo suyo. Dos mujeres cortan con
un cuchillo los jabones dañados, mientras otros derriten grasa
en peroles gigantes, y un hombre echa grasa teñida a una trituradora,que
la expulsa en forma de macarrones.
Son seis personas las que laboran en la empresa. Elmer Aguilar, el primer
empleado en ser contratado, relata que comenzó en 1993 sin saber
nada de la fabricación de jabones, pero después de 12 años
conoce todos los secretos del proceso.
Biodiésel de El Salvador comercializa jabones con los nombres Cuscatleco
y Chelito.La mercadería es vendida en algunos municipios de Ahuachapán,
Chalatenango, Sonsonate y La Paz.
Linares comenta que en San Salvador no han querido ingresar por la fuerte
competencia que existe, pero tiene proyectado hacerlo a corto plazo para
aumentar sus ventas.
En un futuro no muy lejano piensa fabricar jabones de sábila para
comercializarlos en el extranjero. Ve como su potencial mercado el de
Estados Unidos, y ya comenzó a hacer los primeros contactos para
buscar distribuidores.
Este tenaz salvadoreño no olvida su sueño de producir biodiésel
con las grasas, y ese interés crece al ver las noticias sobre el
aumento de los precios de los combustibles.
La producción por números
- La cantidad fabricada a diario es de 137 fardos, cada uno de los cuales
equivale a 12 jabones, que se traducen en más de 4,000 fardos mensuales.
- La cifras actuales según, el propietario de Biodiésel
de El Salvador, pueden superarse en los próximos meses si encuentran
nuevos mercados.

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