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| Ciudad Delgado. El Hispano, ubicado en la Calle
La Gloria, funcionó junto al Rex en l970. La entrada costaba
un promedio de 30 centavos de colón. Foto
EDH |
Enrique Carranza
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
En los años 60, el comercio que se había concentrado en
el centro capitalino busca nuevos horizontes en los barrios más
populosos de ese momento, como en San Jacinto. También en los municipios
de Mejicanos y Ciudad Delgado.
Para ese momento las salas de los cines tanto privadas como nacionales
buscan la atención de los residentes de esos lugares.
El Capitol y El Regis surgen como opción para los habitantes de
San Jacinto. Lo mismo sucedía en Mejicanos, con los cines Jardín
y El Ástor.
En el Barrio Santa Anita estaba el Iberia; en la Cucumacayán el
Maya; en la calle Concepción el Tropicana, y en la Avenida Independencia,
el Avenida.
Para ese tiempo, sobre la Avenida Juan Bertis de Ciudad Delgado, ya existía
desde hace algunos años el cine Ancla, que según los vecinos
inició sus funciones cerca de 1940.
La ilusión de los empresarios de los cines continuaría aún
10 años después.
La década del 70 deja a su paso nuevas salas dedicadas a exhibir
películas. El Renovación, en la colonia Santa Lucía
de Ilopango y el Zacamil en la colonia del mismo nombre. Además
el Cine Teatro Presidente (hoy Teatro Presidente), entre otros.
Este último ya era visualizado para las personas de una posición
económica diferente, por la ubicación en una exclusiva zona.
Ciudad Delgado se preparaba para recibir al Hispano y al Rex, ambos con
sillas de madera y películas mexicanas y de vaqueros, en la cartelera.
Los habitantes de la zona aún recuerdan esta época entre
suspiros.
El listado se extendía a finales de esa década por los barrios
de San Salvador. Para ese tiempo los rumores de un conflicto armado en
las zonas rurales del país se comenzaban a escuchar.
Llegan los años 80, la guerra inicia, y los cines sobreviven.
En octubre de 1986, un terremoto sacude literalmente el país y
deja inhabitable la mayoría de salas. Otra parte de la historia
comienza entonces.
Empresas privadas venden los locales. Varias instalaciones nacionales
no corren una suerte diferente, y son vendidos.
El dinero es ocupado para equipar al Cuerpo de Bomberos Nacionales. La
otra parte de los gubernamentales fueron cedidos en permuta -cambio- a
otras instituciones del gobierno.

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