|
Bülent
Aras*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Muchos factores contribuyeron a las objeciones francesas y holandesas
a la propuesta de Constitución de la UE. Un factor que usualmente
no se expresaes el temor a la adhesión de Turquía
a la Unión. Sin embargo, el impulso hacia esa adhesión ya
ha transformado a Turquía.
A fin de preparar su adhesión a la UE, Turquía ha emprendido
reformas legales, políticas y económicas amplias y serias.
Los burócratas, políticos y ciudadanos turcos se unieron
para cumplir con los criterios de Copenhague, para la membresía
en la UE y toleraron el dolor de los programas de ajuste estructural dirigidos
por el FMI. El proceso de adhesión que se avecina será aún
más doloroso, pero los turcos están firmemente resueltos
a encarar este desafío.
La transformación de Turquía ya dio fin al aparato de seguridad
de Estado tipo Guerra Fría, que gobernó el país durante
medio siglo, y cambió el marco de la política interna y
exterior.
Con la modernización y democratización interna, los políticos
turcos obtuvieron confianza en sus capacidades para aplicar una política
regional exitosa. Como resultado, los líderes turcos ahora están
dispuestos a seguir una diplomacia activa en el Medio Oriente en un esfuerzo
por minimizar problemas con los países vecinos.
El hecho de que Turquía esté surgiendo como modelo a seguir
para aquellos que buscan reformas y la modernización en todo el
Medio Oriente es de la mayor importancia. Esta influencia no implica una
relación hegemónica, más bien señala un camino
alternativo para la reforma y el desarrollo económico que otros
países primordialmente musulmanes podrían seguir.
A la UE se le asocia con la paz, la democracia y el desarrollo económico,
mientras que el Medio Oriente se caracteriza por la inestabilidad, el
autoritarismo y el atraso económico. El proceso de reformas de
Turquía muestra que éste no es un destino inevitable para
los países de la región.
En este sentido, Siria e Irán aprecian el proceso para la membresía
de Turquía. Consideran que una Turquía europea es una oportunidad
para desarrollar sus propias relaciones con la UE. Turquía también
demuestra que el supuesto conflicto entre democracia y seguridad y,
de hecho, entre la democracia y el Islam se puede conciliar. Otros
estados musulmanes parecen comprender eso: hace poco se eligió
por primera vez y por voto mayoritario a un turco para ser secretario
general de la Organización de Países Islámicos.
La otra contribución importante de Turquía proviene de la
participación diplomática constructiva en la región.
El Gobierno turco ha adoptado un papel activo como promotor de la paz
y ha reconfigurado su política sobre varios problemas regionales.
Por ejemplo, el Primer Ministro turco, Tayyip Erdogan, rompió las
tradiciones al demostrar una actitud crítica hacia las posturas
más duras de Israel en los territorios ocupados, y lo hizo sin
romper las relaciones diplomáticas con Israel.
Durante una visita del ministro de Relaciones Exteriores de Turquía,
Abdullah Gul, a Is- rael a principios de enero, hubo discusiones serias
sobre la posibilidad de que Turquía asumiera un papel de mediación
entre Israel y los palestinos y en futuras pláticas entre Siria
e Israel.
Turquía, por supuesto, no se unió a las fuerzas de ocupación
encabezadas por los Estados Unidos en Iraq, pero ha hecho grandes esfuerzos
para movilizar el apoyo regional para un Estado iraquí estable.
De hecho, los encargados del diseño de política turcos han
reunido constantemente a los países vecinos de Iraq para celebrar
discusiones sobre el futuro de la región. El Consejo de Seguridad
de las Naciones Unidas ha tomado en serio esas reuniones y ha solicitado
mayor cooperación regional sobre la cuestión de Iraq.
La participación constructiva de Turquía con la Unión
Europea crea un sentimiento de confianza en Occidente al menos entre
los líderes occidentales, si no todavía entre el público
en general para sus iniciativas regionales. Con todo, Turquía
también está logrando mantener la misma distancia entre
la Unión Europea y Estados Unidos. Por ejemplo, la política
turca hacia Iraq y Palestina es más cercana a la de la UE, pero
sigue una línea similar a la de los Estados Unidos en los Balcanes
y Chipre.
En la historia reciente, varios poderes regionales el Irán
del Sha y el Egipto de Nasser han surgido en el Medio Oriente. La
llegada de Turquía como poder regional es distinta, porque sus
estructuras democráticas la hacen un pacificador activo, no el
déspota local.
Éste es un papel tanto necesario como promisorio, ya que la región
necesita una fuerza dinámica local que presione por las reformas,
el cambio y la paz. La experiencia de Turquía muestra que la verdadera
seguridad de la región exige estabilidad interna y paz social.
Con suerte, este modelo se podrá exportar a todo el mundo musulmán.
Copyright: Project Syndicate.
*Profesor de relaciones internacionales en la Universidad Fatih de Estambul.
Email: abulent@fatih.edu.tr.

|