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Jonathan
Peled*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
David Ben Gurión, el fundador del Estado de Israel y el primero
en ocupar el cargo de Primer Ministro, dijo una vez que, en Israel,
si uno no cree en milagros, no es un realista.
No existe ningún otro ejemplo en la historia de una nación
o pueblo que haya retornado a su tierra después de 2,000 años,
reviviendo un antiguo idioma (usado sólo para orar) y construyendo
una nueva sociedad y país sobre las fundaciones de su origen.
Cincuenta y siete años han pasado desde que el moderno Estado de
Israel ha sido establecido, convirtiéndose de nuevo en el único
Estado judío en el mundo.
El lugar de nacimiento del pueblo judío es la tierra de Israel.
Ahí se desarrolló gran parte de su larga historia como nación,
de la cual los primeros mil años están transcriptos en la
Biblia.
Allí se formó su identidad cultural, religiosa y nacional,
y allí su presencia física se ha mantenido a lo largo de
los siglos, inclusive después de que su mayoría fuera expulsada
y exiliada. Durante los largos años de dispersión, el pueblo
judío nunca rompió ni olvidó su lazo con la tierra.
La creación del Estado de Israel fue un sueño milenario
hecho realidad.
El moderno Estado de Israel, renacido en 1948, adoptó los principios
de igualdad, democracia, justicia y paz (en contraste con los países
en la región) que previeron los profetas.
La Declaración de Independencia de Israel proclamó la formación
de un Estado judío democrático y pluralista. Consciente
del sufrimiento del pueblo judío a lo largo de la historia, la
Declaración (que es equivalente a una Magna Carta) compromete al
Estado a brindar libertad, igualdad y tolerancia a todos su habitantes,
más allá de su religión, conciencia, raza, género
o cultura.
Además, la Declaración destacó el deseo del nuevo
Estado hacia la paz, estrechando la mano de paz y de buena voluntad con
todos los países vecinos y con sus pueblos, apelando a la convivencia
y a la cooperación.
En la década siguiente a su Independencia, Israel absorbió
aproximadamente a 700 mil judíos, la mayoría sobrevivientes
del Holocausto en Europa, pero también a docenas de miles de refugiados
judíos de los países árabes. Juntos todos, trabajaron
para construir un país, desarrollando una infraestructura social
y económica (introduciendo el Kibbutz, por ejemplo), convirtiendo
el desierto en una tierra floreciente y fértil.
Los continuos intentos de los países vecinos de atacar y destruir
al Estado de Israel durante los años y a través de cinco
duras guerras no frenaron el ferviente deseo de los israelíes y
su impulso de seguir construyendo y creciendo.
Por falta de recursos naturales y de agua, Israel tenía que desarrollar
el único recurso a su disposición, el recurso humano, siempre
apostando por la educación y por la investigación.
Hoy en día Israel es un país moderno y vibrante, con una
fuerte economía y alto nivel de vida, con ciencia y tecnología
de punta, compitiendo a nivel mundial.
La promesa de volver a la tierra de Israel ha sido cumplida. Pero, el
sionismo no se acabó con la creación del Estado de Israel,
y el establecimiento del Estado de Israel no es un fin en sí.
Israel tiene un compromiso, una obligación de servir como ejemplo,
de ser una luz para las naciones, promoviendo la paz, la libertad,
la pluralidad, la democracia.
Nuestra generación, y las generaciones que nos siguen, tienen la
responsabilidad de apreciar y guardar la tierra de Israel, asegurando
la libertad de religión y el libre acceso a los lugares santos
a todos.
Como pueblo de Israel, tenemos la responsabilidad y el deber de adherirnos
a los valores y principios universales que nos enseña la Biblia
y comprometernos a los principios formulados en la Carta de las Naciones.
El Estado de Israel además se ve comprometido a brindar su ayuda
y aporte a otras naciones, compartiendo la experiencia que ha adquirido
en su desarrollo propio y ofreciendo a la comunidad internacional los
avances logrados en sus cincuenta y siete años de existencia.
Para muchos, Israel hoy es considerada un modelo democrático, el
único en el Medio Oriente, y un referente mundial en la ciencia
y alta tecnología.
Pero para ser y seguir siendo merecedor de su rol y de su misión,
Israel tiene que afrontar sus fallas, solucionar sus problemas y conseguir
la paz con sus vecinos.
Como escribió Teodoro Herzl, uno de los próceres de Israel,
el mundo será liberado por nuestra libertad, enriquecido
por nuestra riqueza, magnificado por nuestra grandeza.
*Embajador de Israel en El Salvador.

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