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| Víctima. La vida de Humberto Centeno depende
literalmente de un respirador. Foto EDH |
Margarita Sánchez
El
Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
A sus 75 años, Humberto Centeno dice que aprendió la lección.
Junto a un tanque de oxígeno, que está siempre a un lado
de su cama y que le permite seguir con vida, reflexiona acerca de las
consecuencias de un vicio, fumar, que lo llevó a quedar postrado
en un rincón de hospital.
Vivió 30 años teniendo como compañero inseparable
una caja de cigarrillos.
Hoy, le cuesta hasta hablar: hace pausas de varios segundos entre una
palabra y otra, para referirse a una adicción que empezó
cuando tenía 15 años.
Tiempo después, una cajetilla, y cuando ya tenía muy arraigado
la necesidad de nicotina, llegó a consumir hasta tres cajetillas
de cigarros al día.
La ausencia de algunos de sus dientes carcomidos por la adicción
es evidente, pero lo es aún más la insuficiencia respiratoria
que padece.
La Dra. Ana Elizabeth Albanés, coordinadora del programa de oxigenoterapia
crónica domiciliar, explicó que Humberto es uno de los casos
más dramáticos.
Él no puede estar ni un minuto sin el respirador, dijo
la especialista.
El paciente llegó al Hospital Saldaña (Neumológico)
en 2001. Desde ese momento fue necesario colocarle el aparato por el daño
que tenía en los pulmones.
Me trajo mi patrón, porque tenía una tos seca... la
de los fumadores, describió Centeno.
Si él pudiera volver el tiempo atrás, no duda en que escucharía
los consejos que le daban sus padres o los pocos amigos que tenía.
Su caso no único. Otros diez pacientes, de los 43 que forman el
grupo, están abandonados en el centro médico.
Con la triste experiencia que ha marcado su vida, quiere enviar un mensaje
a los jóvenes: ...el que te regala un cigarro, no es tu amigo.
El programa se mantiene gracias a las donaciones
El subdirector del Hospital Nacional Saldaña, Dr. Juan Ángel
Morales, explicó ayer que el centro asistencial tiene de 250 a
350 egresos de pacientes que necesitan un aparato de oxígeno para
respirar.
Por lo general, los afectados permanecen unos 40 días. No obstante,
algunos de ellos, quienes son abandonados por sus familiares, se quedan
varios años.
Morales aseguró que es más conveniente que estos pacientes
regresen a sus casas, ya que en el centro asistencial pueden ser víctimas
de infecciones nosocomiales severas.
Esto aumenta la posibilidad de mortalidad en un 70 por ciento,
explicó el galeno.
El funcionario no esconde la falta de recursos económicos que impide
la salida de estos pacientes.
Cada uno de los aparatos cuesta alrededor de los $1,200. Es por ello que
el programa funciona principalmente con base en donaciones.
La coordinadora del este proyecto, Ana Elizabeth Albanés, agregó
que cuando los pacientes no tienen familiares, se puede conseguir un respirador
y hacer las gestiones para que vaya a otras instituciones de apoyo.
El programa existe desde hace ocho años y ha funcionado principalmente
por las donaciones de personas altruistas.

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