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Primeros desalojos en el Puerto de La Libertad

Oleaje. La altura de las olas se duplicó en El Puerto de La Libertad. Varias familias fueron desalojadas del cantón Boca Poza, en Cangrejera, por miembros de la Fuerza Armada


Publicada 20 de mayo 2005 , El Diario de Hoy

Emergencia. Varias personas residentes de la Bocana de Toluca son trasladadas a una casa comunal en Melara, en la tarde de ayer, por la Fuerza Armada. Foto EDH/Giovanny Lemus

Margarita Sánchez/Carlos Torres
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com


El Puerto de la Libertad no parecía el centro turístico de siempre.

Los negocios estaban cerrados antes del mediodía de ayer y los que aún permanecían abiertos eran algunas gasolineras y tiendas de conveniencia que lucían abarrotados por las compras de última hora.

El área del muelle se había convertido en una especie de mirador, donde los curiosos llevaban latas de cerveza y algunas “bocas” para ver crecer el oleaje.

No tuvieron mucho que esperar, olas de más de cuatro metros se levantaban en este sector, las que algunos intrépidos aprovechaban para surfear.

No obstante, con el aumento en la velocidad de los vientos también se incrementó el peligro y la fuerza del oleaje hacía moverse el muelle.

“Cuando fue el Mitch el agua llegó hasta allá”, dijo uno de los lugareños, señalando tres metros adentro de la barra de contención.

Recuerda que dos restaurantes que estaban a la orilla colapsaron por la fuerza de las olas, provocadas en ese momento. Hoy piensan que la historia podría ser peor.
Escuelas, iglesias y casas comunales sirvieron de albergue para muchas familias.

Específicamente en Cangrejera, La Libertad, en el centro escolar San Arturo sirvió de centro de resguardo a casi 100 personas hasta la tarde de ayer, en su mayoría las víctimas eran niños.

Intrépido. Jóvenes aprovecharon las olas para poder practicar surf, en La Libertad. Foto EDH/Giovanny Lemus

El coronel Víctor Bolaños, comandante regional de Caballería, manifestó que se hizo la evacuación de unas 30 familias más que residían en las cercanías de la Bocana de Toluca.

“También se van a trasladar a otras personas del cantón Melara hacia una casa comunal, de ese mismo lugar”, explicó.

Los afectados esperaban en la calles, junto a las pocas pertenencias que podían cargar, el camión del ejército que los llevaría a un refugio más cercano.

Los niños iban descalzos, cargaban sus zapatos alrededor del cuello y tiritaban de frío por la ropa mojada, desde la noche anterior.

Otros, como Edith Olinda Torres, de Boca Poza, se quedaron en sus casas a cuidar las pocas pertenencias o sus animales domésticos.

Así como ella, muchos se niegan a dejar sus pocas cosas y algunos abandonan sus viviendas, pero dejan a sus hijos mayores a la espera de la tormenta y pendientes de cualquier amigo de lo ajeno.

Lucía Rivas Martínez fue desalojada del cantón Boca Poza, en Cangrejera, desde el miércoles pasado. Ella reconoce que de no ser porque sus nietos está pequeños y pueden enfermarse no saldría de su casa.

“Llegué al albergue, porque tengo miedo”, dijo e inmediatamente sus pensamientos vuelven al hijo que se quedó cuidando la casa por los ladrones.

“Esto es peor que el Mitch”

Precaución. La familia Ríos llegó a la playa para ver el oleaje. Foto EDH/Giovanny Lemus

Jorge Alberto Ríos tiene 29 años de residir en el Puerto de La Libertad y jamás había visto olas tan fuertes como las que tenía frente a él.
“Hoy está bravo”, dijo el hombre que llevaba sus zapatos alrededor del cuello para no mojarlos.

Junto a su esposa trabaja en los restaurantes de la localidad. Hoy no tuvo que ir a laborar. “Todos están en sus casas y no hay trabajo”, explicó, mientras cargaba a su pequeña de un año.

Recordó que hasta en esta ocasión se ha visto en la obligación de desalojar su hogar, debido al inminente peligro.
“Hace años perdimos todo. Vivíamos en el cantón La Chila, cerca de un puente en el Majahual... ”, recordó.

Agrega que en aquel entonces la marea entró hasta el área de los restaurantes y casi llegó a la calle, dijo el sujeto y señalaba unos diez metros fuera de la playa.

Hasta ese momento no manifestaba temor, pero confiaba que si los vientos aumentaban encontraría albergue en el centro escolar de la localidad.
“Más que todo es por los niños... uno ya está viejo y ya aguanta todo”, añadió.

Diversión

En la orilla de playa, algunos aprovechan para pescar sin adentrarse ya que pueden ser succionados por las fuertes olas.

En cambio, otros se dedican a algo menos usual: recoger las monedas que deja la marea en la arena, cuando la ola vuelve a su caudal.

No obstante, poco a poco, mientras aumentaba el peligro se iban retirando de la playa para observar mejor de lejos el huracán Adrián.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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