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Comentario de la semana
Violencia, sufrimiento y esperanza

Con fe, esperanza y ayuda especializada, podremos como país combatir más eficazmente el flagelo en el que se encuentra un porcentaje tan significativo de nuestra población. ¡Así sea!.

Publicada 25 de junio 2005, El Diario de Hoy

Eduardo Torres*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Alejandro Domínguez, empresario de Nuevo Laredo, México, presidía la Cámara de Comercio de esa ciudad y, con sana intención se convirtió en voluntario único para una chamba que nadie más buscó: Jefe de policía de la localidad, fronteriza con los Estados Unidos.

Tomó juramento a principios de mes, temprano por la tarde y, al anochecer de ese mismo día, justo antes de subir a su automóvil tras finalizar la jornada laboral, tres camionetas 4x4, de color oscuro, le bloquearon el paso, disparándole con rifles de asalto. Le impactaron entre 30 a 40 balazos.

Nuevo Laredo, informa la prensa internacional, se ha convertido en frente de la sangrienta batalla entre cárteles de la droga: El del Golfo y el de Juárez. Otras versiones periodísticas, empero, indican que los enfrentados serían los cárteles de la “Alianza para la costa del Pacífico”, con sede en Sinaloa, y el del “Golfo”, cuya estructura se encuentra en Matamoros.

El punto es que hay una carnicería en marcha en al menos tres estados mexicanos, fronterizos con los Estados Unidos. Obvio resultado de la guerra por “comercializar” la droga hacia el otro lado del Río Grande.

Ya un poco más cerca de nosotros, en la vecina Guatemala, el ciudadano Presidente de ese país, Óscar Berger, admitió —también este mes— de manera pública, la “colombianización” de su país: léase la guerra de las drogas. Y en lo que a El Salvador respecta, muchos detalles han salido a la luz pública desde Washington, en el juicio contra un ex diputado, contra quien atestigua su ex lanchero.

Vaya faena tienen ante sí las autoridades, de un problema que se internacionaliza más y más con la prostitución de autoridades policiales y/o judiciales, como informa de México la prensa internacional.

El ángulo, sin embargo, que quien esto escribe desea enfatizar en estas líneas, es el del pavoroso sufrimiento interno, sostenido en el tiempo, que con las adicciones golpea sin misericordia a los hogares.

Porque si bien es cierto que hay imágenes aterradoras de la indiscriminada violencia ejecutada por rivalidades entre narcotraficantes, también es cierto que las adicciones están a la orden del día.

Al interior del hogar, donde hay drogadicción o problemas serios de alcohol, las familias se vuelven disfuncionales, con el respectivo daño emocional que ello provoca en el núcleo familiar más íntimo.

En El Salvador, estadísticamente hablando, según el estudio 2004 de Fundasalva —de amplia muestra a nivel nacional—, patrocinado por la Embajada de los Estados Unidos, existían hace un año 130,000 personas con adicción a las drogas, con necesidad de tratamiento. De ellas, 20,000 son menores de edad. Además, hay 500,000 personas con serios problemas de alcohol.

En términos puramente estadísticos, hablar de 630,000 personas, resultado de la suma de 130,000 con problemas de droga más 500,000 con serios problemas de alcohol, permiten afirmar que en uno de cada dos hogares en El Salvador hay un problema de adicción en su seno. Y pensar que en muchísimos casos, por desconocimiento, desesperación o negación, lejos de ayudar al ser querido, lo ignoramos y/o excluimos, reprochándole su conducta.

Conducta que, por las razones que sean, en la mayoría de casos, algo al menos hemos tenido que ver los padres, afectando tanto a nuestros hijos como a nosotros mismos. Continuamente, lo que un adicto a manera consciente o inconsciente pide es ayuda para salir adelante, lo cual implica desde ayuda en comunidad terapéutica, en hogares como el “Jaime Hill”, de Fundasalva, o los Hogares Crea, hasta cortar moldes familiares, trasladados muchas veces de generación en generación.

Tan aterradores se muestran los números de adicciones en los estudios, que como dijo alguien por ahí hace unos meses, la problemática es tan seria que, en el juego de imágenes, querer erradicar la drogadicción sería en este momento como querer detener un tsunami con las palmas de las manos. Debido a que la capacidad estatal, privada y eminentemente humanitaria se encuentra en su totalidad rebasada.

La buena noticia es que existe la posibilidad de ayudar a quienes desean salir de la esclavitud —del horror— de las adicciones a las drogas y el alcohol. Y que con un mayor esfuerzo de coordinación, puede ampliarse, de forma significativa la capacidad de atención.

Ojalá que el segundo estudio anual consecutivo que presentará Fundasalva durante la próxima semana coadyuve a la formación de políticas públicas que permitan tratar a muchísimas más personas de las que ahora se atienden. Con fe, esperanza y ayuda especializada, podremos como país combatir más eficazmente el flagelo en el que se encuentra un porcentaje tan significativo de nuestra población.

¡Así sea!
*Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista de El Diario de Hoy.


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