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Una extraña tranquilidad

Sobriedad. La oposición se ciñó a las reglas y no hizo nada para impedir el evento. El mandatario fue aplaudido por sus correligionarios y el gabinete. No hubo conferencia.

 

Publicada 2 de junio 2005, El Diario de Hoy

Separación. El gobernante se despide de su esposa antes de rendir el informe de labores. Foto EDH

Luis Laínez
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com


A las ocho de la mañana, el único farabundista dispuesto a participar en la misa de acción de gracias por el primer año del Presidente Saca fue el alcalde capitalino, Carlos Rivas Zamora.

Sin pensárselo mucho, dijo que llegaba, porque “era amigo” de Saca y no porque fuese el edil de San Salvador.

Saca y su esposa fueron colocados frente al altar. Desde ahí se levantó el mandatario para leer un pasaje del Libro de los Reyes.

A pesar de que era temprano, Saca sudaba copiosamente. Tres veces se limpió la frente.

Unas bancas más atrás estaba Beatrice de Carrillo, la Procuradora de Derechos Humanos que regañó al FMLN por haber apoyado incondicionalmente a Saca durante la emergencia de la tormenta Adrián.

Hotel. 8:15 a.m. Control. La policía hizo minuciosos registros a los vehículos que llegaron a las cercanías del evento.
Basílica. 8:00 a.m. “Amigo”. El alcalde capitalino, Carlos Rivas Zamora, fue el único farabundista que fue a misa.
Misa. 8:30 a.m. Calor. Durante la celebración de acción de gracias, el mandatario secó el sudor de su frente tres veces.
Corrección. 8:40 a.m. Cambios. Una trabajadora del hotel sede quita un cartel que tenía mal escrito el nombre del Presidente.

“Soy la procuradora de todos”, dijo para explicar su presencia.

La labor de Scott

A un par de kilómetros de la Basílica de Guadalupe, la actividad era distinta.

El primer diputado que se asomó al salón donde se realizaría la sesión plenaria fue el tricolor Julio Gamero.

Hizo unos cálculos y comprobó que iba a estar lo suficientemente alejado de los diputados del FMLN por si había una revuelta.

“Vengo a asegurarme de que a nosotros, los buscapleitos, nos han dejado lo suficientemente separados”, confió a una periodista, en tono divertido.

Al fondo, un grupo de burócratas desconocidos descansaba plácidamente en las butacas.
Mientras tanto, en la tarima reservada para los periodistas, Scott hacía su trabajo.

Olía todo, bajo la dirección de su amo, un policía, en busca de explosivos.

Salió al pasillo y continuó su labor. Unos pasos más allá, estaba el resto de los parlamentarios.

Habían sido invitados a reunirse en el restaurante del hotel, para degustar algunos bocadillos y prepararse para la sesión.

“¡Por si no vienen los otros, aquí estoy yo!”, llegó anunciado Nicolás García, el farabundista que fue expulsado por haber votado en favor de la emisión de bonos.

Pero se equivocó. Un buen rato después, el mismísimo Schafik Handal hacía su entrada por la puerta principal.

De inmediato, le salió al encuentro Renato Pérez, de ARENA.

Se le acercó y extendió su mano derecha. Con el índice le tocó el abdomen.

“Estás adelgazando”, le dijo a Handal. Schafik le sonrió y siguió de largo, directo al bufete.

En una mesa, apartado del resto, el jefe de los asesores técnicos, Alejandro Solano, desayunaba con un subalterno y con Mario Salamanca, magistrado del Tribunal Supremo Electoral.

Todos marcharon en procesión.

Los efemelenistas no alzaron la voz, pero tampoco aplaudieron ante el informe de Saca. Se limitaron a mostrar sus ya tradicionales carteles de protesta.

El Presidente se sorprendió cuando su esposa, Ana Ligia, fue ovacionada.

Después de 58 minutos de discurso, salió sonriente y se subió al carro. Hoy no hubo conferencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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