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Jorge Beltrán
El
Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
La Luna hace acto de aparición. También algunas estrellas
que se cuelan entre las nubes son testigo de las primeras familias evacuadas
ante la inminente influencia de la tormenta tropical Adrián.
Todo parece indicar que la aparición de los astros en el firmamento
es sólo un espejismo que desaparecerá en unos minutos para
dar paso a varios días y noches de precipitaciones.
Acaban de dar las ocho de la noche y varios camiones de la Marina y de
la alcaldía de Acajutla, en Sonsonate, se disponen a desalojar
a cientos de familias de los barrios más próximos a la costa:
Atalaya, La Coquera y La Playita.
Se les ha clasificado zona de riesgo número uno. Por si queda alguna
duda, además de que la trayectoria del núcleo de Adrián
apunta como una flecha hacia esa zona, la desembocadura del principal
afluente del lugar está tapado por la basura. Un cóctel
que ya trajo los primeros desastres semanas atrás en varios barrios
de San Salvador.
En las aulas
La suspensión de clases ha dejado vacías las aulas por el
momento. El Instituto Nacional de Acajutla, la escuela Fe y Alegría
de la localidad son algunas de las elegidas para albergar a los posibles
damnificados.
El alcalde de la localidad, con la boca frente a un altavoz da las instrucciones
precisas para que abandonen las casas de los barrios más
costeros.
Niños, mujeres, varios ancianos con camas, útiles, ropa,
ventiladores, todo lo que pueden algunos, todo lo poco que tienen otros,
se suben en orden a los camiones para llegar a los centros escolares.
Los primeros vientos del Adrián van a sentirse a partir de
la medianoche, grita con el aparato en mano mientras se agita un
poco más de la cuenta.
Niños, mujeres, pero pocos jóvenes y casi ningún
hombre. No es que no se crean las palabras del alcalde, todo lo contrario,
sino que tienen el recuerdo del Mitch aún muy presente.
Protegidos por la tragedia de miles y miles de personas, los amigos de
lo ajeno hicieron su agosto. Por ello, muchos hombres, esta vez, se han
quedado en las casas como vigilantes a pesar del peligro que corren si
los pronósticos se cumplen a cabalidad.
Antonio Valdés, de 73 años, no cree que sea tan grave y
con cierta tranquilidad dice que va a esperar a ver que pasa antes de
salirse de su hogar.
Poco después, el alcalde prosigue con sus labores de convencer
a todos los que pueda para que se trasladen a los centros escolares.
Al otro lado de la ciudad portuaria, un grupo de jóvenes mecánicos
empieza a desmontar lo que tanto les costó levantar.
Ruedas, canopis y todo tipo de juegos infantiles, todo lo que suena a
diversión. Lógicamente, a pesar de que para hoy está
programado el inicio de las fiestas patronales, el clima se ha encargado
de empañar esta fecha. Al menos, los tres días siguientes.

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