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Guerra entre capos al estilo de la mafia

Peligrosidad. Autoridades estadounidenses y mexicanas sospechan que la fuerza policial está plagada por la corrupción de los cárteles de la droga, que se diputan territorios


Publicada 21 de junio 2005, El Diario de Hoy


Una de las tantas víctimas. Un jefe policial fue asesinado recientemente de unos 40 disparos el mismo día en que asumió el cargo. Foto: EdhThe New YorkTimes

Jay Root
LAREDO, Texas
El Diario de Hoy

internacionales@elsalvador.com

— Durante años, se ha promovido a estas ciudades gemelas de mucho movimiento como los dos Laredos. Ahora, mientras la violencia relacionada con las drogas se derrama al otro lado del río Bravo y los turistas corren a ponerse a salvo, los funcionarios del lado estadounidense desearían que su lema pegajoso no fuera tan cierto.

El mismo día de la semana pasada en el que mataron a balazos al jefe de la policía de Nuevo Laredo, México, tras haber estado sólo seis horas en el empleo, altos funcionarios están relacionando dos asesinatos al estilo del hampa en Laredo con la violencia cada vez mayor entre dos cárteles del narcotráfico de guerra en Nuevo Laredo.

El miércoles por la noche, los agentes federales mexicanos seguían patrullando las calles de la ciudad tras haber detenido a cientos de policías municipales por presuntos vínculos con los narcotraficantes.

“Nací y crecí en Laredo”, comentó Rick Flores, alguacil del condado de Webb, quien patrulla 80 millas de territorio a lo largo del río Bravo. “Nunca antes en mi vida había visto nada como esto”.

Incluso la alcaldesa de Laredo, Betty Flores (ningún parentesco entre los dos) está a punto de tocar el botón para casos de pánico.

Con la policía local en máxima alerta, sostiene que la situación está fuera de control y está solicitando al gobernador Rick Perry ayuda financiera para combatir el crimen que viene del otro lado de la frontera y está llegando a su ciudad de 375 habitantes.

La alcaldesa Flores quiere ayuda estatal para comprar equipo de comunicaciones y helicópteros que ayuden a atrapar sospechosos.

Kathy Walt, portavoz de Perry, manifestó que se está acelerando la solicitud de Laredo de una subvención de 1.2 millones de dólares para adquirir equipo de comunicaciones.

También expresó que el miércoles, Perry pidió al Departamento de Seguridad Pública de Texas que “prosiguiera a incrementar la presencia de agentes estatales” en Laredo.
“Van a tener sus propios helicópteros”, manifestó Walt.

La alcaldesa mencionó varios incidentes indirectamente relacionados a la violencia. En un caso reciente, la policía mexicana persiguió a un sospechoso dentro de las instalaciones fronterizas estadounidenses en Laredo.

Más preocupantes para las autoridades de Laredo son los dos asesinatos estilo hampa que ocurrieron el mismo día en que el jefe de la policía de Nuevo Laredo, Alejandro Domínguez, fue acribillado con docenas de balas al otro lado de la frontera.

Líderes

Al jefe lo mataron unas cuantas horas después de haber asumido un cargo que nadie más quiso.

Ambos homicidios del lado estadounidense ocurrieron a plena luz del día del 8 de junio, y tanto los sospechosos como las víctimas tenían vínculos con el narcotráfico, afirmaron funcionarios.

En uno de los incidentes, a un sujeto de 24 años, quien llevaba una credencial de la policía municipal de Nuevo Laredo, le dispararon repetidas veces en una intersección de Laredo, informó el vocero de la policía de esa ciudad, Juan Rivera.

En otro incidente, un hombre de 29 años, con lo que Rivera llamó “antecedentes extensos de narcotráfico y violencia”, fue a una distribuidora Mercedes Benz a recoger su coche. Recibió una llamada telefónica en la distribuidora y le manifestaron que alguien lo quería ver afuera.

Cuando salió, dos criminales lo mataron a tiros y se fueron en un coche. El carro fue recuperado, pero la policía todavía está buscando a los asesinos.

La policía local detalló cautelosamente que los vínculos con el narcotráfico mexicano no son definitivos, pero no pueden ser descartados. Otras personas en Laredo sostienen que es tiempo de reconocer que la violencia, como una enfermedad contagiosa, no se detiene en la frontera ni sólo se aplica a las personas que viven en México.

En lo que se considera producto de la violencia relacionada al narcotráfico, han secuestrado a 37 ciudadanos estadounidenses en Nuevo Laredo desde agosto. Trece siguen desaparecidos y dos están muertos, según la oficina de la FBI en San Antonio.

Ha empeorado tanto la situación que el Departamento de Estado estadounidense emitió en abril una alerta de viaje en la que advierte de un “deterioro en la seguridad pública” a lo largo de la frontera.

Lo que exacerba la violencia que se está propagando es la guerra sangrienta entre dos cárteles de la droga, la alianza de la costa del Pacífico con sede en Sinaloa y el Cártel del Golfo con sede en Matamoros.

Funcionarios federales dicen que la guerra comenzó después de que el narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán escapó de la prisión hace cuatro años. En los últimos meses, sus esfuerzos por hacerse con el control del centro de transporte del sur de Texas, quitándoselo al Cártel del Golfo, ha generado un estallido de violencia relacionada a las drogas en México, donde han asesinado a más de 500 personas este año, según informes publicados. La mayoría de las muertes ha ocurrido en los estados mexicanos que tienen frontera con Texas.

Tan sólo en Nuevo Laredo, han matado a más de 60 personas, incluidas dos más en la madrugada del martes de la semana pasada, aun cuando los oficiales federales patrullaban la ciudad de más de 500,000 habitantes en un intento por restaurar el orden.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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