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Venganza inolvidable

Brasil goleó 4-1, lavó su imagen del juego en Buenos Aires y de paso levantó la Copa de Confederaciones . Fue un partidazo que pudo haber terminado 9-5

 

Publicada 30 de junio 2005 , El Diario de Hoy


Claudio Martínez
Desde Alemania
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Imposible no asociar este partido al disputado hace 21 días en Buenos Aires, porque las similitudes son notables.

La única diferencia, y no pequeña, es que ahora había en juego una copa, la de las Confederaciones, y aunque no tenga valor como trofeo en sí, lo tiene por el simple hecho de habérselo ganado a Argentina, y nada menos que con un humillante 4-1.

De ahí la euforia de cada uno de los jugadores brasileños. De ahí la desazón de los argentinos, que apenas si podían elevar la mirada del suelo. Son de esos partidos que gozan o se sufren, depende del bando en que uno esté. Y ahora le tocó gozar a Brasil.

Imposible no asociar este partido al disputado en el Monumental. Porque si bien sólo cuatro jugadores argentinos estuvieron allí, faltaron Abbondanzieri, Ayala, Samuel, Macherano, Lucho González, Saviola y Crespo, fue como el complemento de aquel partido.

Sólo que aquí fue al revés. El que pegó primero fue Brasil, y con dos golpes que duelen. Al 10’, Adriano, como un toro embravecido, se quitó de encima a Gabriel Heinze y sacó un zurdazo implacable para el 1-0.

Todavía más

Riquelme pudo igualar con un remate que rozó el palo de Dida, pero en la réplica, al 15’, Kaká desde el borde del área volvió a someter a Lux.

El volante del Milan había sido un fantasma durante los otros cuatro partidos, pero ayer recuperó su nivel. Argentina estaba aturdida, como en estado de shock. Los verdeamarelhos aprovecharon esa confusión para sacar una diferencia que era difícil de remontar.

Festejo . Los brasileños se lanzaron a las calles a festejar la consecución del título de su selección en la Copa Confederaciones. Foto/ EDH/AP, REUTERS

Y mucho más lo fue cuando en el primer minuto del complemento, Ronaldinho conectó un buen centro de Cicinho para el 3-0 que fue lapidario.

Brasil seguía con su contundencia. Sólo perdonó con remate de Robinho que pegó en el palo y se apiadó de un Lux ya vencido.

Pero en la jugada siguiente, al 63’, Adriano ganó de cabeza y convirtió el 4-0 tras un preciso centro de Cicinho. Ante semejante descontrol, parecía que se venía una goleada histórica.

En ese momento llegó el gol de Aimar, de cabeza tras un pase de César Delgado, al 64’, que frenó todo. Porque a partir de ahí Argentina recobró parte de su energía y estuvo a punto de descontar con Riquelme, Tevez o Sorín. Eso sí, en cada ataque se expuso a un contraataque letal comandado por Kaká y Ronaldinho para Adriano y Robinho que muchas veces no terminó en gol de milagro.

Fue una ópera. La de Adriano y su ballet, que festejaron bajo el cielo alemán otra noche de gloria brasileño. ¿Estarán practicando para el año 2006?


Carnaval en el campo

Llueve en Frankfurt, pero a ellos no les importa. Acaban de agregarle a las vitrinas de la Federación Brasileña de Fútbol otro trofeo. Ronaldinho, elegido injustamente el mejor del partido, baila con Adriano, elegido justamente el mejor del torneo. Robinho da pasos de samba junto a Juan, quien marca el ritmo con un tamboril.

Dida se atreve a sonreír, aunque sea sólo por un momento, mientras que Kaká y Lucio le agradecen a Dios desde sus camisas blancas.

Mientras esperan la ceremonia de premiación, los jugadores brasileños tienen su fiesta íntima. Íntima porque nadie los interrumpe, aunque todos pueden verlos celebrar en la cuádruple pantalla del Waldstadion.

La samba sólo se interrumpe, momentáneamente, cuando anuncian que los argentinos tienen que subir a recoger sus medallas. Sorín encabeza al grupo de jugadores que arrastran las piernas y hacen un esfuerzo por mantener el cuerpo erguido, aunque sus pulmones ya no resisten subir la escalinata y su orgullo parece herido de muerte.

Entonces Ronaldinho, el nuevo capitán del equipo, levanta la Copa. Desde los altavoces suena la canción Brasil, nada más apropiado, y desde el cielo caen los confeti como si fueran maná. El carnaval nunca se acaba, jamás se cansan de bailar, jamás se cansan de celebrar.

Adriano de oro

Al compás de sus goles, Adriano no sólo condujo a Brasil a la conquista de la Copa Confederaciones, sino que también se erigió como el máximo artillero del torneo y se llevó el Botín de Oro al mejor jugador.
El delantero del Inter de Italia esperó hasta las instancias decisivas para destaparse.
En la final de ayer, en la que Brasil se impuso 4-1 a Argentina, Adriano marcó dos veces: a los 11 y 63 minutos. También había metido dos, incluyendo el decisivo, cuando se equipo venció 3-2 a Alemania en la semifinal.
Su otro tanto fue en el debut hace dos semanas, en la victoria 3-0 sobre Grecia.
Adriano fue también el máximo goleador de la Copa América del año pasado, en la que Brasil salió campeón al derrotar a Argentina en una definición de penales en la final. Un gol de Adriano sobre la hora estableció el empate y después se fueron a la tanda desde los 12 pasos.
El técnico Carlos Alberto Parreira se mostró complacido por el delantero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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