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“Estoy preparado desde el martes”

Altruismo. A pesar de no poseer un trabajo fijo, este paramédico arriesga su vida de forma gratuita, día con día


Publicada 20 de mayo 2005 , El Diario de Hoy

Desinterés. Edwin Iraheta labora como voluntario. Foto EDH/Lissette Moreno

Ivette Amaya
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com


En un día normal, Edwin Iraheta se gana la vida realizando oficios varios, como carpintería, jardinería y pintura. Pero cuando el deber lo llama, este hombre de 45 años se convierte en paramédico voluntario de Cruz Verde Salvadoreña.

A pesar de estar acompañado y de convivir con sus tres hijastros, Edwin sintió el llamado a servir hace seis años, pero no fue, sino hasta el huracán Mitch que pudo medir la intensidad de sus deseos de ayudar.

“Casi me mato por salvar a un niño”, recuerda con ojos sorprendidos al revivir las imágenes en su mente de aquella experiencia.

Heroísmo


“Me tiré a un barranco por querer salvarlo y se me zafó una de las lingas (cuerdas); pero, como tenía otra linga de protección, con esa mis compañeros me lograron sacar con el niño en brazos”, manifiesta.

Ahora, las ganas de servir le afloran nuevamente con mucha intensidad, al saber la magnitud del fenómeno atmosférico que azota a la nación y de las consecuencias que dejarán las fuertes lluvias.

“Yo estoy preparado desde el martes. Cuando escuché la noticia de que iba a estar lloviendo fuerte, sólo me acordé de las personas que están en riesgo y lo único que pensé es que tenía que reportarme”, comenta.

Para mantenerse comunicado con su compañera de vida, mantiene un radio en casa, pero éste no ha funcionado durante la última semana.

“Confío en Dios de que mi familia esté bien; no sé de ellos desde el martes, pero siento que están protegidos”, explicó con sencillez el voluntario de corazón.

Ayuda. Alex Bueno hace honor a su apellido al colaborar con Cruz Verde Salvadoreña. Foto EDH/Lissette Moreno

“Confío en que mi familia está bien”

Compromiso. Ser padre de familia y esposo no frenan los deseos de ayudar que brotan del rescatista en la emergencia

A una corta edad, Alex Bueno se enfrentó al poder destructor del huracán Fifí, al ser enviado para hacer rescates en el Bajo Lempa.

Casado desde 1994 y padre de dos pequeños (de ocho y seis años), Bueno siente la necesidad de ayudar, a pesar del peligro que puede correr en el intento.

“Confío en que mi familia está bien y después me vengo para acá (la base)”, confiesa entre risas.

Entre las impresiones más fuertes de esa experiencia, Bueno recuerda la de una joven a punto de dar a luz, a la que, con las cintas de sus zapatos y una tijera mohosa, tuvieron que cortar el cordón umbilical que le unía a su hijo.

“No teníamos nada a la mano para limpiarlo (al bebé); por eso, lo que hicimos fue succionarle la sangre de los oídos y la nariz con nuestra boca, para que pudiera respirar bien”, dice.

Muerte


Fue hasta años después, con el Mitch, que Bueno experimentó terror ante la situación.
“Nos destacaron en Chilanguera, donde ya se había perdido todo el pueblo, y lo que hicimos fue buscar muertos, pero como estaban en el lodo, los teníamos que buscar con los pies”, indica.

“Lo que sí me impresionó mucho fue cuando llegamos a una parte donde ya se había secado el lodo y había quedado la silueta de una niña en la superficie, como una escultura de lodo, pero ya no la pudimos sacar”, recuerda.
Bueno es uno de las decenas de voluntarios de la Cruz Verde Salvadoreña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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