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Schafik del espacio
El controvertido diputado del FMLN no tenía
un muñequito preferido; a mí me
gustaba verlos a todos. Con más de 70 años de
vida, Handal recuerda que quien más sobresalía en
su época era Buck Rogers, porque hacía viajes espaciales
y en ese tiempo no se había lanzado un satélite fuera
de la Tierra.
Por eso tuvo una gran incidencia en mi persona, no el personaje,
sino todo el concepto del espacio. No había televisión,
así que leía las caricaturas que salían en
los periódicos los domingos. El ortodoxo se jacta de
haber llegado de niño a lugares aún no
descubiertos, gracias al poder de su imaginación.
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Gustavo Rico Baños
gustavorico@elsalvador.com
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Con las leyendas se descubrieron muchos héroes y se desarrolló
la imaginación.
Esos cuentos del pasado fueron transmitiéndose de generación
en generación y, poco a poco, la verdad cedió el paso a
la irrealidad.
Y aunque Pink Floyd aseguró en una canción que el
niño creció y sus sueños se fueron, esos personajes
siguen estando entre muchos conocidos.
No hay niños sin héroes, tampoco adultos. Figuras del ámbito
político y social de El Salvador aún recuerdan los días
en que soñaban pasar de un edificio a otro colgado de una tela
de araña.
O andar por los aires, como Mauricio Ferrer, director del Coen, que añoraba
tener los mismos poderes de Superman. ¡Qué chivo ha
de ser volar!, confesó.
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Carlos de acero
Rivas Zamora, el alcalde de San Salvador, soñaba con poder
visualizar lo que ocurría a largas distancias, detrás
de las paredes y con un soplido darle vuelta a las cosas. Él
quería los mismos dones de Superman. Para mí,
era fascinante que un hombre sencillo y en la sencillez de un reportero
se convirtiera luego en una persona que estaba dispuesta a salvar
el mundo.
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Cada uno eligió a su ídolo de acuerdo con su vestimentas,
las moralejas, por ser choyado, por estar de moda, por sus
poderes... por su físico.
Así, Beatrice de Carrillo, Procuradora de Derechos Humanos, se
inclinó por el hombre de acero, porque era guapísimo,
era la perfección del hombre ideal con el que una mujer pueda soñar.
Ileana Rogel, hoy diputada independiente, y su ex compañera de
fracción Celina de Monterrosa también idealizaron una versión
masculina.
A la primera le gustaba Popeye, por su destreza para defenderse y la forma
en que comía las espinacas.
La segunda, en cambio, tenía en su mente clavado el nombre de Robin
Hood. Ayudaba a la gente que lo necesitaba.
Eso era lo que más le gustaba de quien robaba a los ricos para
dárselo a los pobres.
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La
maravillosa Darlyn meza
Cuando
era pequeña, la ministra
de Educación se entretenía con la Mujer Maravilla;
aunque confiesa que Los Ángeles de Charlie y Los Picapiedra
han sido lo máximo. Lo que más le llamaba
la atención de la chica que viajaba en un avión
invisible es el equilibrio que tenía entre su feminidad,
la fuerza y la agilidad para combatir a los malos. Ella
siempre andaba bien arreglada y bien vestida, y así destruía
a los enemigos.
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SuperOtto
El ministro de la Defensa, Otto
Romero, lo confiesa con palabras sencillas: Los que estamos
en los 50 años vivimos con Superman (...), porque su poder
era imbatible. El funcionario está de acuerdo con que
los niños (como le pasó a sus hijos con He Man) se
reflejen en los superhéroes e intenten imitarlos, pues la
mayoría tiene valores y principios sólidos y notables.
Además resalta, infunden el sentimiento de perfección,
que es una utopía, pero es bueno tenerlo a veces. A
medida que se hace viejo, uno se da cuenta que no lo va a llegar
a ser nunca.
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Spider...
dAubuisson
Al diputado de ARENA lo que más le gusta del Hombre Araña
es que, a pesar de ser un superhéroe, sufría como
cualquier mortal. Parece que entre más bien hace, le
va más mal. Batman no estaba en su lista de preferidos,
cuando era pequeño, pues sus acciones eran movidas por la
venganza. El niño se identifica con el héroe
por atracción, por tratar de ser
como la persona que admira, que sobresale, resaltó.
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Capitán
González
Su puesto tiene el mismo fin que el de su ídolo de fantasía:
luchar por las personas inocentes. El subdirector de la PNC, Pedro
González, admiraba al Capitán América, porque
salvaba a los niños, mujeres y hombres que estaban en riesgo.
El policía reconoce que también le gustaba el traje
que usaba, hecho con los colores rojo, azul y blanco. Yo de
niño estaba muy identificado con él (...) Todos quieren
ser el superhéroe, porque todos lo admiran.
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