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Maestros de nuestras voces

Cuatro profesores de canto con su enseñanza han descubierto a artistas nacionales. La satisfacción para ellos es ver a sus discípulos triunfar

Publicada 7 de junio 2005, El Diario de Hoy

Foto: EDH

Nuria Romero
nromero@elsalvador.com
El Diario de Hoy

vida@elsalvador.com


Para los profesores de canto no existe ninguna persona que no pueda cantar. “Con mucha paciencia podemos hacer que una voz desentonada se torne entonada”, aseguró Claudia Acosta, una de las maestras.

Ese es el mayor reto al cual se enfrenta cada día Acosta junto a sus colegas Elías Castillo, Julio García y Rafael Montes, para formar a grandes profesionales de la música, y así poder escuchar años más tarde de sus alumnos: “Gracias a ti descubrí mi vocación y soy lo que soy”.

Para llevar a cabo esa misión, García se basa en el sistema japonés, Canciones que construyen puentes.

“Se saca hasta lo más íntimo del ser humano para cantar. Por ejemplo del grito, ya sea cantando suave o fuerte se consigue sacarle la voz y descubrir si trae más que eso”, confiesa.

Y es que cada uno está consciente de que también necesitaron a alguien para descubrir sus talentos desde pequeños.

Foto: EDH
Todos comenzaron desde niños a cantar y a tocar algún instrumento. Algunos sobresalieron como cantantes en su época y otros todavía se abren espacios en la música.

Como maestros han formado a reconocidos artistas nacionales, actores de teatro y comunicadores.

“Es gratificante ver a una persona triunfar en el extranjero y saber que aprendieron con uno”, asegura Montes, quien no sólo les imparte sus conocimientos, sino que les busca oportunidades a través de su academia de música.

Todo el esfuerzo que realizan también los ha hecho acreedores de galardones como en el caso de Castillo quien fue nombrado Valor Cultural 2003 por Concultura.

Claudia Acosta

El amor al canto lo descubrió con su padre Leónidas Acosta, quien le enseñó a tocar piano a la edad de cuatro años. De él aprendió a hacer de cada estudiante un reto de superación personal y profesional.

Foto: EDH

Entre sus alumnos sobresale Daniela Hernández, ganadora de Código Fama; Gerardo Munguía, tercer lugar en ese concurso; las hermanas Valdés que conforman el dúo Almas Gemelas y su hija Roswita Duarte.

“Desde el primer día de clases les hago ver a los chicos que no tengo estudiantes malos, yo les exijo porque quiero que cada uno sea un pedacito de mí y deseo que sea mejor”, confiesa. Afirma que su preparación aún continúa.

“Sigo aprendiendo de mi padre y de otros músicos extranjeros desde que tengo 15 años. Cuando vienen cantantes de otros países trato de recibir clases magistrales con ellos”. A la par del canto se ha desarrollado en ballet clásico, teatro, pintura y piano.

“Todo lo he practicado, y me gusta lo que hago porque sino lo disfruto se va a convertir en trabajo”, afirma. Para cumplir con todas sus obligaciones lleva su agenda “al centavo”, puntualiza.

Elías Castillo

La iglesia católica perdió a un sacerdote, pero el ambiente artístico ganó a un profesor de canto con Elías Castillo. Mientras estuvo en el seminario aprendió a tocar piano, instrumento que más tarde fue su pieza fundamental en la enseñanza del canto.

Foto: EDH

Después de 13 años de trabajar como mecanógrafo en oficinas de gobierno se convierte en profesor de canto. En este ambiente conoce a Fernando Meléndez del Valle con quien perfecciona su técnica. “Cuando él murió, sus alumnos siguieron viniendo a clases conmigo y después se integraron otros”, expresa.

Ahora suma 20 educandos y 28 años de experiencia como docente. Afirma que muchos de los artistas de la farándula han recibido clases con él, entre ellos Roberto Reyes (Primo Chomo), Rocío Palacios, Elena Rivera y Gerardo Parker. “La mayoría que viene es por hobby porque aquí no se vive de eso”, afirma.

Por su talento ha recibido innumerables galardones entre ellos Valor Cultural 2003, en la rama de música, entregado por el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte, Concultura.

Doce años de experiencia en la música y ser joven le ayudaron a Julio García a ser seleccionado como profesor de canto en los concursos Primer Festival Juvenil de la Canción y Código Fama El Salvador.

Se inició cantando música rock a los cinco años, influenciado por su tío quien le enseñó a tocar la guitarra y a su abuelo que fue veterano de la Orquesta Sinfónica. Siete años después, cambió el rock por la opera. Género al cual se dedicaría más tarde.

Sus primeros presentaciones fueron en el colegio y con el coro de la UCA. El espíritu de enseñar su talento le nace cuando unas voluntarias japonesas le proponen estar en el Coro Nacional.

Luego de seis meses se convierte en director de coros y profesor del Cenar. Ahora comparte esas responsabilidades recibiendo clases en la Asociación Lírica Salvadoreña. “Mucha gente de la farándula se han avocado a mí. Una de las satisfacciones es encontrarlos y que me digan que gracias a mí descubrieron su vocación. Algunos siguen su preparación en el extranjero”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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