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Tomando la palabra
Al oído del Presidente

Señor Presidente, una vez más su buena voluntad y deseo expreso de viabilizar la sociedad salvadoreña, en el sentido integral de la palabra, lo comprometen con una efectiva capacidad para gobernar

Publicada 29 de junio 2005, El Diario de Hoy


Rafael Rodríguez Loucel*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Un ciudadano sin nexo político y prácticamente nula representatividad en la capacidad económica de un país, a lo único que puede aspirar, en adición a ejercer el derecho de voto, es pretender sugerirle al primer mandatario lo que debería de hacer; con un potencial de efectividad incierto, pero con la satisfacción de formular consejos oportunos al “jefe”, bien intencionados, desinteresados y por lealtad al país.

Con el título de “Al oído del Presidente” se han publicado más de dos artículos en los cuales se exponen a manera de sugerencias, medidas que debiesen implementarse en su período, importantes unas, urgentes otras, tomando en cuenta la crisis económica y social del país aminorada, retenida o oculta por el flujo creciente de remesas familiares que cubre la brecha entre el gasto y el ingreso: de las familias, de las empresas y del Gobierno.

El mensaje pronunciado por el Presidente de la República contiene aspectos de diversa índole que serán analizados con diversos enfoques y diferentes interpretaciones. Prefiero externar unas reflexiones en lugar de un comentario inoportuno de un discurso.

Señor Presidente: Usted reflejó al principio de su Gobierno una intencionalidad de ejecutar una gestión diferente y de tratar de hacer las cosas mejor. Usted generó expectativas, se comunicó, salió de palacio a enterarse de las necesidades del pueblo que lo nombró, lo que es un punto a su favor. Lo que se desconoce es cómo encontró la casa, que todos sabemos que no está en orden por simple lectura de cifras oficiales y de algunas encuestas, pero sería más fidedigno y de impacto, la pureza de una fuente oficial presidencial; es necesario que la ciudadanía lo sepa, porque es una limitación de coyuntura que usted tiene, después de tres períodos completos de gobierno de un mismo partido y la quinta parte de un cuarto período con la bandera tricolor en casa presidencial.

Usted es un comunicador y el pueblo podría comprenderlo si dijese que la pobreza de este país es considerable, que la preferencia por emigrar aumenta, los índices de violencia son alarmantes y que su incremento no contribuye a mostrar una buena imagen para la inversión extranjera. Que lo que crece son las remesas familiares, las importaciones, el consumo y la deuda externa; no así la productividad, las exportaciones, la innovación y la capacitación extensiva del recurso abundante.

El país tiene sus limitaciones naturales y adquiridas. Su pequeñez territorial, su misma densidad poblacional, sus orígenes, su cultura, su creatividad positiva y negativa, su ubicación en una de las zonas tercermundistas, su dependencia comercial y financiera de un país, son todas herencias o enfermedades congénitas. Hay que resaltar esas limitaciones no para conmiserarse, sino para una comprensión ciudadana de la necesidad de un pacto social que dé pauta a un proyecto nación, que rompa la rutina de supuestos proyectos de gobierno o estrategias aisladas sin procesos de seguimiento.

El país también ha adquirido debilidades en el pasado reciente, que no son sus errores, pero que sí serán obstáculos en su período gubernamental. Se identifican con altos déficit: comercial, gubernamental, de ahorro privado y la hoy en día compartida y alta deuda privada y pública; desequilibrios financieros que lo obligan a agotar su nivel de gestión, persuasión y de consenso para incrementar nueva inversión (no venta de acciones), que asegure un crecimiento productivo emergente. Si en el mediano plazo se mantiene una pretensión de desarrollo como visión país, se hace absolutamente necesario en los cuatro años restantes incrementar de manera gradual los niveles promedios educativos, mejorar los sistemas de salud y las condiciones habitacionales de la mayoría de la población.

Señor Presidente, una vez más su buena voluntad y deseo expreso de viabilizar la sociedad salvadoreña, en el sentido integral de la palabra, lo comprometen con una efectiva capacidad para gobernar, a incursionar más allá de preservar un modelo neoliberal. Lo obligan a acciones concretas con propósitos u objetivos específicos, como son el logro de un equilibrio presupuestario (pacto fiscal), una seguridad ciudadana, una seguridad jurídica y el incremento constante de la asignación presupuestaria para educación, para generar un entorno propicio para un auténtico proyecto de nación, fundamentado en una mayor productividad cimentada en audaces programas empresariales de competitividad que reviertan la dependencia, de la actual de transferencias del exterior hacia una básicamente del ingreso interno y complementariamente externo, para procurar empleo, pagar la deuda del país y asegurar calidad de vida a toda la población.


*Colaborador de El Diario de Hoy y vicerrector de Investigación y Proyección Social de la UTEC.



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