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Manuel
Hinds*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
En el artículo anterior mostré que en los últimos
cinco años el crecimiento de la producción industrial fue
el más alto de la América Latina. En la gráfica muestro
cómo el país duplicó sus exportaciones de 1995 a
2003, lo que lo colocó en el segundo lugar en toda la región
en términos de crecimiento de las exportaciones durante el período.
Por supuesto, dicho lugar lo alcanzó sin haber devaluado su moneda,
mientras que prácticamente todos los otros países la devaluaron,
bajando el salario a sus trabajadores.
Igualmente importante a la tasa de crecimiento es el cambio en la composición
de las exportaciones que ha venido teniendo lugar en los últimos
años. Ésta se está moviendo hacia bienes más
sofisticados y con mayor valor agregado. En el año 2004, la confección
y los textiles representaron el 55.5% y el 3.6%, respectivamente, de las
exportaciones. Estas son las actividades que representan la primera etapa
de exportaciones industriales en países en desarrollo. Sin embargo,
los sectores que más están creciendo ya no son estos sino
otros, más avanzados.
De acuerdo con cifras de CENTREX y el Ministerio de Economía, en
2004 las exportaciones crecieron un saludable 5%, o sea $173.4 millones.
De ese aumento, $39.2 millones (o sea el 22.6%) se debieron a la industria
metalmecánica, que fue la que más creció en dólares;
el 21.9% se debió a máquinas, aparatos y material eléctrico,
y el 14.5% a materiales plásticos y caucho. Eso suma el 59%. Si
añadimos la agroindustria (9.9%), los alimentos y bebidas (8.5%),
los productos eléctricos y de combustible para la construcción
(6.8%) y los medicamentos (5.3%), llegamos al 89.5%, casi el 90% de todo
el crecimiento. Todos estos son sectores de la segunda etapa de desarrollo
de las exportaciones industriales.
En cuanto a los textiles, crecieron $8.1 millones (4.7%, casi igual que
papel y conexos, que crecieron $7.5 millones o 4.3% de crecimiento total).
Las confecciones cayeron en $1.4 millones, ó 0.8%. Otros que disminuyeron
sus exportaciones fueron productos orgánicos, agroquímicos
y de uso casero; calzado, jabones y detergentes, y derivados del petróleo.
En total, la caída en exportaciones de estos sectores fue de $15.9
millones, de los cuales $11.4 millones fue en derivados del petróleo.
Es decir, contra una caída de $15.9 millones en algunos sectores,
hubo un aumento de $189.2 millones en otros rubros de alto valor agregado.
Sólo en metalmecánica, máquinas, material eléctrico,
plásticos y caucho el aumento fue de $102.3 millones.
El número de empresas exportando es también impresionante.
Sólo en los tres sectores más dinámicos éstas
suman 1,020 empresas. Si sumamos todos los sectores que representan el
89.5% del crecimiento de las exportaciones enumerados arriba, el número
de empresas que domina el crecimiento de las exportaciones es de 1,714.
Es decir, estamos viendo no sólo un crecimiento muy fuerte de las
exportaciones, que nos coloca en el segundo lugar en toda la América
Latina, sino también una diversificación muy saludable en
dos dimensiones: las exportaciones se están diversificando en términos
de nuevos sectores de mayor valor agregado y en términos de un
número mayor de empresas que están exportando en dichos
sectores.
Esta diversificación en número es excelente por tres razones:
primero, demuestra que está surgiendo una nueva y pujante clase
empresarial-industrial en el país, que está dando trabajos
que requieren de mayores niveles de habilidad en los trabajadores; segundo,
esto riega los ingresos en un número mayor de empresas, y, tercero,
vuelve al país menos dependiente de la suerte de un número
pequeño de empresas.
Y es importante notar que la industria manufacturera que así está
surgiendo no es ya la que creció en los sesentas, que era protegida
y no podía competir afuera. Esta es competitiva, y lo está
probando con el rápido crecimiento de sus exportaciones. Sumados,
los tres sectores más dinámicos crecieron un 18% en 2004,
partiendo de una base ya considerable de $244.2 millones.
Esto, por supuesto, desmiente los argumentos de que el país está
constreñido en su competitividad por la dolarización. Al
contrario, la dolarización, junto con la reducción de la
protección (que castiga al pequeño que no tiene acceso a
tratamientos especiales y al consumidor que tiene que pagar más
por menos calidad), ha estimulado un crecimiento diversificado de las
exportaciones sin reducir el salario de los trabajadores a través
de devaluaciones.
Pero el tema ahora es el impacto que el crecimiento rápido de la
producción industrial y de las exportaciones manufactureras y de
toda la actividad económica tiene en la producción de los
servicios. Es en este impacto que se vuelve evidente que las cuentas nacionales
subestiman tanto la producción de servicios como el PIB total del
país.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

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