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| Perfil. Los niños de entre 9 y 10 años
son emigrantes potenciales. A esta edad suelen viajar con sus padres
y llegan por tierra a EE.UU. Foto EDH |
Texto: Leyre Ventas/Fotografía:
Óscar Payés
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
En la única escuela del pueblo, el Complejo Educativo Intipucá,
dos alumnas de bachillerato se prueban bisutería recién
llegada de los Estados Unidos.
Doralicia, secretaria de dirección desde hace cuatro años,
vende las tobilleras de plata a dos dólares, mientras explica:
Las trajo una profesora que va seguido, porque tiene visa.
Una estancia más allá, el director Alberto González
comenta el ejemplo nocivo que un docente que viaje al Norte con frecuencia
puede representar para el alumnado: Potencian la imagen fantasiosa
que los niños tienen de ese país.
En ese sentido, también resultan perjudiciales los alumnos que
piden permiso a mitad de año lectivo para pasar dos meses de vacaciones
en los Estados Unidos.
Desestabilizan el ritmo de los compañeros. Me voy a
viajar, dicen y el resto se hace su película, explica
González.
El comentario es parte de una crítica global. El director se explaya
sobre el lado oscuro de la emigración: Esta realidad ha mejorado
las infraestructuras del pueblo, pero en el aspecto familiar, educativo
y moral ha afectado.
Se refiere así a la desintegración familiar, a la falta
de control sobre el dinero que manejan los jóvenes cuyos padres
están en el norte no saben si los gastan en comer o
en drogas, al escaso interés por aprender. Pareciera
que la educación no es una vía de desarrollo, sólo
las remesas, se queja.
Como consecuencia de ello, interpreta González que sólo
tres de los 28 alumnos egresados en 2004 hayan optado por la universidad.
Además, 69 alumnos dejaron de estudiar ese mismo año, por
diversas razones, entre las cuales se cuenta la emigración.
Viaje ilegal
El perfil del alumno emigrante es doble. Los más jóvenes
cuentan con 9 ó 10 años, y suelen viajar con sus padres
de manera ilegal. Silvia Araceli Torres es maestra de tercer grado lo
suelen cursar niños del margen de edad mencionado, y en lo
que va de año se le han ido tres. Uno se me fue la semana
pasada, y los compañeros quedaron tristes, porque saben que hará
el viaje en malas condiciones, comenta.
En cierta forma, la profesora defiende la decisión. Pero impone
sus condiciones: Yo sé que EE.UU. les puede dar todo: estudios,
computadora...pero si a los 18 los van a mandar a trabajar, mejor que
se queden.
A trabajar. A eso se fue a Washington el mejor amigo de Manuel Larios,
estudiante de segundo de bachillerato. Es el segundo perfil del alumno
emigrante.
Gerson, el compadre de Manuel, resultó uno de los dos alumnos de
bachillerato que se fueron de ilegales en 2004. Los otros dos que emigraron
tenían visa.
Heydy Peña, compañera de los emigrantes, tiene otras aspiraciones:
graduarse y estudiar comunicación en la universidad. Es la
única forma de sacar el país adelante, formándose
y quedándose para aportar lo que uno ha aprendido, razona.
Pero iniciar la hazaña en Intipucá parece difícil.
Heydy ve muchas trabas: el bachillerato es único, en contaduría,
la Casa de la Cultura permanece cerrada desde su inauguraciónel
pasado 3 de marzo, custodiando los libros que los alumnos podrían
aprovechar... En la alcaldía explicaron la razón: la presidenta
de dicho espacio, Yamileth Arias, pidió permiso para viajar a los
Estados Unidos. No se sabe cuándo regresará,
informa la secretaria municipal, Gregoria Escobar de Peña.
Intento de retener
Una iniciativa del Banco Multisectorial de Inversiones (BMI) pretende
responder a los jóvenes que prefieren seguir formándose
a emigrar. Se llama Profies, lleva tres años en marcha y se trata
de créditos para estudiar carreras técnicas, universitarias
o maestrías. De los casi 30 graduados el año pasado
en el complejo educativo, financiamos al 30%, explica José
Roberto Pineda, el encargado del plan.
Curiosamente, Pineda, de 21 años, es bachiller y su familia lo
reclama desde los EE.UU. Él necesita tiempo: Quiero ir a
ese país legal, explica.

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