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Petición. Empleados de la Alcaldía de San Salvador
y agentes de la PNC piden a doña Delia Ester Guardado, de
88 años, dejar su humilde vivienda. Foto
EDH/Omar Carbonero
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Regina Miranda/
Katlen Urquilla
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
La terquedad imperaba en tres familias de la comunidad El Cañito,
localizada en la quebrada El Garrobo, en San Salvador, porque se negaban
a dejar sus humildes casas.
Cuadrillas de la alcaldía capitalina junto a la Policía
Nacional Civil (PNC), se tomaron la tarea de hacer conciencia a las familias
restantes para que evacuaran sus viviendas; sin embargo, las que en un
momento se convirtieron en súplicas, cayeron en saco roto.
Los residentes no acataban las recomendaciones o en otras instancias no
les importaba el peligro que corrían sus vidas por estar cerca
de la quebrada.
Mejor diganle a ese señor cuando lo vean, que cuando termine
esto (huracán), venga a tirar cuatro bolsas de cemento porque el
muro se está lavando, expresó en su incredulidad al
riesgo, Delia Ester Guardado, de 88 años, haciendo referencia del
munícipe capitalino Carlos Rivas Zamora.
Falta de voluntad
Doña Ester expresó que su impedimento para dejar su pequeña
champa de lámina eran las gallinas que tiene.
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No quieren irse. Rosa Villanueva se negó a dejar su casa
que se encuentra a la orilla de la quebrada del Garrobo.Foto
EDH/Omar Carbonero
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Mire señor, yo tengo al cuido 50 niñas, dijo,
dejando la mirada atónita de los que estaban presente. Son
sus gallinas, a las que se refiere, expresó su hija, soltando
una carcajada.
Si bien, para Ester existía un motivo para permanecer en su hogar,
para Rosa Villanueva su impedimento nada más era la falta de voluntad.
Teniendo a su carga cinco nietos, entre las edades de tres y diez años,
Rosa dio un rotundo no a las autoridades que le pedían que se trasladara
a los albergues.
Ya vinieron en la mañana, pero no nos queremos ir, nadie
de aquí lo quiere hacer, manifestó Rosa.
Se informó que las demás familias ya habían sido
trasladadas a los albergues.
No se van pese a la amenaza de un talud
En las comunidades San Antonio Abad, Atonal, Valdivieso y El Paraíso,
del Distrito Dos de la Alcaldía de San Salvador, la mañana
de ayer transcurrió en aparente calma.
Los niños jugaban en la calle, aún bajo la lluvia, y otros
simplemente veían sus programas favoritos o realizaban sus labores
de costumbre, pero con ciertas expectación de las noticias radiales
o televisivas.
Algunos residentes, de las ocho familias que forman la comunidad San Antonio
Abad, expresaron que no sabían si desalojarían la zona.
En tanto, en El Paraíso, ubicada en la colonia Libertad de la capital,
sus moradores aseveraron que un talud de tierra es un riesgo
para unas 15 ó 20 familias de las 77 en total.
Pese a esto, estaban dispuestas a quedarse y esperar en Dios que
no pase nada.
Laura Cuéllar, de 17 años, estaba en un sillón junto
a la puerta de su casa en compañía de su abuela viendo la
lluvia caer. Sólo se levanta la vista y se ve el muro que está
justo arriba de su vivienda.
Patricia Soriano, directora del Distrito Dos, dijo que son alrededor de
20 casas las que corren riesgo de quedar soterradas por el talud.

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