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Economía para todos
Bonos (U2 de día, 007 de noche)

La emisión de bonos representa una alternativa de financiamiento, que es utilizada por entidades de diversa naturaleza, que van desde estados nacionales, hasta empresas privadas.

Publicada 7 de junio 2005, El Diario de Hoy

Alejandro Alle*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Usted habrá leído la semana pasada, en la sección Negocios del diario, que “El Salvador colocó bonos por 375 millones de dólares, a un período de 30 años”. Es, por lo tanto, oportuno analizar qué son los bonos, y cuál es el objetivo que persigue una organización, al hacer una colocación de este instrumento financiero.

La emisión de bonos representa una alternativa de financiamiento, que es utilizada por entidades de diversa naturaleza, que van desde estados nacionales, hasta empresas privadas. Y si bien los préstamos bancarios siguen siendo la forma más conocida de obtener fondos, la emisión de bonos es también una práctica usual.

Un bono es simplemente un documento que certifica la existencia de una deuda, y según la noticia publicada sobre los bonos salvadoreños, la denominación más pequeña en que fueron emitidos estos documentos fue de 10 mil dólares cada uno.

Ahora bien, si se habla de una deuda, tiene que existir un deudor (la persona que debe), y un acreedor (la persona a quien se le debe). En el caso de los bonos, ¿quién es cada uno?, y ¿por qué?

El deudor es la entidad emisora del bono, que en el caso que estamos analizando, es el Estado salvadoreño. Y los acreedores son todas las personas que, en un momento determinado, sean dueñas o “tenedoras” de esos documentos.

¿Por qué el Estado salvadoreño es deudor?, porque la semana pasada, al momento de la colocación, recibió 375 millones de dólares, que deberá devolver dentro de 30 años. En la noticia decía también que la calificación recibida por los bonos fue “BB+” (suelte la botella, nadie dijo que haya que beber más…), la cual es buena para un país latinoamericano.

Ahora bien, ¿cómo se emiten los bonos? Imprimiendo papeles, y vendiéndolos. Bueno, no crea que es tan fácil, porque ya no estamos en los tiempos de Cristóbal Colón, en los cuales se conseguía oro a cambio de espejitos de colores. Al menos, eso no ocurre en los mercados financieros internacionales, en los cuales no hay ingenuos indígenas precolombinos, sino ávidos tiburones postmodernos.

Por ejemplo, el encargado de la colocación de estos bonos fue el Deutsche Bank, uno de los bancos más importantes del mundo, y no es difícil imaginar las estrictas normas y reglamentaciones internacionales que hay que cumplir antes de una emisión.

Además, por supuesto, hay que encontrar compradores interesados en los bonos (lo cual no siempre ocurre…). En síntesis, cuando una organización emite bonos, y es además exitosa en su “colocación”, no sólo recibe dinero, sino que también contrae el compromiso de devolverlo…, con intereses.

¡Ah!, hay que pagar intereses…, ¡entonces es usura! No necesariamente, porque en este mundo cruel, la única razón por la cual alguien le va a dar dinero ahora, es porque, además de querer recuperar el capital, querrá ganar intereses. Ése es justamente el negocio de los compradores de bonos.

La noticia también decía que la tasa acordada fue del 7.65%, que es algo superior a la que pagan los Bonos del Tesoro de Estados Unidos. Es que los bonos estadounidenses pagan las tasas más bajas del mundo, porque se considera que son los de menor riesgo, y que quien los compre siempre va a recuperar su dinero, y va a cobrar sus intereses, en tiempo y forma.

Los dueños o “tenedores” de bonos normalmente cobran los intereses en forma periódica, pero sólo recuperan el capital al final del período de maduración, que, tal como le comenté, para esta emisión fue estipulado en 30 años.

Entonces, ¿eso significa que quienes compraron bonos la semana pasada tendrán que esperar 30 años para recuperar su dinero? No necesariamente, porque los pueden vender en cualquier momento, a gente que quiera invertir en bonos salvadoreños. Ese mercado existe, y se llama “mercado secundario”.

Es que si ello no fuera posible, es decir, si no existiera ese “mercado secundario”, que les permite a los inversores en bonos recuperar la liquidez en prácticamente cualquier momento, no podrían hacerse emisiones de bonos a tan largo plazo, ya que ningún comprador estaría dispuesto a tomar un compromiso de semejante duración.

Eso sí, los precios a los cuales efectúan a diario las operaciones de compra-venta de bonos en los mercados secundarios tienen en cuenta muchos factores, además de la maduración y la tasa de interés indicados en los bonos. Por ejemplo, también influyen mucho las variaciones que pudiera haber en la solvencia económica de la sociedad emisora.

Lo que no puede negarse es que los bonos son muy presumidos, ya que en español adoptaron el nombre del cantante de U2, lo cual les permite, durante las horas laborales, disfrutar de un “Beautiful day” en Wall Street, tratando de venderse al mejor postor (no sea mal pensado, estoy hablando de bonos, no de algunos políticos…).

Claro que en inglés es peor, porque adoptaron el nombre del agente 007, de lo cual hacen alarde por las noches, cuando en los bares de moda de Nueva York, se presentan al estilo Sean Connery: trago largo en mano, y diciendo, “My name is Bond. James Bond”.

Hasta la próxima.

*Ingeniero. Master en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com


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