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Economía para todos
Desayuno en América (con tomates fritos)

Esto es conceptualmente similar a lo que ocurre, tanto en los Estados Unidos como en Centro América, con las empresas que no quieren competir, oponiéndose al TLC: hacen un gran "together" con los sindicatos.

Publicada 31 de mayo 2005, El Diario de Hoy

Alejandro Alle*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Taco Bell es una de las cadenas de comida rápida más grandes de los Estados Unidos, y hace pocos días fue noticia, en dicho país, por haber llegado a un acuerdo, con un grupo sindical, que la obligará a pagar más caros los tomates que compre para sus restaurantes (¿¡what!?).

Suena extraño que una empresa acepte ¿voluntariamente?, incrementar sus costos, máxime tratándose de un insumo tan clave para ese negocio: Taco Bell compra al año, sólo en el Estado de Florida, 10 millones de libras de tomates.

El título del artículo era "La solidaridad produce frutos", e inducía al lector a pensar en una causa noble, hecho que en las primeras líneas parecía confirmarse, ya que se indicaba que "el sobreprecio que la cadena pagará por los tomates que compre, será para beneficio de un grupo de trabajadores muy humildes", como son los recolectores de tomates (pregunta: ¿quién garantizará su cumplimiento?, recuerde que casi todos esos trabajadores son ilegales… (¡ooops!)

Al leer con mayor detalle, uno se enteraba de que el acuerdo no había sido tan voluntario como lo sugería el título, sino que fue resultado de cuatro años de presiones en contra de Taco Bell, por parte de un grupo sindical llamado "Coalición de trabajadores de Immokalee", que naturalmente ahora está detrás de nuevos objetivos: McDonald´s, Subway y Burger King.

Tan es así, que los dirigentes de la coalición sindical declaraban en la nota, que ya han enviado cartas a estas tres empresas, "invitándolas a seguir el ejemplo solidario" de Taco Bell. Se imagina en qué consiste la invitación, ¿no?

¡Exactamente!, es un "recordatorio" de las huelgas de hambre realizadas en el pasado frente a las oficinas de Taco Bell, y de los innumerables boicots realizados en contra de sus locales de venta, a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Y tiene una pregunta implícita:

"¿Querés que te pase lo mismo?..."

Las organizaciones que promueven este tipo de presiones y boicots, tales como la "Coalición de trabajadores de Immokalee", cuentan con un aliado de lujo, que es el desconocimiento que tiene la mayoría de la población, aun en sociedades desarrolladas como la norteamericana, acerca de cómo funciona el mercado, y de cómo se forman los precios cuando hay libre competencia.

En efecto, esa noticia la leí el martes pasado, en el diario Herald de Miami, mientras desayunaba en un hotel de esa ciudad. Empecé directamente por la sección "business", porque los diarios gringos no traen noticias de fútbol, ni siquiera en vísperas de la final de la Champions League (¡bien igual, Crespo!, ¿el desquite?, muy pronto, con la celeste y blanca, contra Brasil).

Pero entonces, ¿quién se beneficiará con el sobreprecio que pagará Taco Bell? Los productores de tomates de Florida, y nadie más.

La "Coalición de trabajadores de Immokalee" no es otra cosa que una máscara que dichos productores utilizan, para presionar a sus grandes clientes, las cadenas de comida rápida.

Esto es conceptualmente similar a lo que ocurre, tanto en los Estados Unidos como en Centro América, con las empresas que no quieren competir, oponiéndose al TLC: hacen un gran "together" con los sindicatos, a quienes utilizan como máscaras.

¿Y los humildes trabajadores, a quienes dice defender esa coalición sindical? Bien, gracias. Los "tomato pickers", o recolectores de tomates (que son mayoritariamente mexicanos y centroamericanos, por lo general indocumentados), seguirán cobrando 40 centavos de dólar, por cada 32 libras recolectadas.

Sin dudas, eso es muy poco dinero, y todos quisiéramos que ganaran más. Pero hay dos razones que lo impiden: su muy precaria situación migratoria, y la muy baja productividad del trabajo que hacen.

Por ello, desgraciadamente, un "tomato picker" es muy fácil de reemplazar, y una vez que ello ocurre, no hay sindicato ni boicot que lo vaya a ayudar.

Veamos ahora, ¿de qué depende el precio al cual vende sus platos un restaurante? Sea grande o pequeño, de comida rápida o francesa, dependerá de la competencia que deba enfrentar (a mayor competencia, tenderán a bajar los precios), del gusto de los consumidores (a mayor popularidad y prestigio, podrán cobrar más caro), y de los costos de sus insumos (si pagan más caros los tomates, va a ser difícil que puedan mantener el precio de los tacos…).

Y, ¿quién come comida rápida? Entre otros, los "tomato pickers", o sus hijos, quienes de ahora en adelante muy probablemente tendrán que pagar más caros los burritos. ¿Los productores de tomates y los sindicalistas?, ¡ah, no!, ellos comen juntos, en los restaurantes franceses de Coconut Grove (¡oh, lá, láa!).

Las ganancias adicionales que obtendrán los productores, gracias a los sobreprecios "negociados", no serán por haber servido mejor a sus clientes ni por haber producido tomates más rojos, sanos o grandes, sino por boicots y amenazas, canalizados a través de sindicalistas.

¡Ah!, eso sí, la "Coalición de trabajadores de Immokalee" asegura que los sobreprecios no se pasarán a los consumidores (pregunta: ¿en qué se basan?, ¿saben lo que dicen?).

Verá que la lectura que acompañó mi desayuno en América, no incluía la "Canción lógica", de Supertramp, sino la "cantinela ilógica", la que no resiste el menor análisis económico, y que sin embargo es repetida una y otra vez. Lamentablemente, siempre utilizando a la gente más necesitada como excusa, amparándose en la demagogia, y en la generalizada falta de entendimiento acerca de cómo funciona la economía.

Hasta la próxima.

*Ingeniero. Master en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com



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