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Un tanque de oxígeno como única compañía

En el olvido. Por la adicción al tabaco se quedó solo, en una cama de hospital y unido a un respirador para seguir con vida.

 

Publicada 2 de junio 2005, El Diario de Hoy

Víctima. La vida de Humberto Centeno depende literalmente de un respirador. Foto EDH

Margarita Sánchez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com


A sus 75 años, Humberto Centeno dice que aprendió la lección. Junto a un tanque de oxígeno, que está siempre a un lado de su cama y que le permite seguir con vida, reflexiona acerca de las consecuencias de un vicio, fumar, que lo llevó a quedar postrado en un rincón de hospital.

Vivió 30 años teniendo como compañero inseparable una caja de cigarrillos.

Hoy, le cuesta hasta hablar: hace pausas de varios segundos entre una palabra y otra, para referirse a una adicción que empezó cuando tenía 15 años.

Tiempo después, una cajetilla, y cuando ya tenía muy arraigado la necesidad de nicotina, llegó a consumir hasta tres cajetillas de cigarros al día.

La ausencia de algunos de sus dientes carcomidos por la adicción es evidente, pero lo es aún más la insuficiencia respiratoria que padece.

La Dra. Ana Elizabeth Albanés, coordinadora del programa de oxigenoterapia crónica domiciliar, explicó que Humberto es uno de los casos más dramáticos.

“Él no puede estar ni un minuto sin el respirador”, dijo la especialista.

El paciente llegó al Hospital Saldaña (Neumológico) en 2001. Desde ese momento fue necesario colocarle el aparato por el daño que tenía en los pulmones.

“Me trajo mi patrón, porque tenía una tos seca... la de los fumadores”, describió Centeno.

Si él pudiera volver el tiempo atrás, no duda en que escucharía los consejos que le daban sus padres o los pocos amigos que tenía.

Su caso no único. Otros diez pacientes, de los 43 que forman el grupo, están abandonados en el centro médico.

Con la triste experiencia que ha marcado su vida, quiere enviar un mensaje a los jóvenes: “...el que te regala un cigarro, no es tu amigo”.


El programa se mantiene gracias a las donaciones

El subdirector del Hospital Nacional Saldaña, Dr. Juan Ángel Morales, explicó ayer que el centro asistencial tiene de 250 a 350 egresos de pacientes que necesitan un aparato de oxígeno para respirar.

Por lo general, los afectados permanecen unos 40 días. No obstante, algunos de ellos, quienes son abandonados por sus familiares, se quedan varios años.

Morales aseguró que es más conveniente que estos pacientes regresen a sus casas, ya que en el centro asistencial pueden ser víctimas de infecciones nosocomiales severas.

“Esto aumenta la posibilidad de mortalidad en un 70 por ciento”, explicó el galeno.

El funcionario no esconde la falta de recursos económicos que impide la salida de estos pacientes.

Cada uno de los aparatos cuesta alrededor de los $1,200. Es por ello que el programa funciona principalmente con base en donaciones.

La coordinadora del este proyecto, Ana Elizabeth Albanés, agregó que cuando los pacientes no tienen familiares, se puede conseguir un respirador y hacer las gestiones para que vaya a otras instituciones de apoyo.

El programa existe desde hace ocho años y ha funcionado principalmente por las donaciones de personas altruistas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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