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Robos “hormiga” golpean a los negocios en el país

Sin denuncias. Casi nunca son investigados, por ser considerados delitos de bagatela o de poca monta. Los supermercados son los más afectados.


Publicada 21 de junio 2005 , El Diario de Hoy

Hurto. La amplitud de los establecimientos de alimentación es aprovechada por los rateros para robar productos como licores. Foto: EDH

Jaime García
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com


Se llevan desde dulces hasta una mudada de ropa y son conocidos como los ladrones de bagatela, que usualmente operan en comercios en los que la mercadería está expuesta en estantería.

Los más afectados son los grandes supermercados y las ferreterías, aunque no registran pérdidas considerables anualmente.

Entre los investigadores particulares, este tipo de hurto es denominado “hormiga”, ya que se produce poco a poco y en pequeñas cantidades, por lo que es considerado como una falta por la justicia penal.

Los dueños de los supermercados también afrontan otro tipo de desvalijamiento y consiste en que muchos clientes consumen bebidas u otros comestibles y al llegar a la caja desechan los envases y no pagan el producto.

La Policía no reporta capturas por estos hechos ya que advierte que los que pillan a este tipo de rateros son los mismos vigilantes de los negocios.

En un supermercado situado al oriente de San Salvador, uno de sus encargados que no se identificó, detalló que el caso más reciente es el de una mujer adulta que en compañía de una niña intentaba llevarse sin pagar ropa interior valorada en 80 dólares.

“Lo que hacemos usualmente es tomarle una fotografía para tenerla como registro y se deja ir a los ladrones”, dijo el declarante.

En muchos establecimientos afectados por este tipo de robos menores, mantienen un mural con fotografías de los clientes que fueron sorprendidos llevándose mercadería.

En las instantáneas, colocadas bajo el título “no gratas en este establecimiento” aparecen sujetos solos, parejas de mujeres, tríos y hasta grupos de cuatro con una diversidad de productos. “Algunas fotos ya son viejas porque lo que pretendemos es mandar una advertencia a los clientes”, dice el ejecutivo.

Una de las encargadas de un supermercado ubicado camino a Santa Tecla, detalló que en ese negocio han sido sorprendidas personas que llevaban desde cremas hasta productos más grandes, pero que ninguno fue puesto a disposición de las autoridades. “Es sorprendente cómo hace esta gente para intentar llevarse las cosas sin pagar”, dijo la ejecutiva, que no se identificó.

Resaltó que el personal de seguridad sabe perfectamente cuáles clientes llegan para robar. “Se conocen por sus actitudes”, dice.

Wilfredo Abelenda, jefe de la Delegación Centro de la PNC, dice que no reportan casos de personas que les hayan sido entregadas bajo custodia por robar bagatela.


“Llevaban ropa bajo la ropa”

Este es el relato de una ex dependienta de un comercio capitalino sobre los hurtos.

“Después de trabajar durante nueve temporadas navideñas en una cadena de tiendas que distribuye jeans, me acostumbré a ver a clientes que robaban prendas utilizando toda suerte de argucias.

Durante una de esas temporadas, una señora de 40 años fue sorprendida por el vigilante cuando intentaba salir sin pagar un trajecito para niño que lo había refundido en su cartera.

La encargada de la tienda la amenazó con denunciarla con la Policía, por lo que la mujer sacó de la cartera el traje y lo tiró al suelo, empujó al vigilante y salió corriendo.

En otra ocasión, un hombre llegó a la tienda y me pidió que le enseñara un pantalón ajustado.

Pensé que su pedido era raro porque usaba un pantalón flojo.

Me pidió varios hasta que me hizo perder la cuenta de los que le había dado. Repentinamente salió y, con síntomas de molestia, dijo que ninguno satisfacía sus gustos.
En un instante pude ver que llevaba un pantalón de la tienda debajo del suyo.

Entre todos los empleados lo obligamos a entrar al vestidor y a despojarse de la prenda. Enojado y con aires de indignación lanzó maldiciones antes de emprender la huida.

En otra temporada, una mujer regordeta que llevaba un delantal, no pudo ocultar que entre sus piernas llevaba una blusa y al dar el paso decisivo entre la tienda y la calle se le cayó el objeto robado. Avergonzada, aseguró que la cancelaría y tiró varios billetes en el mostrador y, sin esperar su cambio, se marchó.

Así, durante una y otra temporada, he aprendido a conocer el nerviosismo y las palabras de los que han robado.

Debo confesar que en muchas otras ocasiones me di cuenta del robo hasta que abrí el vestidor y descubrí algún gancho sin la prenda tirado en el suelo y sin rastros del ladrón. La prenda robada tuve que pagarla con mi trabajo”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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