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Joyas del emprendimiento

Desarrollo. Para ellas, las claves del negocio van desde el trabajo duro, mejores estándares de calidad e innovación


Publicada 23 de mayo 2005 , El Diario de Hoy

Iniciar un negocio propio requiere de mucho esfuerzo y de no desfallecer con los tropiezos Foto EDH



Adriana Reyes y Marisol Rueda
El Diario de Hoy

negocios@elsalvador.com


El ojo del buen emprendedor nunca falla, aunque el camino hacia el logro de metas no excluye retos y obstáculos a superar. Lo importante es tener la garra para no desanimarse al primer tropezón.

Un buen ejemplo de esto pueda dárnoslo la trayectoria de Elisa Tena, directora general de la empresa de multinivel Joielle.

A principios de la década de los noventa, Tena trabajaba para la Corporación Sixtar, dedicada a la fabricación de joyas de oro y plata con incrustaciones de piedras preciosas.

Un día decidió compartir con los directivos de la empresa su certeza de la gran viabilidad en esquema de ventas por multinivel. Pero, ellos no mostraron interés en ese momento.

Años después, en 1995, Elisa Tena decide independizarse y poner en práctica el comercio internacional en una agencia aduanal, durante las mañanas. El resto del día estudiaba el sistema de multinivel, y contactó gente involucrada con este modelo de ventas. Así, la emprendedora afianzó la idea de que el negocio de la joyería fina era aplicable a ese modelo.

Por azares del destino, Tena volvió a Corporación Sixtar, y esta vez presentó un proyecto bien fundamentado de ventas por multinivel para la empresa.

La buena noticia fue que la compañía ya había comenzado a desarrollar el sistema en Estados Unidos, y tenía buenos planes para Elisa Tena: el director de la corporación le anunció que Joielle, así se llamaría la empresa, daba inicio en México con ella al frente.

Nace una estrella

La emprendedora tuvo que trabajar a marchas forzadas desde principios de 2002. Tena demostró ser una muy buena vendedora, además de tener una gran capacidad para armar la empresa, lo cual consistió en: estructura de la compañía, plan de compensaciones, esquema de afiliaciones, reclutamiento de vendedores, entre otras.

El 4 de noviembre de 2002, cuando se anunció el comienzo de operaciones de Joielle, la empresa contaba con 400 vendedores; al final del mes ya sumaba 800 agentes de venta. Actualmente tiene más de 11 mil vendedores que son llamados emprendedores independientes.

Los resultados de la constancia

Durante el primer año, sus ventas superaron los 35 millones de pesos, y espera duplicar la cifra al final de 2004. Según Tena, la facturación mensual promedio ronda los 2.5 y los 3 millones de pesos.

“Estos resultados superaron nuestras expectativas”, comenta Elisa Tena, quien dice que el principal ingrediente de sus logros es la perseverancia y la fe en su proyecto.

Hoy, esta empresa cuenta con un instituto de capacitación donde la ejecutiva transmite sus experiencias personales y motiva a sus vendedores. “Es una forma de que se enamoren cada vez más de la empresa”, dice Tena.

Los inicios

Tanya Moss empezó vendiendo joyas de puerta en puerta. Once años después de aquella incursión de la empresa que lleva su nombre y cuenta con diez tiendas en todo Meexico: cinco en el Distrito Federal, dos en Cozumel y el resto en Playa del Carmen, Monterrey y Cabo San Lucas.

“Mi estrategia es atender al cliente de excelente manera, para empezar. Y que sepa que está comprando un producto para siempre, de la mejor calidad”, dice Moss, al revelar su táctica de éxito.

Aunque admite que trae la joyería en la sangre, fue hasta que realizó el intercambio académico con una institución estadounidense cuando mantuvo su primer contacto serio con el oficio. “Estudiaba la carrera de Diseño Gráfico y me fui a una Universidad en el sur de Illinois, una de las 10 especializadas en joyería, en Estados Unidos. Ahí aprendí a ser joyera”.

A su regreso a México, la emprendedora realizó sus propios diseños y se familiarizó con el mundo de la joyería: “Busqué joyeros, alguien que plasmara mis ideas, y a pesar de que sé trabajar las joyas, prefiero que alguien más las haga”.

Sus primeras creaciones las hizo en plata (años más tarde introduciría el oro) y consolidó una pequeña colección, lo que la llevó, en 1996, a dejar el diseño gráfico y profesionalizar su pequeño negocio.

Al principio no fue fácil, la joven emprendedora tuvo que tocar decenas de puertas y “darse de topes”.

“De 1993 a 1996 vendía mis piezas de casa en casa. Iba con una maletita a las tres o cuatro citas semanales que tenía con mis clientes. Empecé con conocidos y amigos, y luego ellos mismos fueron recomendándome con más gente”, recuerda Moss.

Pronto su gran habilidad para vender afloró, pues en una sola cita podía colocar de dos a cinco joyas. El precio de sus diseños, en esa época, oscilaban entre los 300 y 700 pesos y obtenía una ganancia aproximada de 300 por ciento.

El negocio fluyó y en 1996 la marca Tanya Moss abrió su primer tienda, en el pasaje Polanco.

“Fue una decisión empírica, me dio cuenta que funcionaba y me aventé a rentar un local, en el que trabajábamos sólo tres personas. Hoy somos 28 trabajadores en las tiendas, y en la oficina que montamos”.

Con una inversión inicial entorno a los 100 mil pesos, la empresa continuó agregando piezas nuevas a su colección, además de varios tipos de piedras preciosa y semi-preciosas e, incluso, la piedra volcánica como su material de trabajo.

Moss asegura que no hay día en que no invente un nuevo diseño para su catálogo de joyas, que hoy ronda las tre mil unidades, entre aretes, anillos, collares y pulseras.

De hecho, uno de sus collares ganó en noviembre pasado el concurso latinoamericano de perlas de Tahití.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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