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Luis Mario Rodríguez R.*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
El 31 de mayo finalicé el primer año como funcionario del
equipo de Gobierno del Presidente Saca, participando en un interesante
encuentro organizado por un periódico electrónico, cuyo
tema a discutir fue el estado del debate político en El Salvador,
y los participantes, connotados políticos y periodistas: Sigfrido
Reyes, Ana Guadalupe Martínez, Marco Funes y Narciso Castillo.
Debo reconocer que este interesante esfuerzo está marcando un nuevo
estilo que permite un sano ejercicio democrático en el que podemos
confrontar distintos puntos de vista sobre la realidad política,
económica y social de nuestro país.
Los temas que surgieron durante el debate fueron realmente de lo más
diverso. El Foro de Concertación Económica y Social, la
débil institucionalidad existente en El Salvador, el papel de una
verdadera izquierda, la necesidad de nuevas fuerzas políticas,
la derecha de hoy y la tan discutida alternabilidad en el
poder. No faltaron los momentos tensos, sobre todo aquellos en los que,
sin censura alguna, cada uno de los participantes nos referimos a los
temas en una forma abierta y clara.
Cabe destacar que los protagonistas no éramos los más afines
respecto de nuestras ideas políticas. Un miembro activo del FMLN,
personaje que tiene a su cargo las comunicaciones del partido de izquierda;
una ex militante del Frente, hábil negociadora durante los Acuerdos
de Paz, que durante la administración del Presidente Calderón
Sol fundó un nuevo partido, considerándose por esta acción
como alguien que traicionó los ideales de la ex guerrilla; el hombre
que dirige los destinos de la organización que aglutina a los alcaldes
del país, miembro activo del PCN; el comunicador chileno, crítico,
conocedor de la historia pre y post conflicto armado, y finalmente este
servidor, creyente de la libre empresa y actual servidor público.
Pero perdón, ¿por qué la cúpula empresarial
en El Salvador abortó el proyecto del Foro Económico y Social
surgido de los Acuerdos de Paz?; con esta pregunta, el secretario
de comunicaciones del Frente lanzaba una primera interrogante interrumpiendo
mi exposición sobre la experiencia de concertación en España.
Al finalizar mi reflexión, con la cual intenté responder
a esa pregunta, Sigfrido agregaba: Es que te provoqué
.
Mi lectura al final del debate fue que esa expresión marcó
el hilo conductor de las siguientes intervenciones.
Precisamente nos encontrábamos en un espacio donde debíamos
procurar alejarnos del debate político, muchas veces estéril
y partidista, para acercarnos a uno con características más
democráticas: franco, sin punzadas políticas, sin ironías,
con un halo de sinceridad, transparencia y madurez. Difícil, pero
creo que al final lo logramos.
Sobre la izquierda, el ambiente se prestó para reflexionar profundamente
acerca del papel que están cumpliendo otros líderes que
ya hemos citado en este espacio de opinión, me refiero a los presidentes
Lula y Lagos, de Brasil y Chile, respectivamente. Nada menos días
atrás, el embajador de Brasil en El Salvador me hacía un
símil con un partido de fútbol, afirmando que los políticos
deben ser como los jugadores, avanzar cuando se pueda y detenerse para
hacer algún movimiento que llama la atención de los aficionados,
para luego seguir adelante con el propósito de llegar a la meta.
No podemos quedarnos haciendo jugadas en un mismo lugar, eso impide continuar
hacia la consecución de un objetivo común. Así, la
izquierda se ha quedado haciendo el papel del no permanente
sin avanzar, sin marcar la agenda para trazar una visión de país.
Luego pasamos a la alternabilidad en el poder, tema en el que uno de los
participantes sabiamente afirmó que antes de existir en el país,
la alternabilidad debe darse en los partidos políticos.
En clara alusión al FMLN, se ahondó en la idea de la renovación
permanente en los partidos políticos. Sólo así puede
existir realmente una alternativa que sin dar un giro de timón,
matice pero no retroceda en el camino y logros obtenidos a lo largo de
los últimos quince años.
Se habló de la nueva derecha, la que está convencida de
que deben existir otras fuerzas políticas democráticas,
abiertas al diálogo y que, al llegar al poder, continúen
por la senda del desarrollo; esa derecha que no teme reconocer que existen
abusos en el mercado, para lo cual hay que corregir el sistema desde
el sistema; la derecha que ha sabido renovarse elección tras
elección, buscando nuevos líderes que respondan a la realidad
que la coyuntura histórica demanda. Finalmente se habló
de la institucionalidad, de lo mucho que falta por hacer y del impacto
positivo que tendrá el día que realmente todos cumplamos
con la ley y respetemos el Estado de Derecho.
Creo que fue un buen debate y tengo mis propias conclusiones. Primero,
que esta clase de espacios son importantes, porque enaltecen y allanan
el camino hacia la democracia plena, aquella en que se respetan las opiniones
del contrario, se reconocen los aciertos y se debate con ideas.
Segundo, que no basta con que los espacios existan, sino que es necesario
que los actores políticos estemos presentes en ellos. Debemos afrontar
la política con la política misma, y eso sólo lo
podemos hacer los que estamos inmersos en dicha actividad. Todos coincidimos
que es difícil encontrar participantes que quieran y puedan debatir
y defender sus ideas, reconociendo la razón en el adversario cuando
éste la tenga.
Tercero, que a El Salvador le hacen falta nuevos protagonistas para una
nueva historia política. Por lo menos la derecha ha hecho un esfuerzo,
considerable diría yo, para presentar políticos frescos,
renovados, alejados de aquellas escenas de la década de los ochenta.
Es difícil creer que los que ahora legislan y que otrora empuñaron
un arma, quieren realmente la gobernabilidad para este país. Ahí
radica uno de nuestros grandes problemas. No ha existido espacio en la
izquierda para esos nuevos líderes, que piensen en la patria y
que no añoren las montañas; que reconozcan los triunfos
de sus opositores y que critiquen proponiendo a la vez soluciones.
Y, finalmente, cuarto, no hemos podido encontrar el suficiente clima
de confianza para sentarnos a conversar sobre lo que el país
necesita; todo lo que el otro hace no es más que para perjudicarme
políticamente; todo lo bueno que yo hago no debe nunca compartirse
con el adversario político, aunque éste haya contribuido
a lograrlo. Ésa es la visión de la mayoría de nuestros
políticos. Vemos los debates no como el medio para encontrar acuerdos,
sino como el espacio donde debo aniquilar al otro. Es que te provoqué
.
*Secretario de Asuntos Legislativos y Jurídicos de la Presidencia
de la República. Columnista de El Diario de Hoy.

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