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Beneficios. Rosa Villalta sostiene a Rubén, el único
de sus hijos que tuvo control de niño sano y que ha nacido
con asistencia médica, gracias al acercamiento de los servicios
de salud. Foto EDH/Oscar Payés
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Margarita Sánchez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Seis meses han pasado desde que Libras de Amor inició sus servicios
de salud en Apaneca, Sonsonate, una de las zonas con alto índice
de desnutrición en el país y que -según el censo
realizado previamente- cuenta con mil 900 familias.
Desde noviembre de 2004 hasta abril de 2005, el programa Integral de Nutrición
ha beneficiado a unas 8 mil personas de este municipio.
Prueba de ello es que el 98 por ciento o, en números absolutos,
669 de los pequeños, menores de cinco años, reciben un control
infantil y un constante monitoreo de su peso y estatura.
Además, 700 familias captan el complemento nutricional, el cual
se le entrega a los grupos familiares que tengan niños menores
de cinco años y mujeres embarazadas o que dan pecho.
La gerente de comunicaciones de la Fundación Salvadoreña
para la Salud (Fusal), Beatriz Carbajal, detalla que se está priorizando
los esfuerzos en los niños con edad menor a cinco años,
ya que este es el periodo en el que todavía se puede hacer algo
para rescatar a estos niños.
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Servicios. Guadalupe Rodríguez evalúa a Sara Elena,
de 81 años, beneficiada con el programa en Apaneca. Foto
EDH/Oscar Payés
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Única opción
Libras de Amor pretende contribuir a la disminución significativa
de la desnutrición infantil en El Salvador, que actualmente es
de 18.9, según la reciente Encuesta de Salud Familiar, Fesal.
El puesto de consulta en Apaneca se encuentra en el cantón Palo
Verde, un área donde no llega el transporte urbano y sus habitantes
tienen que caminar por un terreno difícil por más de una
hora para llegar a la carretera; luego deben abordar un bus que los lleve
hasta el centro de Apaneca.
En este sentido, los servicios de salud que presta el programa son los
únicos a los que tiene acceso la población en estos cantones
y municipios.
Su otra opción sería acudir hasta la Unidad de Salud de
Apaneca, pero eso implica perder casi todo el día, caminar mucho
y esperar para ser atendidos.
Acá les proporcionamos todos los servicios que les ofrecen
en una Unidad de Salud y si es necesario le hacemos una referencia hasta
el hospital más cercano, dijo Mayra Rivas, quien trabaja
como enfermera.
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Beneficio. Melvin supera los estragos de la desnutrición.
Foto EDH/Oscar Payés
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Antes visitábamos la Unidad de Salud sólo en una
emergencia y ahora aprovechamos toda la familia para recibir consulta,
explicó Sandra Elizabeth Linares, quien es beneficiaria del programa
y ahora se ha convertido en consejera comunitaria.
Algunos pobladores que han tenido que acudir de emergencia a un centro
de salud, comentan que el transporte les cobra cerca de $20 en una emergencia.
Suma considerable en una población que maneja altos niveles de
pobreza, como es común en las áreas rurales.
De la mano a la falta de recursos económico también es común
encontrar personas con un nivel bajo de escolaridad, poco acceso a servicios
básicos de salud y la ingesta de una dieta no adecuada.
Rosa Élida Villalta, una beneficiaria del programa, actualmente
tiene 24 años y ha dado a luz a cuatro hijos. Su último
pequeño, Rubén Danilo, es el único que ha llevado
control de niño sano y nació con la asistencia médica.
Así como ella, otras mujeres han recibido atención prenatal
por primera vez.
Antes las parteras y, algunas de ellas no capacitadas, eran la única
opción para estas féminas.
Atención para la familia
Rosa Élida Villalta tiene tres hijos y todavía no llega
a los 24 años. El más pequeño de ellos cumplió
ya un mes y medio y nació a las 34 semanas de gestación.
Pese a que sus pulmones no se habían terminado de desarrollar,
sólo pasó un día en incubadora.
Este fue el único de sus hijos que ha sido atendido por un profesional
de la salud y que ahora recibe su control de niño sano. Los demás
nacieron en casa, ayudados por una partera.
La progenitora relata que no podía llevarlos a la Unidad de Salud,
ya que se les hace caro pagar el dólar que les cuesta la ida y
regreso hasta Apaneca.
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El control de peso. Foto EDH/Oscar Payés
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En la situación de pobreza en la que vive esta familia, este dólar
es el sustento de un día.
Melvin es el segundo de la lista de hijos de Rosa Élida. Cuando
nació pesó apenas cinco libras y éste no aumentó
significativamente en los meses siguientes.
En la actualidad, el pequeño tiene cuatro años y medio.
Al subir a la báscula la aguja marca 26 libras, cuando debería
superar las 30.
Al iniciar el tratamiento se le diagnosticó desnutrición
severa y poco a poco ha ido progresando.
Estuvo en desnutrición severa hasta enero, ahora que lo vemos
en el control de abril se encuentra en la fase de desnutrición
moderada... aún tiene que ganar peso, explicó la Dra.
Florencia García.
A esto se agrega a que las condiciones de la familia completa eran malas
cuando el programa se instauró en la localidad.
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Íbamos
a la Unidad de Salud cuando tenía una emergencia y no cuando
era el control. Está lejos y no hay buses
Sandra Elizabeth Linares
consejera comunitaria y beneficiada del programa
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La familia
entera (de Melvin) tenía condiciones bien difíciles...
Estuvo entre desnutrición severa hasta moderada.
Dra. Guadalupe Rodríguez
Programa Libras de Amor
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El equipo
de trabajo vive en Apaneca. La atención se enfoca en menores
de cinco años, pero también se atiende a toda la familia.
Beatriz Carbajal
Gerente de Comunicaciones de Fusal
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También la talla de Melvin es baja. El pequeño debería
medir casi el metro y apenas alcanza los 88 centímetros.
No obstante, el equipo de Libras de Amor realiza visitas a las poblaciones
donde detectan personas en riesgo.
Además, la familia de Melvin recibe un paquete de alimentos que
son complementarios a su dieta.
Beneficios gracias a las libras de amor
El programa inició en noviembre de 2004 y actualmente- gracias
a la colaboración de los patrocinadores corporativos y de las personas
que compran una tarjeta en supermercados o tiendas, se ha logrado beneficiar
a ocho mil personas.
Según la gerente de comunicaciones de Fusal, Beatriz Carbajal,
Libras de Amor se enfocó en una de las áreas que más
problemas tiene con la desnutrición y que no estaba siendo atendida.
Las distancias son muy largas para que los pobladores puedan asistir
hasta la Unidad de Salud y por eso se les habilita un punto de consulta
más cercano, explicó.
En este lugar, además de recibir atención médica,
se les brinda educación nutricional para que conozcan cómo
alimentar sanamente a sus hijos.
Además se ha capacitado a varias personas de la comunidad para
que se conviertan en consejeras voluntarias y que puedan reproducir sus
conocimientos entre la población en temas de lactancia materna,
atención integral en nutrición a niños menores de
dos años y cuidado del bebé.

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