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Carlos
Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
La noche tenía el esplendor de las estrellas y su profundo misterio.
Mi perro azabache sólo tenía dos estrellas en la noche de
su pelambre: sus ojos verdes.
Dicen que los perros ven a los invisibles seres de otras dimensiones.
Y yo era de una perdida dimensión del amor.
Mi perro veía otros mundos, y yo veía sueños dentro
de mi mismo inmenso sueño. La importancia de ese perro de mi lejana
niñez es que estuvo junto a mí en aquella edad donde sólo
existen cosas bellas. Y la felicidad estaba desnuda y a un bajo precio.
Existían perros que miraban seres de otros mundos y niños
que miraban la otra dimensión de la ilusión.
Porque era la edad en que aún estamos desnudos de riquezas, deseos,
ambición y vanidad. Un sorbete de fresa nos hacía entonces
feliz; un beso, una caricia, una rana cantándole a la luna, una
promesa... Pero después subió el oro, el petróleo
y el precio de la felicidad.
Y mi perro dejó de ver siluetas de otros mundos y yo dejé
de ver la luna que se vistió de rana y la rana que se vistió
de luna... Tal vez dejé por un largo momento de ver mis sueños.
O fue que mi perro se convirtió al final en noche oscura.
(palabrasbalaguer@gmail.com)
DÍA A DÍA
Perfidia roja
La perfidia de la campaña roja para desacreditar la labor de prevención,
es que de estar bajo una similar amenaza en el futuro, habrá quienes
no atiendan los llamados, quedando en grave peligro.
Si muchos llegan a creer que las evacuaciones y recomendaciones son
babosadas del Gobierno, los daños serán mucho mayores
y se sufrirá un elevado número de víctimas, sobre
todo niños, ancianos y mujeres.
Pero obviamente pocas cosas alegran más a los comunistas que víctimas,
damnificados y cadáveres; por eso es que Stalin despachó
a cuarenta millones de hombres, Mao Tse-Tung a sesenta y Pol Pot a la
mitad de los camboyanos.
La misma guerra de liberación lanzada por las cinco
bandas del FMLN le costaron cuarenta y tantos mil muertos al país.
Dejar desprotegidos a los habitantes, sobre todo en las zonas de alto
riesgo como la costa y las comunidades que viven en las márgenes
de quebradas, es sentar las condiciones para la catástrofe.
Las medidas preventivas adoptadas y puestas en vigor por el Gobierno fueron
las acertadas. Se actuó con eficiencia, se hizo todo con una medida
de serenidad y en ningún momento la gente sintió que estaba
abandonada.

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