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Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
WASHINGTON.- Apenas han transcurrido tres minutos de nuestra conversación
telefónica y el alcalde electo de Los Ángeles quiere hablar
de una película. Tal vez no debería sorprenderme, después
de todo Antonio Villaraigosa acaba de ser elegido el nuevo líder
de la capital mundial del cine.
La película que tiene en mente no es la última de Star
Wars o un viejo éxito de Schwarzenegger, sino Crash.
La producción independiente de Paul Haggis explora las relaciones
raciales en la segunda ciudad más grande de Estados Unidos, poniendo
al espectador en la privilegiada posición de entrar en las vidas
de personas de diversas etnias y procedencias. Durante sus 100 minutos,
el espectador empieza a entender aunque no sienta empatía
las razones por las cuales sus personajes abrigan prejuicios y temores.
Villaraigosa cree que Crash nos puede ayudar, y especialmente
a los residentes de Los Ángeles, a ver nuestros puntos en común
y superar nuestros prejuicios para empezar a imaginar un futuro compartido.
Lamentablemente ese es un punto de vista que no comparten comúnmente
los políticos de hoy en día.
Como si quisieran reforzar la ansiedad estadounidense creada por los cambios
demográficos y la animosidad hacia los inmigrantes, a menudo líderes
a lo largo del país están aprobando leyes o expresando opiniones
que no contribuyen en nada a construir alianzas y generar mayor entendimiento.
El mes pasado, el Congreso aprobó y el Presidente Bush firmó
una nueva ley que le dificulta a los inmigrantes obtener licencias de
conducir. En California, el gobernador Arnold Schwarzenegger ha estado
ponderando la labor de patrullas ciudadanas en la frontera entre Estados
Unidos y México.
Villaraigosa va por otra vía, o por lo menos esa es la impresión
que da cuando se habla con él o se analiza su hazaña en
Los Ángeles. El méxico-americano de tercera generación,
que abandonó la escuela y en una época llevaba un tatuaje
que decía Born to raise hell (Nacido para armar trifulca),
ganó la alcaldía de Los Ángeles el mes pasado en
una victoria aplastante.
Su triunfo fue histórico, Villaraigosa se convirtió en el
primer alcalde latino de Los Ángeles en 133 años. Y por
encima de todo, su triunfo fue sorprendente.
Hace cuatro años, Villaraigosa aspiró al mismo cargo y perdió,
una derrota que muchos atribuyeron al ambiente de resentimiento creado
por la tremenda transformación demográfica de Los Ángeles:
los latinos pasaron de una quinta parte de la población a la mitad
en una generación. Cuatro años más tarde, la tensión
y la aprensión han empeorado.
Connie Rice, una abogada de derechos civiles, prima de la secretaria de
Estado Condoleezza Rice, anota que entre las clases bajas existe una guerra
abierta, que enfrenta a las dos minorías más grandes
de la ciudad: los afroamericanos y los latinos.
Desde la violencia racial en las escuelas y los tiroteos en las autopistas,
hasta las palabras racistas del Presidente mexicano y la decisión
de una estación local de televisión de presentar a Los Ángeles
como parte de México, el ambiente en la metrópoli había
llegado a tal punto de hostilidad que muchos políticos latinos
no se habrían postulado a la alcaldía. Aun así, Villaraigosa
lo hizo y ganó con un ventaja de 18 puntos porcentuales por encima
del alcalde James K. Hahn, quien aspiraba a la reelección.
De todos modos Villaraigosa es reacio a declarar su victoria como un hito
en la política o las relaciones raciales de Los Ángeles.
Su idea es que la fuerza de la ciudad está en su diversidad y que
una gran ciudad es una ciudad donde podemos crecer y prosperar juntos.
Los votantes de Los Ángeles lo escucharon y por ahora han decidido
darle una oportunidad a su mensaje de inclusión.
Su reto es enorme. Las demandas de empleo, vivienda a bajo costo, y una
sensación de seguridad requerirán de diestros malabarismos.
Su predecesor falló y perdió. Pero según el reverendo
Clyde W. Oden Jr., pastor principal de la iglesia Bryant Temple AME, de
Los Ángeles, Villaraigosa es lo que ningún otro alcalde
fue antes que él: multilingüe. Multilingüe
en el sentido que puede hablar con los hermanos (negros) en la calle,
al igual que con los residentes de clase media alta, con líderes
sindicales y con inmigrantes recién llegados.
Claro que es de esperarse que los líderes en gobiernos locales
puedan identificar mejor los temas que más le interesan a la gente.
Pero cuando se trata de los cambios creados por la última ola inmigrante,
la responsabilidad ha sido prácticamente de los gobiernos locales.
El gobierno federal ha estado ausente o actuado de tal manera que no hace,
sino agregar nuevas responsabilidades a dichos gobiernos.
Hacia el final de Crash, el personaje de Sandra Bullock le
confiesa desesperada a una amiga: Estoy enfadada todo el tiempo
y no sé por qué. Se siente aislada y asustada.
Estadounidenses a lo largo del país están enfadados y culpan
a la aparentemente incontrolable inundación de inmigrantes particularmente
de América Latina por quitarles sus trabajos, transformar
sus comunidades y aumentar su desconfianza.
Todo esto sucede mientras la mayoría de líderes en Washington
parece ajena a la situación, poco dispuesta a mostrar el liderazgo
necesario para afrontar el tema de frente. De esa forma dejan un vacío
que al menos Villaraigosa está tratando de llenar apelando a los
mejores instintos de los angelinos.
*Columnista del Washington Post.

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