elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Entre emigrar y seguir estudiando

Otras aspiraciones. Aunque persiste la fantasía de la vida en EE.UU., muchos alumnos prefieren seguir formándose a emigrar.


Publicada 7 de junio 2005 , El Diario de Hoy

Perfil. Los niños de entre 9 y 10 años son emigrantes potenciales. A esta edad suelen viajar con sus padres y llegan por tierra a EE.UU. Foto EDH

Texto: Leyre Ventas/Fotografía: Óscar Payés
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com


En la única escuela del pueblo, el Complejo Educativo Intipucá, dos alumnas de bachillerato se prueban bisutería recién llegada de los Estados Unidos.

Doralicia, secretaria de dirección desde hace cuatro años, vende las tobilleras de plata a dos dólares, mientras explica: “Las trajo una profesora que va seguido, porque tiene visa”.

Una estancia más allá, el director Alberto González comenta el ejemplo nocivo que un docente que viaje al Norte con frecuencia puede representar para el alumnado: “Potencian la imagen fantasiosa que los niños tienen de ese país”.

En ese sentido, también resultan perjudiciales los alumnos que piden permiso a mitad de año lectivo para pasar dos meses de vacaciones en los Estados Unidos.

Desestabilizan el ritmo de los compañeros. “‘Me voy a viajar’, dicen y el resto se hace su película”, explica González.

El comentario es parte de una crítica global. El director se explaya sobre el lado oscuro de la emigración: “Esta realidad ha mejorado las infraestructuras del pueblo, pero en el aspecto familiar, educativo y moral ha afectado”.

Se refiere así a la desintegración familiar, a la falta de control sobre el dinero que manejan los jóvenes cuyos padres están en el norte —“no saben si los gastan en comer o en drogas”—, al escaso interés por aprender. “Pareciera que la educación no es una vía de desarrollo, sólo las remesas”, se queja.

Como consecuencia de ello, interpreta González que sólo tres de los 28 alumnos egresados en 2004 hayan optado por la universidad. Además, 69 alumnos dejaron de estudiar ese mismo año, por diversas razones, entre las cuales se cuenta la emigración.

Viaje ilegal


El perfil del alumno emigrante es doble. Los más jóvenes cuentan con 9 ó 10 años, y suelen viajar con sus padres de manera ilegal. Silvia Araceli Torres es maestra de tercer grado —lo suelen cursar niños del margen de edad mencionado—, y en lo que va de año se le han ido tres. “Uno se me fue la semana pasada, y los compañeros quedaron tristes, porque saben que hará el viaje en malas condiciones”, comenta.

En cierta forma, la profesora defiende la decisión. Pero impone sus condiciones: “Yo sé que EE.UU. les puede dar todo: estudios, computadora...pero si a los 18 los van a mandar a trabajar, mejor que se queden”.

A trabajar. A eso se fue a Washington el mejor amigo de Manuel Larios, estudiante de segundo de bachillerato. Es el segundo perfil del alumno emigrante.

Gerson, el compadre de Manuel, resultó uno de los dos alumnos de bachillerato que se fueron de ilegales en 2004. Los otros dos que emigraron tenían visa.

Heydy Peña, compañera de los emigrantes, tiene otras aspiraciones: graduarse y estudiar comunicación en la universidad. “Es la única forma de sacar el país adelante, formándose y quedándose para aportar lo que uno ha aprendido”, razona.

Pero iniciar la hazaña en Intipucá parece difícil. Heydy ve muchas trabas: el bachillerato es único, en contaduría, la Casa de la Cultura permanece cerrada desde su inauguración—el pasado 3 de marzo—, custodiando los libros que los alumnos podrían aprovechar... En la alcaldía explicaron la razón: la presidenta de dicho espacio, Yamileth Arias, pidió permiso para viajar a los Estados Unidos. “No se sabe cuándo regresará”, informa la secretaria municipal, Gregoria Escobar de Peña.

Intento de retener


Una iniciativa del Banco Multisectorial de Inversiones (BMI) pretende responder a los jóvenes que prefieren seguir formándose a emigrar. Se llama Profies, lleva tres años en marcha y se trata de créditos para estudiar carreras técnicas, universitarias o maestrías. “De los casi 30 graduados el año pasado en el complejo educativo, financiamos al 30%”, explica José Roberto Pineda, el encargado del plan.

Curiosamente, Pineda, de 21 años, es bachiller y su familia lo reclama desde los EE.UU. Él necesita tiempo: “Quiero ir a ese país legal”, explica.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


elsalvador.com WWW