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Ernesto
Alfredo Parada Rivera*
El Diario de
Hoy
editorial@
elsalvador.com
Me parece que un punto cardinal, estratégico en la historia del
Derecho, es el relacionado con las luchas de políticos y juristas
por el fortalecimiento de la administración de justicia. Es un
tema de suyo apasionante en la evolución de las sociedades. Y como
no puede ser de otra manera, el meollo se halla en la interpretación
de los distintos criterios políticos.
Citar autores preocupados por la justicia, sería ocupar
páginas y páginas. Sin embargo, me atrevo a traer aquí
al respetado Hans Kelsen y su teoría pura del Derecho, su relación
con lo ideológico y su crítica. Lo relativo al orden social
persistentemente buscado, único medio en donde surgiría
la verdad, según aquel ilustre pensador: Pareciera ser que la respuesta
a la pregunta ¿Qué es justicia? según críticos,
queda aún por responder adecuadamente, esto es, para dejar satisfechos
a todos los interrogantes e interrogadores.
Claro, la cuestión no es tan ligera ni fácil de desarrollar,
desde luego que la administración de justicia es algo concreto,
y en tal concreción tiene su parte enorme sus operadores judiciales.
Y en esto está presente la historia reciente y la lejana, pues
en ellas actúan los humanos, y estos proceden conforme a sus vivencias
actuales y pasadas. Tan es así que un juez de preparación
adecuada y mente equilibrada actuará de muy distinta forma a, por
ejemplo, un ex juez secuestrador o un ex miembro de grupos violentos con
definidas prácticas antisociales, por muy revolucionarias que se
publiciten.
El análisis justo, entonces, se torna difícil y a tal extremo
de que lo académico se entremezcla con la práctica actual
de este o aquel operador de la justicia. Y si se da tal caso, se impone,
pues, la modificación legal por deshacer el entuerto. El orden
judicial exige, entonces, la reforma.
Los literatos, los novelistas sobre todo, han abordado la cuestión
de la impartición de la justicia, en mejor y clara forma que los
estudiosos y teóricos del derecho. Víctor Hugo dejó
páginas sobrecogedoras sobre las terribles injusticias cometidas
con la aplicación de códigos penales, o sea con la impartición
de la justicia: Jueces y policías en persecución injusta
de pobres hombres carentes del prestigio social exclusivos de los miembros
de las alturas; Alejandro Dumas no ha sido valorado con rigor en su tratamiento
novelesco de las injusticias en la impartición de la justicia.
Si Hugo nos dejó las injusticias opresoras de Jean Valjean, Dumas
dejó el relato escalofriante de la dureza legal e injusta a que
fue sometido Edmundo Dantes. Francois Mauriac, Premio Nobel 1952, a pesar
de las sordideces y bajezas humanas a las que de altura literaria, dejó
dicho: Cada uno de nosotros sabe que podría llegar a ser
menos malo de lo que es.
Debemos, pues, guardar esperanza cierta de compostura en aquellos impartidores
de justicia, en que dejaran de lado el peso de su pasado oscuro y violento
o delictuoso.
En el año del Quijote o de Cervantes, bueno es traer a cuenta las
injusticias legales, motivadores de páginas de antología,
y sobre todo el calificativo de nuevo Salomón a que Sancho Panza
se agenció no obstante su proverbial condición analfabeta.
Memorable es la impartición de justicia del fiel escudero, cuando
puso al descubierto la farsa delictuosa de la mujer quejosa del robo de
su honra o virginidad, con suma facilidad, y sin embargo sin mucho trámites,
y en el mismo suceso, el supuesto atacante no puede arrebatarle el dinero:
Si el mismo aliento y valor que habéis mostrado para defender
vuestro dinero, aun la mitad menos, para defender vuestro cuerpo, las
fuerzas de Hércules no os hicieron fuerza.
Y que decir, finalmente, de la opinión de Shakespeare en el monólogo
de Hamlet con lo atañero a la impartición de justicia, cuya
tardanza a veces, la sitúa a la par de otras condiciones muy humanas:
Quién soportaría los latigazos y los insultos del
tiempo, el agravio del opresor, la burla del orgulloso, los espasmos del
amor despreciado, la tardanza de la justicia, la insolencia de los que
mandan y las patadas que recibe de los indignos, el merito paciente, si
el mismo pudiera extender su documento liberatorio con un simple puñal.
* Dr. en Derecho.

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