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Super héroes entre nosotros

No importa la edad, el cargo o el lugar donde uno esté, los paladines de la infancia están cerca

Publicada 11 de junio 2005, El Diario de Hoy

Schafik del espacio
El controvertido diputado del FMLN no tenía un “muñequito” preferido; “a mí me gustaba verlos a todos”. Con más de 70 años de vida, Handal recuerda que quien más sobresalía en su época era Buck Rogers, porque hacía viajes espaciales y en ese tiempo no se había lanzado un satélite fuera de la Tierra.
“Por eso tuvo una gran incidencia en mi persona, no el personaje, sino todo el concepto del espacio. No había televisión, así que leía las caricaturas que salían en los periódicos los domingos”. El ortodoxo se jacta de haber llegado —de niño— a lugares aún no descubiertos, gracias al poder de su imaginación.

Gustavo Rico Baños
gustavorico@elsalvador.com
El Diario de Hoy

vida@elsalvador.com


Con las leyendas se descubrieron muchos héroes y se desarrolló la imaginación.

Esos cuentos del pasado fueron transmitiéndose de generación en generación y, poco a poco, la verdad cedió el paso a la irrealidad.

Y aunque Pink Floyd aseguró en una canción que “el niño creció y sus sueños se fueron”, esos personajes siguen estando entre muchos conocidos.

No hay niños sin héroes, tampoco adultos. Figuras del ámbito político y social de El Salvador aún recuerdan los días en que soñaban pasar de un edificio a otro colgado de una tela de araña.

O andar por los aires, como Mauricio Ferrer, director del Coen, que añoraba tener los mismos poderes de Superman. “¡Qué chivo ha de ser volar!”, confesó.

Carlos de acero
Rivas Zamora, el alcalde de San Salvador, soñaba con poder visualizar lo que ocurría a largas distancias, detrás de las paredes y con un soplido darle vuelta a las cosas. Él quería los mismos dones de Superman. “Para mí, era fascinante que un hombre sencillo y en la sencillez de un reportero se convirtiera luego en una persona que estaba dispuesta a salvar el mundo”.

Cada uno eligió a su ídolo de acuerdo con su vestimentas, las moralejas, por ser “choyado”, por estar de moda, por sus poderes... por su físico.

Así, Beatrice de Carrillo, Procuradora de Derechos Humanos, se inclinó por el hombre de acero, “porque era guapísimo, era la perfección del hombre ideal con el que una mujer pueda soñar”.

Ileana Rogel, hoy diputada independiente, y su ex compañera de fracción Celina de Monterrosa también idealizaron una versión masculina.

A la primera le gustaba Popeye, por su destreza para defenderse y la forma en que comía las espinacas.

La segunda, en cambio, tenía en su mente clavado el nombre de Robin Hood. “Ayudaba a la gente que lo necesitaba”.

Eso era lo que más le gustaba de quien robaba a los ricos para dárselo a los pobres.

 

La maravillosa Darlyn meza
Cuando era pequeña, la ministra
de Educación se entretenía con la Mujer Maravilla; aunque confiesa que Los Ángeles de Charlie y Los Picapiedra “han sido lo máximo”. Lo que más le llamaba la atención de la chica que viajaba en un avión invisible es el equilibrio que tenía entre su feminidad, la fuerza y la agilidad para combatir a los malos. “Ella siempre andaba bien arreglada y bien vestida, y así destruía a los enemigos”.

SuperOtto
El ministro de la Defensa, Otto
Romero, lo confiesa con palabras sencillas: “Los que estamos en los 50 años vivimos con Superman (...), porque su poder era imbatible”. El funcionario está de acuerdo con que los niños (como le pasó a sus hijos con He Man) se reflejen en los superhéroes e intenten imitarlos, pues la mayoría tiene valores y principios sólidos y notables. Además —resalta—, infunden el sentimiento de perfección, “que es una utopía, pero es bueno tenerlo a veces. A medida que se hace viejo, uno se da cuenta que no lo va a llegar a ser nunca”.
Spider... d’Aubuisson
Al diputado de ARENA lo que más le gusta del Hombre Araña es que, a pesar de ser un superhéroe, sufría como cualquier mortal. “Parece que entre más bien hace, le va más mal”. Batman no estaba en su lista de preferidos, cuando era pequeño, pues sus acciones eran movidas por la venganza. “El niño se identifica con el héroe por atracción, por tratar de ser
como la persona que admira, que sobresale”, resaltó.
Capitán González
Su puesto tiene el mismo fin que el de su ídolo de fantasía: luchar por las personas inocentes. El subdirector de la PNC, Pedro González, admiraba al Capitán América, porque salvaba a los niños, mujeres y hombres que estaban en riesgo. El policía reconoce que también le gustaba el traje que usaba, hecho con los colores rojo, azul y blanco. “Yo de niño estaba muy identificado con él (...) Todos quieren ser el superhéroe, porque todos lo admiran”.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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