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Don José Adrián Guillén
Dignifica labor

Ciudad Delgado. Huérfano desde que nació, don Chepito ha dedicado toda su vida a recoger lo que otros tiran. Con las ganancias obtenidas por la venta de chatarra, espera algún día comprarse una casa. Muchos lo admiran.


Publicada 19 de junio 2005, El Diario de Hoy

“En 1997, hicimos un trato para conseguir empleo a los pepenadores que trabajaban en el botadero de Nejapa. De ese programa se quedaron tres, incluyendo a don Chepito”
Arnulfo Remberto Elías Cruz Administrador del mercado.

Eugenia Velásquez
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com


Sí. “Una vida solitaria... tal vez”, pero el optimismo que muestra José Adrián Guillén ha sido el mejor antídoto para vivirla.

Don Chepito, como le dicen sus fieles admiradoras del mercado municipal de Ciudad Delgado, ha sabido ganarse el respeto y cariño de todos los que le conocen, no sólo por sus canas, sino con dedicación a su trabajo.

Ese mismo sentimiento que nunca recibió ni de una madre ni de un padre, pero que tampoco objeta como una razón para no ser feliz.

Ha pasado tanto tiempo recogiendo uno de los graves problemas que aqueja a los salvadoreños, como lo es la basura, que ya ni recuerda cuántos años tiene.

Aún duda al decir que es de 1934, del “14 de junio para ser exactos”. El no haber recibido obsequios ese día tampoco le quita el sueño, ya que dormir no es de sus tareas favoritas.

Es oriundo de Santa Ana, ciudad en la que permaneció un tiempo, en la Casa Nacional del Niño, ya que su madre murió cuando apenas tenía unos días de nacido.

“Papá no conocí”, expresa, pero afirma que la falta de apoyo paterno no lo hizo caer en los vicios.

Al contrario, dice que su entereza para trabajar, aun a sus 71 años, es producto de su buen vivir.

Hijos tampoco tiene. Sólo un antiguo romance con una mujer chapina cuando residió en Guatemala, a sus 18 años, y con la que nunca pudo concretar una relación, porque el permiso de turista se le venció.

El brillo que asoma en sus ojos, rodeados de espesas cejas y una dentadura impecable al hablar del tema, lo delata.

Respeto. No es un hombre dado a las bromas, pero sí goza de la estima de las comerciantes del mercado municipal de Ciudad Delgado. Asea cuatro veces al día. Foto EDH

En tono bajo dice que después de un tiempo la fue a buscar, pero que ya no encontró ni la casa.

Con sexto grado de escolaridad, las oportunidades le fueron escasas. Pero, don Chepito expresa que haberse dedicado a vender chatarra por toda la capital, le ha sido de provecho.

Hasta hace unos ocho años que la Alcaldía de Ciudad Delgado le abrió las puertas como empleado del departamento de limpieza.

De su labor, ni el administrador del mercado municipal ni las vendedoras tienen queja alguna. Los elogios por su buen desempeño no se hacen esperar.

“Ése viejito sí que vale la pena”. “Mantiene bien limpio”. “Yo si fuera alcalde, a todos los quitara y sólo a él lo dejara”. “Él rinde como cualquier otro empleado que tenemos o mejor que ellos”, son algunos de los comentarios que se escuchan.

Don Chepito disfruta tanto su trabajo, que, además del horario normal de limpieza diurno, su mayor satisfacción es asear los corredores del centro de abastos, desde las seis y media de la tarde hasta las diez de la noche.

Esto, con el objetivo de que cuando las señoras lleguen por la mañana encuentren un lugar placentero para realizar sus labores.

Para dormir ocupa el rincón de un pequeño cuarto de mesón, ya que el resto sirve como depósito de una montaña de cosas que algunos botaron y que él recicla para venderlos después.

Así se ha ganado la vida durante muchos años. Labor de la que no se avergüenza, porque dice que le deja buenos dividendos.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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