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Alejandro
Alle*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Taco Bell es una de las cadenas de comida rápida más grandes
de los Estados Unidos, y hace pocos días fue noticia, en dicho
país, por haber llegado a un acuerdo, con un grupo sindical, que
la obligará a pagar más caros los tomates que compre para
sus restaurantes (¿¡what!?).
Suena extraño que una empresa acepte ¿voluntariamente?,
incrementar sus costos, máxime tratándose de un insumo tan
clave para ese negocio: Taco Bell compra al año, sólo en
el Estado de Florida, 10 millones de libras de tomates.
El título del artículo era "La solidaridad produce
frutos", e inducía al lector a pensar en una causa noble,
hecho que en las primeras líneas parecía confirmarse, ya
que se indicaba que "el sobreprecio que la cadena pagará por
los tomates que compre, será para beneficio de un grupo de trabajadores
muy humildes", como son los recolectores de tomates (pregunta: ¿quién
garantizará su cumplimiento?, recuerde que casi todos esos trabajadores
son ilegales
(¡ooops!)
Al leer con mayor detalle, uno se enteraba de que el acuerdo no había
sido tan voluntario como lo sugería el título, sino que
fue resultado de cuatro años de presiones en contra de Taco Bell,
por parte de un grupo sindical llamado "Coalición de trabajadores
de Immokalee", que naturalmente ahora está detrás de
nuevos objetivos: McDonald´s, Subway y Burger King.
Tan es así, que los dirigentes de la coalición sindical
declaraban en la nota, que ya han enviado cartas a estas tres empresas,
"invitándolas a seguir el ejemplo solidario" de Taco
Bell. Se imagina en qué consiste la invitación, ¿no?
¡Exactamente!, es un "recordatorio" de las huelgas de
hambre realizadas en el pasado frente a las oficinas de Taco Bell, y de
los innumerables boicots realizados en contra de sus locales de venta,
a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Y tiene una pregunta implícita:
"¿Querés que te pase lo mismo?..."
Las organizaciones que promueven este tipo de presiones y boicots, tales
como la "Coalición de trabajadores de Immokalee", cuentan
con un aliado de lujo, que es el desconocimiento que tiene la mayoría
de la población, aun en sociedades desarrolladas como la norteamericana,
acerca de cómo funciona el mercado, y de cómo se forman
los precios cuando hay libre competencia.
En efecto, esa noticia la leí el martes pasado, en el diario Herald
de Miami, mientras desayunaba en un hotel de esa ciudad. Empecé
directamente por la sección "business", porque los diarios
gringos no traen noticias de fútbol, ni siquiera en vísperas
de la final de la Champions League (¡bien igual, Crespo!, ¿el
desquite?, muy pronto, con la celeste y blanca, contra Brasil).
Pero entonces, ¿quién se beneficiará con el sobreprecio
que pagará Taco Bell? Los productores de tomates de Florida, y
nadie más.
La "Coalición de trabajadores de Immokalee" no es otra
cosa que una máscara que dichos productores utilizan, para presionar
a sus grandes clientes, las cadenas de comida rápida.
Esto es conceptualmente similar a lo que ocurre, tanto en los Estados
Unidos como en Centro América, con las empresas que no quieren
competir, oponiéndose al TLC: hacen un gran "together"
con los sindicatos, a quienes utilizan como máscaras.
¿Y los humildes trabajadores, a quienes dice defender esa coalición
sindical? Bien, gracias. Los "tomato pickers", o recolectores
de tomates (que son mayoritariamente mexicanos y centroamericanos, por
lo general indocumentados), seguirán cobrando 40 centavos de dólar,
por cada 32 libras recolectadas.
Sin dudas, eso es muy poco dinero, y todos quisiéramos que ganaran
más. Pero hay dos razones que lo impiden: su muy precaria situación
migratoria, y la muy baja productividad del trabajo que hacen.
Por ello, desgraciadamente, un "tomato picker" es muy fácil
de reemplazar, y una vez que ello ocurre, no hay sindicato ni boicot que
lo vaya a ayudar.
Veamos ahora, ¿de qué depende el precio al cual vende sus
platos un restaurante? Sea grande o pequeño, de comida rápida
o francesa, dependerá de la competencia que deba enfrentar (a mayor
competencia, tenderán a bajar los precios), del gusto de los consumidores
(a mayor popularidad y prestigio, podrán cobrar más caro),
y de los costos de sus insumos (si pagan más caros los tomates,
va a ser difícil que puedan mantener el precio de los tacos
).
Y, ¿quién come comida rápida? Entre otros, los "tomato
pickers", o sus hijos, quienes de ahora en adelante muy probablemente
tendrán que pagar más caros los burritos. ¿Los productores
de tomates y los sindicalistas?, ¡ah, no!, ellos comen juntos, en
los restaurantes franceses de Coconut Grove (¡oh, lá, láa!).
Las ganancias adicionales que obtendrán los productores, gracias
a los sobreprecios "negociados", no serán por haber servido
mejor a sus clientes ni por haber producido tomates más rojos,
sanos o grandes, sino por boicots y amenazas, canalizados a través
de sindicalistas.
¡Ah!, eso sí, la "Coalición de trabajadores de
Immokalee" asegura que los sobreprecios no se pasarán a los
consumidores (pregunta: ¿en qué se basan?, ¿saben
lo que dicen?).
Verá que la lectura que acompañó mi desayuno en América,
no incluía la "Canción lógica", de Supertramp,
sino la "cantinela ilógica", la que no resiste el menor
análisis económico, y que sin embargo es repetida una y
otra vez. Lamentablemente, siempre utilizando a la gente más necesitada
como excusa, amparándose en la demagogia, y en la generalizada
falta de entendimiento acerca de cómo funciona la economía.
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Master en Economía (ESEADE, Buenos
Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com

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