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Nueve lagunas del país están en peligro de extinción

Situación. Procesos agroquímicos amenazan la estabilidad de estos ecosistemas. Familias viven de la pesca artesanal. Es posible salvarlos, pero se necesita una fuerte inversión


Publicada 30 de mayo 2005 , El Diario de Hoy

Los recursos se contaminan al lavar ropa. El detergente es causante de que aumenten las plantas. Foto: EDH


Lorena Baires
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com


El uso de los fertilizantes químicos en los cultivos de las cuencas de nueve lagunas del país, puede ser la causa del acelerado proceso de extinción. Esta teoría es la que maneja el Ministerio de Medio Ambiente y que ha enviado a las alcaldías involucradas.

Las lagunas en riesgo son Los Negritos, en La Unión; Alegría, en Usulután; la de Olomega, en El Carmen; El Jocotal, en El Tránsito; San Juan, en San Miguel; Las Ninfas y Verde, en Apaneca; y Las Ranas, en Juayúa.

César Funes Ábrego es el gerente de Sistemas Ambientales y Humedales del Ministerio de Medio Ambiente y argumenta que este fenómeno se conoce como eutroficación, un proceso donde se acumulan muchos nutrientes en las aguas (como sulfatos y fosfatos).

Esto se produce debido a la erosión de los suelos, las lluvias, quebradas y ríos que arrastran estas sustancias orgánicas hacia las lagunas.

Esto se crea de forma natural porque las aguas se enriquecen con los químicos que llegan hasta el espejo de agua. Cuando los vecinos cultivan en laderas y estas no cuentan con un bosque que proteja a la laguna, los daños se aceleran.

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Las condiciones de alta fertilidad provocan el crecimiento de plantas acuáticas flotantes; después aparece la vegetación sumergida (en el fondo) y por último todas las plantas emergentes como el tule y la hierba acuática.

“Las lagunas son todo, un ecosistema equilibrado. Si los fertilizantes químicos provocan el nacimiento de nuevas especies, estos son considerados exóticos, ya que no son propios del lugar.

Entonces se convierten en exterminadores y terminan por causar un desorden ecológico. Así es que muere la laguna”, explicó Ábrego.

Los que habitan cerca son afectados, porque toman agua de estos recursos para el quehacer diario.

José Luis Francia tiene 20 años de vivir frente a Las Ninfas, en Apaneca, y relata cómo era el espejo de agua hace unos años. “Ésto era bien grande y había mucha agua; el agua queda encima del zacate crecido”, manifiesta.

Los residentes creen que los terremotos agrietaron la zona y el agua se filtró hasta Los Ausoles, en Ahuachapán. La hipótesis es apoyada por Medio Ambiente.

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Hace unos años, añade Francia, una cuadrilla de la Fuerza Armada llegó para limpiar la laguna, pero fue en vano porque el agua era extremadamente helada y la zona pantanosa.

“Creo que se necesita maquinaria para remover todas las plantas que han crecido desordenadamente”, dice José Luis.

El mismo camino lleva la laguna Verde, aunque es más lento.

A diario, muchos niños juegan en las orillas de las lagunas azufradas. Beber agua de esos lugares puede ser nocivo para la salud. Foto: EDH

José Cáceres es parte de la Asociación de Desarrollo Comunal (Adesco) del caserío Palo Verde, cercano al cuerpo de agua.

El hombre indica que en 1966 la laguna se llenaba por completo. Con el paso de los años y la actividad de los hombres, el agua es menos.

En la laguna hay unas cinco bombas que extraen agua para abastecer a los caseríos y cantones aledaños.

Pero afirman que tienen un límite para la extracción.

Ambos recursos tienen una esperanza de vida, pero es necesario que la gente comprenda que los cultivos cercanos deben reducirse y que es necesaria la asesoría para mejorar estos procesos sin alterar los ecosistemas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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