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| Reconocimiento. Un investigador recolecta evidencias
en el lugar donde fue encontrado el cadáver del ciudadano chileno
José Vidal Teare. Foto EDH |
Carlos Torres
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
La Libertad es un nombre equivocado para este departamento. Son muchos
los ciudadanos que viven atados por el miedo.
De todo El Salvador, es el que ocupa el segundo lugar en muertes violentas.
Estadísticas de la Policía Nacional Civil (PNC) reflejan
que la ola de crímenes es elevada en la zona norte, especialmente
en San Juan Opico, Colón, Ciudad Arce y Quezaltepeque.
En la mayoría de los casos, la población identifica a pandilleros
como responsables de la violencia.
En 2005, varios de estos lugares han sido escenarios de hasta ocho homicidios.
Las muertes múltiples son frecuentes.
La riñas entre pandillas, venganzas y asaltos figuran como las
circunstancias comunes que motivan la mayoría de los asesinatos.
Los policías tienen serias dificultades para cumplir su misión
y reducir los índices de crímenes.
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| En circulación. En el país circulan
armas de diferentes calibres que se adquieren con facilidad en ventas
legales o en el mercado negro. Foto EDH |
Faltan recursos e incentivos, no hay aumento de salarios y para la situación
violenta que padecen, es poco el personal destacado en los distintos puestos
y delegaciones de la PNC.
La posesión de armas de fuego en manos de particulares no preparados
para ello, así como la facilidad de adquirirla en el mercados negros
son otros escollos para quienes buscan reducir la violencia.
A esto se suma que son muchas las personas que matriculan sus armas una
vez, pero no se preocupan por renovar las licencias cuando éstas
vencen.
Esto, además de ser ilegal y exponer a sanciones, dificulta el
control policial sobre la tenencia de armas.
Las cifras hablan solas. De los homicidios registrados en 2005, hasta
la segunda semana de junio, Colón es el lugar que lleva más
en el departamento, con la cantidad de 49 personas muertas; Quezaltepeque
lleva 20, y San Juan Opico, 42. En Jicalapa no se registra ningún
crimen en 2005, y no tiene un puesto policial.
En el año, Ciudad Arce lleva registradas 22 muertes violentas.
Pleitos, venganzas y licor son ingredientes mortales
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| Cotidiano. La delincuencia y las maras son problemas
que afectan a Quezaltepeque. Foto EDH |
Con la ley en sus manos. Detrás de cada crimen ocurrido en el
departamento y el país hay una historia ilógica que contar.
Las causas que motivan a las personas a perder la razón y a optar
por el camino de la violencia son varias.
Según las autoridades policiales, los asesinatos son cometidos
casi siempre por más de una persona.
Las diferencias abismales entre las maras 18 y Salvatrucha son los motivos
más comunes de los homicidios en esa región. El alcohol
también es un factor determinante.
Ciudadanos que deciden tomarse la justicia en sus manos basados en suposiciones
son responsables de muertes.
En los municipios ubicados al norte y en el litoral, hay 171 casos en
que personas se convirtieron en criminales por no buscar auxilio de las
autoridades para solucionar sus problemas.
De esta cantidad hay 71 hechos en los cuales hay pandillas involucradas.
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Los decesos ocurridos por asaltos y robos llegan escasamente a siete
en el presente año.
Los dos casos más recientes han ocurrido en San Juan Opico y de
La Libertad.
En ambos casos, las víctimas se convertían en autores, quienes
tomaban la decisión de eliminar a los asaltantes.
La PNC y sus limitantes
Las quejas y las necesidades son muchas. La falta de equipos adecuados,
como uniformes, munición, botas, aumentos de salarios vehículos
en buen estado son factores importantes para el buen desempeño
de los agentes de la Policía Nacional Civil.
En algunas delegaciones, como la de Santa Tecla, todos los agentes de
turno duermen sobre una sábana que tienden en el piso.
Para el subdirector de la PNC Pedro González, ésta es una
situación ya conocida, sin embargo, la corporación no cuenta
con un presupuesto adecuado para subsanar estos vacíos.
El subjefe de la policía aseguró que ya se está trabajando
en un aumento de salario para todos los integrantes de la PNC, pero será
hasta 2006.
Las plazas vacantes dejadas por agentes en la zonas urbanas y que se trasladan
a otros cargos en la Policía Rural forman otro problema sin resolver,
dijo González.

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