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Falta apoyo al docente rural

Reto diario en las aulas. Los ponentes del foro educativo destacaron la necesidad de más tiempo para la formación de los profesionales. El desarrollo local es clave en la enseñanza


Publicada 9 de mayo 2005 , El Diario de Hoy

420 dólares
es el salario de un docente adscrito al programa Educo. Tiene 14 sueldos.

Los docentes rurales sufren la carencia de los servicios básicos en la zona rural
503 dólares
recibe un profesor
nivel I, según datos educativos de 2003. Están en el escalafón.


Susana Joma/J.R.
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com


Variables como la sobreedad en las aulas, la elevada deserción en los primeros grados de básica y la dificultad de acceso a un sistema, relegado por unas autoridades que no le han prestado la misma atención que a la educación en la ciudad, dejan a la enseñanza rural mal parada.

En medio de tantos retos que afrontar, aparece un firmamento de maestros, profesoras y alumnos que hacen a un lado las dificultades, y sacrifican a la familia y a los amigos con tal de llevar esa receta de sabiduría a la escuela más recóndita del país.

Marisela, Angélica y Patricia, tres docentes que asisten a un caserío perdido del centro de Morazán, caminan tres horas cada día para llegar a la escuela donde enseñan hasta tercer grado.

La profesora Nelly Rivera tiene un camino más suave, pero no menos peligroso. Imparte clases a unos niños de la isla de Olomeguita, en la laguna de Olomega.

El trayecto en barca, además de que acaba con lo poco que gana, en el crudo invierno no le garantiza llegar hasta la puerta de la escuela.

Ocupados

Los docentes y, en general, el espíritu de sacrificio que caracteriza a muchos de ellos en la zona rural fue uno de los temas que se abordaron en el foro sobre la educación rural, realizado por El Diario de Hoy.

Angélica Paniagua, de Ciazo, una institución que lleva 16 años de trabajo en las aulas de las escuelas rurales, rompió una lanza a favor de este sector.

Aprendizaje. Griselda Machado asiste a primer grado.

“Hay incentivos para que la población ingrese a las escuelas, pero al final se presenta otra problemática: la cantidad de alumnos por docente”, dijo la representante de la ONG.

Este aspecto redunda, en última instancia, en la calidad y devuelve a la palestra el tema de la formación docente. “¿Cuándo puede dedicar tiempo un docente tiempo a su formación?”, se preguntó Paniagua al referirse al escaso tiempo, como los ejemplos citados antes, que les queda a los profesores para mejorar su desempeño académico.

Ese esfuerzo, por iniciativa propia, ya lo emprendió la Universidad Pedagógica con una serie de jornadas de orientación y de actualización profesional, según expresó Elmer Rivera, coordinador de la práctica docente de esa institución superior.

Felipe Rivas, director ejecutivo de la asociación intersectorial para el desarrollo económico y el progreso social (Cidep), rescata uno de los estudios de la Unesco, donde muchos programas educativos de carácter nacional “no llegan en la misma cuantía y calidad a la zona rural”.

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Clases bajo un techo de hojas de palmera

“Hay escuelas que empiezan a media mañana y terminan los viernes al mediodía, por una cuestión de transporte, y otros aspectos”, explicó Rivas, quien más allá de una responsabilidad del profesor, encuentra en la falta de desarrollo local las carencias que inciden en el mundo escolar.

Desarrollo. Una palabra que Juan Enríquez Cabot, director del proyecto de Ciencias Naturales en la Escuela de Negocios de Harvard, Estados Unidos, en su visita al país, tomó como consigna para justificar que invertir en educación es hacer un país más competitivo y que sobreviva en la era del conocimiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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