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Palabras
Friné, la musa desnuda
Friné fue una cortesana
griega de increíble belleza, a quien tomó Praxiteles como
modelo para sus estatuas de la diosa Venus.
Publicada 7 de junio 2005, El Diario de Hoy
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Carlos
Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Acusado de blasfemia, el célebre escultor la desnudó ante
el jurado para demostrar que sólo una belleza tal podría
representar a la divinidad. En ese preciso instante habría develado
la escultura de dios ante los puritanos.
Acusada de impiedad por los heliastas, la bella Friné fue absuelta
en consideración a su belleza.
El tribunal popular de Atenas se reunía en una plaza pública
vecina del Ágora. Sus miembros eran sorteados entre los ciudadanos
y recibían un sueldo de tres óbolos (pesos de la antigua
Grecia).
Dicen que la belleza está en los ojos de quien la mira. El célebre
imaginero griego pudo descubrir en la bella cortesana, la misma belleza
universal de la diosa.
Es decir, volvió diosa a Friné, coronándola con la
estrella de la deidad del amor, para el mundo antiguo.
El escultor da la suavidad de la piel al frío mármol y descubre
su belleza interior, animando a la figura inerte de su sueño de
piedra.
El mismo sueño que se convierte en divinidad, en modelo de perfección.
Así Friné, la musa desnuda, se convirtió en un sueño
de mármol y el mármol soñó ser la bella patricia.
(palabrasbalaguer@gmail.com)
DÍA A DÍA
Operativo policial
Más de seiscientas inspecciones hizo la Policía Nacional
Civil en un operativo a gran escala efectuado el miércoles, con
el objetivo de capturar prófugos, descubrir arsenales y requisar
droga.
En prácticamente todos los casos, los vecinos abrían sus
puertas, invitando a los agentes a revisar.
Es natural que la gente honrada colabore con las autoridades, pues es
ella la principal víctima de los delincuentes, narcos, violadores
y asesinos que habitan en su medio.
Los mareros cobran impuesto de guerra, extorsionan, reclutan
a los jóvenes de las colonias, violan doncellas, envician estudiantes
y matan por encargo.
En ciertas áreas, como los champeríos de las quebradas,
se refugian ladrones y sicarios sin que sea posible a la policía
mantener una vigilancia permanente.
En algunos sitios los inspectores se maravillan de que allí pueda
alguien llegar, no digamos vivir y además esconderse.

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