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Evangelina
del Pilar de Sol*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Este artículo debí entregarlo el jueves 19, horas antes
de saber qué sucederá aquí al arribo del huracán
Adrián. Lo dedico a la Divina Misericordia, como ruego por su protección
para nuestra población más vulnerable.
Siendo que para Dios nada es imposible, era totalmente innecesaria la
colaboración de nadie para que Él viniera al mundo adoptando
la naturaleza humana. No necesitaba de una madre ni tampoco del vientre
de una mujer para hacerse hombre.
Pero habiendo creado el más sublime amor que existe, el maternal,
con el que dotara a toda mujer, hasta Dios mismo quiso tener una mamá
y llegar a su regazo. Sólo que para esto tenía que ser al
regazo de la mujer predestinada desde siempre, a quien llenó de
todas las gracias, o sea, fue creada inmaculada, libre de todo pecado,
la Santísima Virgen María, Alégrate llena de
gracia, el Señor está contigo Lc1;28, a quien además
bendijera entre todas las mujeres, Lc1;42: Bendita eres entre todas
las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, palabras en las que
se basa la oración cristiana por excelencia después del
Padre Nuestro, el Ave María, que finaliza con rogatorias a la Madre
de Dios, Lc1; 43, ¿cómo he merecido que venga
a mi la MADRE DE MI SEÑOR?.
Algunas personas niegan darle honor a María como Madre de Dios,
sin detenerse a meditar en la verdad teológica claramente contenida
en esta realidad, pues siendo que Jesús es Dios en su acción
divina tanto como en su acción humana, jamás por ninguna
circunstancia deja de ser Dios. Este fácilmente entendible contexto,
determina que cuando Jesús actúa como hombre, su acción
es exactamente tan divina que como cuando actúa como divino, como
Dios.
El sello de todas las acciones de Cristo están marcadas como divinas,
porque todas sus acciones humanas son actuadas por Dios. De allí
que su naturaleza humana no puede separársele de su naturaleza
divina. Por tanto sus acciones divinas y sus acciones humanas, son divinas.
María engendró esta persona humana, Jesús, que posee
la naturaleza divina de Dios en absolutamente todo lo de él, entonces
ella engendró a Dios. Por lo tanto María es Madre de Dios.
Dios, reconociendo el amor materno con que dotara a toda mujer, especialmente
al ejemplo de la personificación maternal, la predestinada, María,
se vuelca en ella, para, mediante la maternidad para su Unigénito
Hijo, volverla su co-redentora. Cristo al morir nos la deja como madre
de toda la humanidad, cuado dice a Juan, el apóstol querido: He
allí a tu madre.
María, asumiendo legítimamente su papel de co-redentora,
a través del tiempo se ha aparecido en diversas partes del mundo,
dejando mensajes de conversión, en especial en las últimas
épocas, plagadas de maldades jamás antes vistas que
puedo afirmar con la experiencia de mis años vividos, en
las que no obstante, se vislumbra una redención de la espiritualidad.
Este poderoso despertar fue notorio en las multitudinarias exequias de
Juan Pablo II o en la inauguración del papado de Benedicto XVI,
amén de las abarrotadas concentraciones de fieles en las misas
de los domingos en todos los templos, o asimismo, iglesias concurridas
los jueves, ante la adoración eucarística.
El trece de mayo, asistimos con mi esposo a la Iglesia de San Benito a
una bella conmemoración de la primera aparición de María
en Fátima. La iglesia retumbaba. Esa explosión
de amor a la Virgen, señalan tiempos de esperanza y conversión
a su Hijo, petición insistente de María en sus apariciones,
en que deja innumerables pruebas milagrosas de su intersección
maternal por nosotros ante Jesús.
Mirando retrospectivamente el pasado, específicamente 1990, tuve
oportunidad de constatar lo anterior. Sucedió en un viaje a Medugorje,
pequeño poblado en las montañas de Yugoslavia, donde Ella
se aparecía. Antes del viaje, mi hija Alexandra se encontraba muy
acongojada pues su pequeño Cristian, entonces de tres años,
desde su nacimiento vivía continuamente enfermo con afecciones
respiratorias y debía ser operado. Ella esperaba que la Virgen
lo sanara y no fuera intervenido. Me entregó una foto de él,
para dejarla en el lugar de las apariciones, con esa petición.
Cuando los peregrinos que viajamos allá, subimos a la cima del
monte Krizevac que significa Cruz, al pie de una imponente
cruz que domina todo el poblado y en donde se depositan las peticiones
a la Virgen, dejé la pequeña foto y dije una corta oración,
pero más bien solicitándole una exitosa cirugía,
pues personalmente no sentía mayor preocupación por considerarla
una nimiedad.
A mi regreso me enteré que el médico ya no lo operaría.
El niño había sanado notablemente. Jamás volvió
a enfermarse y a sus diecinueve años es un fuerte, saludable y
atractivo joven de 1.87m de alto. La fuerza de la fe de mi hija, había
triunfado sobre mi simplista ruego, siendo premiada por su Madre del cielo.
Medugorje, ciudad croata católica de Bosnia Herzegovina, fue la
única ciudad de toda laregión, donde milagrosamente jamás
llegó la guerra, fue atacada, o estalló algún artefacto.
Civiles de poblados cercanos, soldados o personal de los cuerpos de paz
internacionales, como los Boinas Azules de España, conociendo este
fenómeno celestial, buscaban refugio allí.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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