 |
En 1997, hicimos un trato para conseguir
empleo a los pepenadores que trabajaban en el botadero de Nejapa.
De ese programa se quedaron tres, incluyendo a don Chepito
Arnulfo Remberto Elías Cruz Administrador del mercado. |
Eugenia Velásquez
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
Sí. Una vida solitaria... tal vez, pero el optimismo
que muestra José Adrián Guillén ha sido el mejor
antídoto para vivirla.
Don Chepito, como le dicen sus fieles admiradoras del mercado municipal
de Ciudad Delgado, ha sabido ganarse el respeto y cariño de todos
los que le conocen, no sólo por sus canas, sino con dedicación
a su trabajo.
Ese mismo sentimiento que nunca recibió ni de una madre ni de un
padre, pero que tampoco objeta como una razón para no ser feliz.
Ha pasado tanto tiempo recogiendo uno de los graves problemas que aqueja
a los salvadoreños, como lo es la basura, que ya ni recuerda cuántos
años tiene.
Aún duda al decir que es de 1934, del 14 de junio para ser
exactos. El no haber recibido obsequios ese día tampoco le
quita el sueño, ya que dormir no es de sus tareas favoritas.
Es oriundo de Santa Ana, ciudad en la que permaneció un tiempo,
en la Casa Nacional del Niño, ya que su madre murió cuando
apenas tenía unos días de nacido.
Papá no conocí, expresa, pero afirma que la
falta de apoyo paterno no lo hizo caer en los vicios.
Al contrario, dice que su entereza para trabajar, aun a sus 71 años,
es producto de su buen vivir.
Hijos tampoco tiene. Sólo un antiguo romance con una mujer chapina
cuando residió en Guatemala, a sus 18 años, y con la que
nunca pudo concretar una relación, porque el permiso de turista
se le venció.
El brillo que asoma en sus ojos, rodeados de espesas cejas y una dentadura
impecable al hablar del tema, lo delata.
 |
| Respeto. No es un hombre dado a las bromas, pero
sí goza de la estima de las comerciantes del mercado municipal
de Ciudad Delgado. Asea cuatro veces al día. Foto
EDH |
En tono bajo dice que después de un tiempo la fue a buscar, pero
que ya no encontró ni la casa.
Con sexto grado de escolaridad, las oportunidades le fueron escasas. Pero,
don Chepito expresa que haberse dedicado a vender chatarra por toda la
capital, le ha sido de provecho.
Hasta hace unos ocho años que la Alcaldía de Ciudad Delgado
le abrió las puertas como empleado del departamento de limpieza.
De su labor, ni el administrador del mercado municipal ni las vendedoras
tienen queja alguna. Los elogios por su buen desempeño no se hacen
esperar.
Ése viejito sí que vale la pena. Mantiene
bien limpio. Yo si fuera alcalde, a todos los quitara y sólo
a él lo dejara. Él rinde como cualquier otro
empleado que tenemos o mejor que ellos, son algunos de los comentarios
que se escuchan.
Don Chepito disfruta tanto su trabajo, que, además del horario
normal de limpieza diurno, su mayor satisfacción es asear los corredores
del centro de abastos, desde las seis y media de la tarde hasta las diez
de la noche.
Esto, con el objetivo de que cuando las señoras lleguen por la
mañana encuentren un lugar placentero para realizar sus labores.
Para dormir ocupa el rincón de un pequeño cuarto de mesón,
ya que el resto sirve como depósito de una montaña de cosas
que algunos botaron y que él recicla para venderlos después.
Así se ha ganado la vida durante muchos años. Labor de la
que no se avergüenza, porque dice que le deja buenos dividendos.

|