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La nota del
día
Malvadas políticas contra los jóvenes
Más de veinte mil jóvenes
han sido víctimas de la política que impone la OIT, muchachos
que en gran parte recogían dinero para sostener sus estudios el
resto del año, o dar de comer a sus familias.
Publicada 2 de junio 2005, El Diario de Hoy
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El
Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
La ofensiva contra el trabajo de los niños
sigue adelante, campaña malvada que impulsa la OIT y organizaciones
que supuestamente se ocupan de los derechos de la niñez.
Resulta ahora que cortar caña en la época de vacaciones
es una ocupación peligrosa, por lo que se debe prohibir
que participen niños menores de dieciocho años. Pretenden
que esos niños sigan en la escuela, aunque no cuenten con recursos
para hacerlo.
Hay una enorme carga de malicia en esto de la caña. Uno de los
puntos álgidos en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos,
es precisamente el tema de las exportaciones de azúcar de Centroamérica:
los cañeros del norte se oponen a abrir sus mercados en una cuantía
que sobrepase el uno por ciento de la producción total del país.
¡El uno por ciento! Marcela Sánchez, columnista del Washington
Post, dice:
Bajo los términos del acuerdo, las exportaciones de azúcar
de los países en CAFTA-DR a los Estados Unidos, aumentarán
hasta llegar apenas al uno por ciento de la producción estadounidense.
Más aún, el acuerdo incluye salvaguardas que le permitan
a Washington pagarle a proveedores extranjeros para que no exporten su
producto si la industria azucarera estadounidense se ve amenazada.
Y es precisamente la industria azucarera de Estados Unidos, nos dice Marcela,
la que está liderando la oposición al TLC con Centro-América,
temerosa de que el acuerdo represente el principio del fin de un
arreglo muy cómodo del que han disfrutado por décadas,
o sea sostenerles precios por encima de los prevalecientes en el mercado
mundial.
La ofensiva de los azucareros recurre a toda clase de armas. Una, como
lo señala Marcela, es retribuir con dinero a los políticos
a través de contribuciones a sus campañas (2.4 millones
de dólares el año pasado, más que los otros 46 sectores
agrarios del país).
La otra es presionar a las industrias que emplean azúcar, como
las bebidas, de no usar azúcar contaminada con el
trabajo de niños. De allí la vil campaña que
desarrollan en El Salvador a través de la OIT.
No hay trabajo pero hay maras
Como decimos, nada es más efectivo para golpear la competencia,
que revolver la situación laboral e impedir la formación
de mano de obra, lo que no promueve el gobierno norteamericano, sino las
organizaciones sindicales de ese país, que, a su vez, financian
a la OIT.
En Estados Unidos como en muchos países europeos, las leyes permiten
a menores de trece y catorce años trabajar bajo ciertas condiciones,
incluyendo labores estacionales como recolectar cosechas.
De dónde es que la OIT considera peligroso el corte
de caña escapa a nuestra comprensión, sobre todo tomando
en cuenta que esas labores se hacen en época de vacaciones, y las
ejecutan verdaderos ejércitos de trabajadores. Los niños
están muy bien cuidados; además si no tienen el desarrollo
físico debido, pues no cortan por el mismo hecho de que no podrían
manejar las herramientas.
Más de veinte mil jóvenes han sido víctimas de la
política que impone la OIT, muchachos que en gran parte recogían
dinero para sostener sus estudios el resto del año, o dar de comer
a sus familias. Al quitarles su trabajo, la OIT los está empujando
a la delincuencia, a caer en las maras.

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