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Comunidades incrédulas

No acatan. Tres familias de la localidad de El Cañito no había desalojado sus champas en horas de la tarde. En muchos hubo renuencia


Publicada 20 de mayo 2005 , El Diario de Hoy

Petición. Empleados de la Alcaldía de San Salvador y agentes de la PNC piden a doña Delia Ester Guardado, de 88 años, dejar su humilde vivienda. Foto EDH/Omar Carbonero

Regina Miranda/ Katlen Urquilla
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com


La terquedad imperaba en tres familias de la comunidad El Cañito, localizada en la quebrada El Garrobo, en San Salvador, porque se negaban a dejar sus humildes casas.

Cuadrillas de la alcaldía capitalina junto a la Policía Nacional Civil (PNC), se tomaron la tarea de hacer conciencia a las familias restantes para que evacuaran sus viviendas; sin embargo, las que en un momento se convirtieron en súplicas, cayeron en saco roto.

Los residentes no acataban las recomendaciones o en otras instancias no les importaba el peligro que corrían sus vidas por estar cerca de la quebrada.

“Mejor diganle a ese señor cuando lo vean, que cuando termine esto (huracán), venga a tirar cuatro bolsas de cemento porque el muro se está lavando”, expresó en su incredulidad al riesgo, Delia Ester Guardado, de 88 años, haciendo referencia del munícipe capitalino Carlos Rivas Zamora.

Falta de voluntad


Doña Ester expresó que su impedimento para dejar su pequeña champa de lámina eran las gallinas que tiene.

No quieren irse. Rosa Villanueva se negó a dejar su casa que se encuentra a la orilla de la quebrada del Garrobo.Foto EDH/Omar Carbonero

“Mire señor, yo tengo al cuido 50 niñas”, dijo, dejando la mirada atónita de los que estaban presente. “Son sus gallinas, a las que se refiere”, expresó su hija, soltando una carcajada.

Si bien, para Ester existía un motivo para permanecer en su hogar, para Rosa Villanueva su impedimento nada más era la falta de voluntad.

Teniendo a su carga cinco nietos, entre las edades de tres y diez años, Rosa dio un rotundo no a las autoridades que le pedían que se trasladara a los albergues.

“Ya vinieron en la mañana, pero no nos queremos ir, nadie de aquí lo quiere hacer”, manifestó Rosa.
Se informó que las demás familias ya habían sido trasladadas a los albergues.

No se van pese a la amenaza de un talud

En las comunidades San Antonio Abad, Atonal, Valdivieso y El Paraíso, del Distrito Dos de la Alcaldía de San Salvador, la mañana de ayer transcurrió en aparente calma.

Los niños jugaban en la calle, aún bajo la lluvia, y otros simplemente veían sus programas favoritos o realizaban sus labores de costumbre, pero con ciertas expectación de las noticias radiales o televisivas.

Algunos residentes, de las ocho familias que forman la comunidad San Antonio Abad, expresaron que no sabían si desalojarían la zona.

En tanto, en El Paraíso, ubicada en la colonia Libertad de la capital, sus moradores aseveraron que un talud de tierra “es un riesgo” para unas 15 ó 20 familias de las 77 en total.
Pese a esto, estaban dispuestas a quedarse y “esperar en Dios que no pase nada”.

Laura Cuéllar, de 17 años, estaba en un sillón junto a la puerta de su casa en compañía de su abuela viendo la lluvia caer. Sólo se levanta la vista y se ve el muro que está justo arriba de su vivienda.

Patricia Soriano, directora del Distrito Dos, dijo que son alrededor de 20 casas las que corren riesgo de quedar soterradas por el talud.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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