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| La gloria. Diego Mejía carga a su entrenador,
luego de ganarle la presea dorada a la selección de México.
Foto EDH |
Mauricio Antonio
Qüehl
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
El Apertura 2001 le había llevado al protagonismo al llevar a
Alianza a la consecución del título y a pesar que vio cómo
FAS le despojó en el Clausura 2002, el destino le tenía
reservado un nuevo momento de gloria
Juan Ramón Paredes dejó el banquillo de los blancos para
atender el llamado de la Federación Salvadoreña de Fútbol,
para tomar las riendas de las selecciones nacionales.
Y su primer reto era poner a tono al combinado que representaría
al país en los XIX Juegos Centroamericanos y del Caribe San
Salvador 2002.
Su primer oponente fue la selección de Nicaragua. Un 4-0, merced
a los goles de William Torres, José Mejía y Diego Mejía
(2), animaban para enfrentar al siguiente rival: República Dominicana.
Josué Galdámez y Roberto Ochoa (2) pusieron un 3-0 que hablaba
bien del trabajo que Paredes estaba haciendo desde el banco.
Sin embargo los rivales fáciles habían quedado en el camino.
En la siguiente ronda venían los difíciles como Venezuela,
el campeón defensor de los juegos. Alfredo Pacheco marcó
el único tanto que llevó a los chicos de Paredes a la fase
de semifinales.
José Mejía volvió a figurar con un gol que le dio
el triunfo a El Salvador sobre Haití. Los nuestros iban por la
medalla de oro, pero faltaba el último obstáculo para lograrlo.
El más difícil de todos.
El sábado 7 de diciembre de 2002, la selecta enfrentó a
México en un Estadio Cuscatlán lleno de camisas azul y blanco.
Los aztecas se adelantaron en el marcador por medio de Rafael Márquez,
pero El Salvador igualó con gol de Galdámez. El 1-1 se mantuvo
durante los 120 minutos de juego, por lo que hubo necesidad de los tiros
de penalti.
Luis Castro fue figura parando un penalti, pero el héroe fue Paredes.
Ese mismo que terminó siendo cargado en hombros.

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