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El Salvador al ritmo de 2x4

Atrás quedaron la academia, la ópera y el pop. En junio de 2005, la Orquesta Juvenil hará Arder Troya con su tango sinfónico.

Publicada 10 de junio 2005, El Diario de Hoy

Rosemarié Mixco
El Diario de Hoy

rmixco@elsalvador.com


Tango a secas. La segunda propuesta musical de la Sinfónica Juvenil remontará vuelos hacia los arrabales bonaerenses, para hacer sonar ese erótico compás argentino.

Los aprendices salvadoreños unirán sus talentos a los de la tanguera Lina Avellaneda y el bandoneonista Pablo Mainetti, que arribarán desde Sudamérica para unirse a la sensual noche.

Junto a ellos, el pianista Mario Morales continuará haciendo gala de sus dotes de músico.

Todos, en una producción concebida por el también argentino Alejo Campos, quien durante su primera visita al país nos abrió las puertas de los suburbios de Buenos Aires, para entrar y conocer más de ese 2X4 que enloquece a miles.

El tango nació a fines del siglo pasado, en las barriadas de la capital donde vivían los orilleros, sobre lo que hoy es la Avenida Corrientes y la peatonal Florida, en Argentina; en las entrañas de los arrabales, sumergido en el criollismo resentido que contrastaba con el romanticismo del interior del país.

El género creció en medio de un ambiente acalorado, propio de la metamorfosis provocada por la inmigración y el progreso.

La mezcla de los migrantes y gauchos desempleados que llegaban a Buenos Aires tras dejar el ejército hizo del baile un producto cultural único en el mundo, capaz de resaltar todas las características de los habitantes.

De manera paralela surgió la milonga. Aunque en ocasiones ambos ritmos se complementan, son muy diferentes. “En un principio, la música del tango se relacionó con los burdeles, y la milonga fue siempre más representativa del barrio”, aclaró Campos, el gestor artístico.

Romántica y sensual

Hay quienes aseguran que la danza como tal nació en los conventillos del suburbio rechazado por la clase privilegiada, la cual es seducida por su magia hasta 1910.

Otros alegan que su origen está en los lupanares de 1880-1890, con cierta influencia del apache francés.

Lo cierto es que surge como una danza romántica y sensual, que aunque es completamente machista no significa que promulgue el egoísmo.

Es realmente un trabajo en equipo. El hombre es quien lleva el mando, quien decide los pasos y figuras a hacer. La mujer responde a su compañero en aras de la armonía, respeto y prolijidad.

Un personaje característico del tango y del arrabal es el guapo o compadrito, un profesional del barullo educado en cualquier esquina que se especializa en la intimidación, y cuya eterna compañera es la representante femenina de la vida fácil o ligera.

El hombre orillero (los individuos marginales) y de pobre vida crea, sin saberlo, una religión con sus mitos y mártires, fundada en el coraje y la cobardía, hasta crear su propia forma de expresión: el lunfardo.

Esta jerga nace al mismo tiempo que la melodía que inmortalizó a Carlos Gardel, y procrea todo un repertorio de términos que alimentan el tango canción.

Su instrumental primitivo, explica Alejo, son las orquestas integradas por guitarra, piano, flauta y violín.

En el camino se sumaron el contrabajo y el bandoneón, siendo este último instrumento de origen alemán el que imprimió esa personalidad única al tango del Siglo XX.

Para el espectáculo que la Sinfónica Juvenil ofrecerá, será el virtuoso Mainetti quien hará sonar el alma del bandoneón.

La voz de Avellaneda transportará al público a los arrabales y los artistas nacionales despertarán las emociones más profundas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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