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En el mismo viaje. Susana, con su bebé, se
sentó junto a Carmen durante el regreso. Foto:
EDH
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Caso adopciones Guatemala
Alejandra Dimas/ Giovanni Lemus
Enviados especiales
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Susana estaba nerviosa, tenía reacciones encontradas. Alegre, muy
alegre, porque había vuelto a ver a su hijo Gerson Alberto, la
razón de su vida, después de ocho meses y luego de separarse
de él cuando apenas contaba con dos.
También estaba triste, incluso se le notaba cierto temor de volver
a El Salvador; en concreto, al hogar de donde salió hace más
de un año, víctima de los malos tratos de su padre y de
las humillaciones de su madre.
De repente, esta joven de 17 años echa la vista atrás. Recuerda
el cantón Portezuelo, en Santa Ana, a su amiga, cuyo nombre omite,
y al plan que fraguó junto a ella para hallar un trabajo en Guatemala.
Irse era una obsesión para ella, víctima de una familia
deshumanizada.
La ilusión por una vida mejor terminó tan pronto tocó
el suelo de ese país. Comprada, literamente, por el dueño
de un bar ubicado en la Zona 6 de la capital, fue obligada a prostituirse
durante casi medio año. Comentó que la embarazó un
novio, el mismo que hoy le niega la paternidad.
Susana quería llorar y reír al mismo tiempo mientras estrechaba
el cuerpo del bebé, como queriendo recuperar el tiempo perdido.
Un momento que empezó justo cuando trató de huir del hogar
Remar con su hijo, embelesada por las palabras de una amiga. La compañera,
según cuenta la joven, aprovechó para quitarle a su hija.
Era lo que se conoce como jaladora, un término que
se emplea para denominar a las personas que captan menores para luego
venderlos.
Varias denuncias
El abogado de Casa Alianza denunció a este periódico este
tipo de casos. La institución, que vela por las mujeres maltratadas,
contabilizó unas 80 denuncias de niños robados a sus padres
en los últimos años.
De igual forma, el Ministerio Público registra de tres a cinco
denuncias diarias, algunas relacionadas con este tipo de engaños.
Por fortuna, el bebé fue rescatado poco después y el Juzgado
Primero de la Niñez y la Adolescencia le otorgó la tutela
al hogar Los Pinos. Ayer, ese niño encontró resguardo otra
vez en los brazos de su madre, una joven que ha sufrido el abuso y maltrato,
pero que está dispuesta a borrar su pasado.
Para eso, la joven no parte de cero. La trabajadora social de Remar afirmó
que Susana aprendió corte y confección, entre otros oficios
que se enseñan a las internas del albergue.
Hoy, el deseo de la joven es continuar en un albergue similar, alejada
de la familia de la que huyó un día.
Vida de engaños y frustraciones
La joven tiene en mente quedarse en el hogar Remar, una vez el Isna resuelva
su situación.
Susana del Carmen - Gerson Alberto
Edad: 17 años.
Refugio: Vivió en el Hogar Remar; su hijo, en el Hogar Los Pinos.
Historia: Cansada de los malos tratos, la joven escapó de su casa
y llegó a Guatemala. Una amiga le engaño, trabajó
varios meses en el mundo de la prostitución. En ese país,
fruto de esa mala vida, nació su hijo Gerson. El padre nunca lo
reconoció. No quiere volver a su casa de nuevo.
Un toque de atención para Guatemala
Instituciones como Casa Alianza denunciaron la facilidad de los procesos
de adopción, algo que en su opinión lleva a situaciones
como las conocidas ventas de niños. Por si fuera poco,
y como apuntó el abogado de la institución Héctor
Dionicio, en materia penal no existen garantías para que se apliquen
los castigos correspondientes.
Susana, salvadoreña de 17 años, vivió en carne propia
las consecuencias de este tipo de redes que operan de forma organizada.
De hecho, una supuesta compañera de albergue le robó a su
hijo Gerson Alberto, el cual apareció tiempo después.
Declarado en abandono, el mismo fue trasladado a un albergue temporal,
ubicado en las afueras de Ciudad de Guatemala.
Al final, las pesquisas legales hicieron posible ese reencuentro que,
en muchos casos termina con una madre que pierde a su bebé, adoptado
por familias procedentes de otros países.
Dionicio explicó que los trámites legales de adopción
son legítimos. El problema son las argucias de las que se
valen las bandas para quedarse con los niños, indicó
el miembro de Casa Alianza.
La entidad denunció que estas organizaciones operan en pequeños
municipios de la zona fronteriza con México.

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