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| Relajados. José Pekerman y los seleccionados
argentinos confían en la historia para el juego de hoy contra
Alemania. Los teutones llevan cinco años sin ganarle a un campeón
mundial. Foto: EDH |
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Todavía hay más turistas que aficionados en las calles
de la bellísima Núremberg, pero el ambiente futbolístico
de a poco se empieza a palpar en los bares y los mercados.
La gente ya habla del partido, opina, debate. Y al margen de que las conclusiones
son muy distintas, el punto en común de todos es que hoy tienen
que ganar, sea como sea, a Argentina.
El orgullo de la selección teutona está herido, en la era
Klinsmann han perdido un solo juego, pero la mayoría de las victorias
ha sido contra rivales descafeinados, de esas que no se celebran con demasiado
entusiasmo.
Hay un dato estadístico que condena a Alemania: hace cinco años
que no le puede ganar a una de las seis selecciones que han sido campeonas
del mundo. La última vez, que coincidió con el adiós
del estadio de Wembley, venció por 1-0 a Inglaterra, en 2000.
En ese sentido, Argentina no es el mejor rival, ya que en los enfrentamientos
directos le lleva ventaja. De las 15 veces que se enfrentaron, siete fueron
para los gauchos, con cinco victorias teutonas y tres empates. La última
vez fue este año, en Dusseldorf, cuando igualaron 2-2, con dos
goles de Hernán Crespo.
A los alemanes les basta el empate para ganar su grupo, pero desde los
periódicos y las radios les han metido presión para que
no sólo salgan a ganar, sino que ganen. Y, si se puede, que convenzan,
algo que no hicieron en el 4-3 con Australia ni mucho menos en el 3-0
con Túnez.
Pero la expectativa está a tal punto que no quedan entradas para
el juego en el Frankstadion y muchos bares y pubs de la ciudad han puesto
rótulos para ver el encuentro en pantalla gigante, con ofertas
de cerveza incluida.
Hay un detalle que nadie tenía en cuenta: se suponía que
el que obtuviera el primer del Grupo A enfrentaría el rival más
débil del B, que ahora todo hace pensar que será Brasil,
que cayó sorpresivamente ante México.
El problema de ganar
Por lo tanto, el premio (o castigo, depende de cómo se lo mire)
para el ganador será medirse ante el campeón mundial en
semifinales. También eso es una cuestión de orgullo.
Lo explica Orsis, un inmigrante que llegó desde Bangladesh hace
21 años y ya se siente más alemán que Beckenbauer.
Si es Brasil, que sea
Le tendremos que ganar, ¿o acaso
no le ganaron los mexicanos?, contó el hombre, quien se gana
la vida en una panadería.
En el búnker argentino, el pensamiento es similar al del panadero.
Y si bien es imposible empezar a hacer cuentas, es obvio que si pudieran
evitarían chocar contra Brasil, pero nadie se atreve a confesarlo
abiertamente. Nuestra meta es ganar el grupo. No andamos eligiendo
rivales, aseguró Juan Pablo Sorín, capitán
argentino.
Javier Zanetti se puso diplomático: Es mentira que dependan
sólo de Ballack, tienen muchas otras variantes.
Si dependieran de Ballack, Alemania estaría en problemas, ya que
el volante del Bayern Múnich es uno de los tres jugadores locales
amonestados los otros son Robert Huth y Bastian Schweinsteiger
y de recibir otra se quedaría afuera de la semifinal.
La práctica de ayer la dirigió Joachim Loew, el colaborador
que siempre está al lado del entrenador y al que las malas lenguas
dicen que es el verdadero técnico, que Klinsmann y Bierhoff sólo
ponen la cara, ya que ninguno de los dos tienen la experiencia ni el conocimiento
necesario para el cargo. Eso sí, son rubios, altos, elegantes y
famosos, y eso cuenta para la imagen
La novedad más importante del equipo de Loew perdón,
de Klismann es que volverá a cambiar de portero. No será
ni Oliver Kahn ni Jens Lehmann. Ahora será el turno de Timo Hildebrend,
del Stuttgart, quien hoy tendrá la oportunidad de mostrar sus condiciones.
Por el lado argentino no vislumbran grandes cambios y todo hace pensar
que ingresarían casi los mismos 11 que iniciaron ante Australia.

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