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Rafael Rodríguez
Loucel*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Un ciudadano sin nexo político y prácticamente nula representatividad
en la capacidad económica de un país, a lo único
que puede aspirar, en adición a ejercer el derecho de voto, es
pretender sugerirle al primer mandatario lo que debería de hacer;
con un potencial de efectividad incierto, pero con la satisfacción
de formular consejos oportunos al jefe, bien intencionados,
desinteresados y por lealtad al país.
Con el título de Al oído del Presidente se han
publicado más de dos artículos en los cuales se exponen
a manera de sugerencias, medidas que debiesen implementarse en su período,
importantes unas, urgentes otras, tomando en cuenta la crisis económica
y social del país aminorada, retenida o oculta por el flujo creciente
de remesas familiares que cubre la brecha entre el gasto y el ingreso:
de las familias, de las empresas y del Gobierno.
El mensaje pronunciado por el Presidente de la República contiene
aspectos de diversa índole que serán analizados con diversos
enfoques y diferentes interpretaciones. Prefiero externar unas reflexiones
en lugar de un comentario inoportuno de un discurso.
Señor Presidente: Usted reflejó al principio de su Gobierno
una intencionalidad de ejecutar una gestión diferente y de tratar
de hacer las cosas mejor. Usted generó expectativas, se comunicó,
salió de palacio a enterarse de las necesidades del pueblo que
lo nombró, lo que es un punto a su favor. Lo que se desconoce es
cómo encontró la casa, que todos sabemos que no está
en orden por simple lectura de cifras oficiales y de algunas encuestas,
pero sería más fidedigno y de impacto, la pureza de una
fuente oficial presidencial; es necesario que la ciudadanía lo
sepa, porque es una limitación de coyuntura que usted tiene, después
de tres períodos completos de gobierno de un mismo partido y la
quinta parte de un cuarto período con la bandera tricolor en casa
presidencial.
Usted es un comunicador y el pueblo podría comprenderlo si dijese
que la pobreza de este país es considerable, que la preferencia
por emigrar aumenta, los índices de violencia son alarmantes y
que su incremento no contribuye a mostrar una buena imagen para la inversión
extranjera. Que lo que crece son las remesas familiares, las importaciones,
el consumo y la deuda externa; no así la productividad, las exportaciones,
la innovación y la capacitación extensiva del recurso abundante.
El país tiene sus limitaciones naturales y adquiridas. Su pequeñez
territorial, su misma densidad poblacional, sus orígenes, su cultura,
su creatividad positiva y negativa, su ubicación en una de las
zonas tercermundistas, su dependencia comercial y financiera de un país,
son todas herencias o enfermedades congénitas. Hay que resaltar
esas limitaciones no para conmiserarse, sino para una comprensión
ciudadana de la necesidad de un pacto social que dé pauta a un
proyecto nación, que rompa la rutina de supuestos proyectos de
gobierno o estrategias aisladas sin procesos de seguimiento.
El país también ha adquirido debilidades en el pasado reciente,
que no son sus errores, pero que sí serán obstáculos
en su período gubernamental. Se identifican con altos déficit:
comercial, gubernamental, de ahorro privado y la hoy en día compartida
y alta deuda privada y pública; desequilibrios financieros que
lo obligan a agotar su nivel de gestión, persuasión y de
consenso para incrementar nueva inversión (no venta de acciones),
que asegure un crecimiento productivo emergente. Si en el mediano plazo
se mantiene una pretensión de desarrollo como visión país,
se hace absolutamente necesario en los cuatro años restantes incrementar
de manera gradual los niveles promedios educativos, mejorar los sistemas
de salud y las condiciones habitacionales de la mayoría de la población.
Señor Presidente, una vez más su buena voluntad y deseo
expreso de viabilizar la sociedad salvadoreña, en el sentido integral
de la palabra, lo comprometen con una efectiva capacidad para gobernar,
a incursionar más allá de preservar un modelo neoliberal.
Lo obligan a acciones concretas con propósitos u objetivos específicos,
como son el logro de un equilibrio presupuestario (pacto fiscal), una
seguridad ciudadana, una seguridad jurídica y el incremento constante
de la asignación presupuestaria para educación, para generar
un entorno propicio para un auténtico proyecto de nación,
fundamentado en una mayor productividad cimentada en audaces programas
empresariales de competitividad que reviertan la dependencia, de la actual
de transferencias del exterior hacia una básicamente del ingreso
interno y complementariamente externo, para procurar empleo, pagar la
deuda del país y asegurar calidad de vida a toda la población.
*Colaborador de El Diario de Hoy y vicerrector
de Investigación y Proyección Social de la UTEC.

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