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Desde Washington
El gran reto de un alcalde latino

Estadounidenses a lo largo del país están enfadados y culpan a la aparentemente incontrolable inundación de inmigrantes por quitarles sus trabajos, transformar sus comunidades y aumentar su desconfianza

Publicada 3 de junio 2005, El Diario de Hoy


Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


WASHINGTON.- Apenas han transcurrido tres minutos de nuestra conversación telefónica y el alcalde electo de Los Ángeles quiere hablar de una película. Tal vez no debería sorprenderme, después de todo Antonio Villaraigosa acaba de ser elegido el nuevo líder de la capital mundial del cine.

La película que tiene en mente no es la última de “Star Wars” o un viejo éxito de Schwarzenegger, sino “Crash”. La producción independiente de Paul Haggis explora las relaciones raciales en la segunda ciudad más grande de Estados Unidos, poniendo al espectador en la privilegiada posición de entrar en las vidas de personas de diversas etnias y procedencias. Durante sus 100 minutos, el espectador empieza a entender —aunque no sienta empatía— las razones por las cuales sus personajes abrigan prejuicios y temores.

Villaraigosa cree que “Crash” nos puede ayudar, y especialmente a los residentes de Los Ángeles, a ver nuestros puntos en común y superar nuestros prejuicios para empezar a imaginar un futuro compartido. Lamentablemente ese es un punto de vista que no comparten comúnmente los políticos de hoy en día.

Como si quisieran reforzar la ansiedad estadounidense creada por los cambios demográficos y la animosidad hacia los inmigrantes, a menudo líderes a lo largo del país están aprobando leyes o expresando opiniones que no contribuyen en nada a construir alianzas y generar mayor entendimiento. El mes pasado, el Congreso aprobó y el Presidente Bush firmó una nueva ley que le dificulta a los inmigrantes obtener licencias de conducir. En California, el gobernador Arnold Schwarzenegger ha estado ponderando la labor de patrullas ciudadanas en la frontera entre Estados Unidos y México.

Villaraigosa va por otra vía, o por lo menos esa es la impresión que da cuando se habla con él o se analiza su hazaña en Los Ángeles. El méxico-americano de tercera generación, que abandonó la escuela y en una época llevaba un tatuaje que decía “Born to raise hell” (Nacido para armar trifulca), ganó la alcaldía de Los Ángeles el mes pasado en una victoria aplastante.

Su triunfo fue histórico, Villaraigosa se convirtió en el primer alcalde latino de Los Ángeles en 133 años. Y por encima de todo, su triunfo fue sorprendente.

Hace cuatro años, Villaraigosa aspiró al mismo cargo y perdió, una derrota que muchos atribuyeron al ambiente de resentimiento creado por la tremenda transformación demográfica de Los Ángeles: los latinos pasaron de una quinta parte de la población a la mitad en una generación. Cuatro años más tarde, la tensión y la aprensión han empeorado.
Connie Rice, una abogada de derechos civiles, prima de la secretaria de Estado Condoleezza Rice, anota que entre las clases bajas existe una “guerra abierta”, que enfrenta a las dos minorías más grandes de la ciudad: los afroamericanos y los latinos.

Desde la violencia racial en las escuelas y los tiroteos en las autopistas, hasta las palabras racistas del Presidente mexicano y la decisión de una estación local de televisión de presentar a Los Ángeles como parte de México, el ambiente en la metrópoli había llegado a tal punto de hostilidad que muchos políticos latinos no se habrían postulado a la alcaldía. Aun así, Villaraigosa lo hizo y ganó con un ventaja de 18 puntos porcentuales por encima del alcalde James K. Hahn, quien aspiraba a la reelección.

De todos modos Villaraigosa es reacio a declarar su victoria como un hito en la política o las relaciones raciales de Los Ángeles. Su idea es que la fuerza de la ciudad está en su diversidad y que “una gran ciudad es una ciudad donde podemos crecer y prosperar juntos”. Los votantes de Los Ángeles lo escucharon y por ahora han decidido darle una oportunidad a su mensaje de inclusión.

Su reto es enorme. Las demandas de empleo, vivienda a bajo costo, y una sensación de seguridad requerirán de diestros malabarismos. Su predecesor falló y perdió. Pero según el reverendo Clyde W. Oden Jr., pastor principal de la iglesia Bryant Temple AME, de Los Ángeles, Villaraigosa es lo que ningún otro alcalde fue antes que él: “multilingüe”. Multilingüe en el sentido que puede hablar con “los hermanos (negros) en la calle”, al igual que con los residentes de clase media alta, con líderes sindicales y con inmigrantes recién llegados.

Claro que es de esperarse que los líderes en gobiernos locales puedan identificar mejor los temas que más le interesan a la gente. Pero cuando se trata de los cambios creados por la última ola inmigrante, la responsabilidad ha sido prácticamente de los gobiernos locales. El gobierno federal ha estado ausente o actuado de tal manera que no hace, sino agregar nuevas responsabilidades a dichos gobiernos.

Hacia el final de “Crash”, el personaje de Sandra Bullock le confiesa desesperada a una amiga: “Estoy enfadada todo el tiempo y no sé por qué”. Se siente aislada y asustada.

Estadounidenses a lo largo del país están enfadados y culpan a la aparentemente incontrolable inundación de inmigrantes —particularmente de América Latina— por quitarles sus trabajos, transformar sus comunidades y aumentar su desconfianza.

Todo esto sucede mientras la mayoría de líderes en Washington parece ajena a la situación, poco dispuesta a mostrar el liderazgo necesario para afrontar el tema de frente. De esa forma dejan un vacío que al menos Villaraigosa está tratando de llenar apelando a los mejores instintos de los angelinos.

*Columnista del Washington Post.


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