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El
Diario de Hoy
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Los totalitarismos terminan por resquebrajarse y morir,
como sucedió con la Unión Soviética, está
pasando con China y en gran medida ocurre en el FMLN. El esquema se viene
agotando desde antes de la firma de los acuerdos de paz; se
puso en evidencia con la temprana retirada de tres de las cinco bandas
que en sus orígenes constituyeron el FMLN y luego con las sucesivas
purgas de sus cabecillas. Inclusive se llegó al punto en que el
gran purgador está siendo purgado.
Es evidente que mantener la unidad y la disciplina era más fácil
cuando hacían la guerra al país que después de acordada
la paz, aunque para los comunistas la paz es seguir con la guerra
por otras veredas.
En los campamentos y en medio de un operativo, la crispación general
cohesiona; al que se rebela lo disciplinan o lo ejecutan. Pero ahora no
pueden andar metiéndole tiros en la nuca a sus propios compinches,
a los compañeros que fueron camaradas.
Los ejecutan de manera simbólica calumniándolos, cubriéndolos
de oprobio, tachándolos de vendidos y de traidores, dejándolos
fuera de las prebendas y los empleos que controlan.
Es natural que al llenarse la boca con democracia, concertación,
diálogo, elecciones internas, fraternidad,
etc., muchos de los conmilitones se la iban a creer. De allí las
trifulcas a sillazos, las insultadas, las mutuas acusaciones, las mortales
rivalidades y por último las expulsiones.
Cuando el gran cavernícola anunció su retirada si perdía,
brotaron por doquier los aspirantes a ascensos e inclusive a su puesto;
de esa cosecha sólo queda Óscar. Comunistas de toda
la vida como se confesó el alcalde, no salían de su
asombro cuando los purgaron. Otros con plenas credenciales revolucionarias
(matando vacas, asaltando, etc.) terminaron igual, aunque el recuerdo
de Roque y de Mélida debe consolarlos.
Salen unos y llega el CDU
Pero no hay nada de extraño en el asunto. Una agrupación
medularmente amoral, donde son características negativas las que
mantienen la cohesión, tarde o temprano se derrumba. Lo primero,
que al no existir principios de conducta ni haber una doctrina clara,
cada miembro se cree en posesión de la verdad absoluta, lo que
le lleva al choque abierto o disimulado con el resto. Lo segundo, que
no hay compromiso permanente, y por tanto tampoco lealtades; uno de los
primeros en abandonar al gran purgador es su segundo; es parte del folclor
marítimo que los roedores abandonan el barco a las primeras señales
de peligro.
Es también obvio que las depuraciones no pueden seguir sin que
al final no quede nada, fuera del famoso voto duro que es
más bien el voto confundido, el voto de los que creen
en pajaritos preñados y en el reparto de bienes ajenos. Como advirtió
Lincoln, no se puede engañar a toda la gente todo el tiempo; el
tráfico de ilusiones llega a su propio final, como nadie hoy en
día se unta aceite de culebra.
En esta truculenta comedia resaltan dos hechos: el primero, como figuras
históricas del Frente, entre ellos muchos diputados,
renuncian y denuncian; lo segundo, como los partidos independientes
estilo CDU proclaman su alianza con los comunistas para las próximas
elecciones. No les asquea ir de la mano con los purgadores porque son
la misma cosa.

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