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| Pasillo lateral. Solamente con un permiso se
puede entrar a las instalaciones, que están custodiadas por
agentes municipales. Foto EDH/Mauricio
Castro |
Eugenia Velásquez
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
En las gruesas paredes de la antigua prisión, aún se respira
la soledad, que fue el peor castigo de aquellos hombres, condenados a
pagar con cárcel por sus delitos.
Doroteo (nombre ficticio) relata que estuvo recluido en tres ocasiones
en ese lugar, conocido popularmente como la Penitenciaría de Santa
Tecla.
Al igual que muchas infraestructuras antiguas de la ciudad, el arquitecto
de la obra fue José Jeréz, quien inició la construcción
en 1901 y la finalizó en 1902.
En un inicio las instalaciones fueron diseñadas para albergar a
25 reos, distribuidos en cinco celdas. Con el paso de los años
la población reclusa aumentó.
Doroteo narra que la primera vez que ingresó al reclusorio, en
1976, en cada celda dormían cerca de 40 presos. Con suerte algunos
lo hacían en camarotes y otros en el suelo.
Él, en ese entonces, era menor de edad, por lo que fue relegado
a permanecer en el pasillo principal durante los nueve meses de su condena,
por haber apuñalado a un hombre, quien murió por las lesiones.
Por su diseño simétrico y en forma de cruz, de estilo Neocolonial,
los 20 vigilantes que tenía la cárcel podían observar
desde los garitones instalados en lo alto y alrededor del edificio, los
movimientos de los reos.
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| Las celdas. Actualmente la comuna realiza una
inspección técnica de los daños. . Foto
EDH/Mauricio Castro |
La luz natural penetraba a los salones por pequeñas ventanas.
Éstas eran en forma de arco, con platina y hierro pasado, reforzadas
con capas de cinco centímetros de espesor, de materiales como el
talpetate, piedra pómez molida y tierra blanca.
Los portones de los pasillos en donde Doroteo vivió su primera
experiencia carcelaria están hechos del mismo material.
La rutina
Allí, el ex presidiario quien ahora tiene 43 años, recuerda
cómo los presos condenados a cadena perpetua, se ingeniaron un
modo de vida placentero para pasar el resto de sus días.
Diez de ellos habían instalado a lo largo del callejón interior
puestos de comida. Con una cocina de un solo quemador de mecha de gas,
preparaban un menú diferente al de los frijoles, arroz y tortillas
que debían comer todos los días.
Los privilegiados eran los reos que recibían visitas, ya que un
plato costaba entre uno a dos colones. El que no tenía para pagar
podía fiarlo y cancelarlo con el dinero que le diera su familia.
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| Despojo. Hacen falta varias piezas del techo
de duela. Foto EDH/Mauricio Castro |
A las seis de la mañana eran retirados de sus celdas. Los que
gustaban de hacer ejercicios usaban un espacio abierto al fondo del pasillo
principal, en donde también había una capilla.
El tiempo no era tan monótono, ya que él así como
varios de sus compañeros disfrutaban por lo menos una vez por semana
de la proyección de películas por el módico precio
de veinte centavos de colón.
Pero ni ahora que estoy libre voy al cine y en la cárcel
tuve la oportunidad de ver la película de Romeo y Julieta,
comenta Doroteo.
Sin embargo, no todo era un paraíso. Alrededor del 30 por ciento
de los hombres eran catalogados como peligrosos.
Cuatro salones de la entrada principal, que hoy lucen semidestruidos,
eran los lugares de castigo para aquellos que protagonizaban riñas
internas.
Según Doroteo, eran encadenados de manos y pies para recibir fuertes
palizas con sus cuerpos al desnudo. Otro cubículo de reducido tamaño
y de poca ventilación, ubicado en medio del pasillo, era utilizado
para aislarlos por varios días.
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| Deterioro. La humedad ha facilitado que nazcan
plantas en las paredes. Foto EDH/Mauricio
Castro |
Lo que más lamenta era el café con yodo que les servían
-supuestamente- para disminuirles el deseo sexual, ya que las visitas
íntimas eran escasas, porque no había un espacio adecuado.
Actualmente, el edificio está a cargo de la comuna y ha sido catalogado
por el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura) como un
bien cultural.
Tatiana Martínez, del Centro Histórico de la municipalidad,
dijo que el edificio está construido a base de minerales y sobre
piedra volcánica, por lo que se considera una obra tobalítica.
Las estructuras han soportado los sismos, pero el abandono ha sido el
mayor causante de su deterioro. El primer paso para su recuperación
ha sido la limpieza general del inmueble.
La falta de varias piezas del techo de duela que tenía originalmente
en una de las celdas y en parte del pasillo, han hecho crecer en el interior
de las paredes raíces de árboles por la humedad.
Edificio será el museo de la ciudad
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| Diseño. El penal fue construido de forma
simétrica para un mejor control. Foto
EDH/Mauricio Castro |
Según las inspecciones técnicas preliminares que la alcaldía
de Santa Tecla ha realizado en la ex penitenciaría, la estructura
podría ser restaurada en tres fases.
Por el momento, se lleva a cabo una verificación de los daños
más grandes que tiene el edificio, explicó Tatiana Martínez,
encargada del Centro Histórico de la municipalidad.
El informe estará listo en los próximos días. Después
de haber realizado la limpieza de la estructura, se hará una evaluación
de los daños, para elaborar el presupuesto y el perfil.
Martínez especificó que uno de los principales deterioros
que se observan es por capilaridad (humedad), debido a la falta del techo
en algunas áreas de una de las celdas y el pasillo.
La iniciativa de recuperar el bien cultural es para preservar el espacio
y para que el museo de la ciudad se traslade al lugar.
Carlos Mejía, encargado de ese espacio cultural, expresó
que firmarán un convenio de comodato del inmueble con la alcaldía.
Posteriormente harán el trámite para su posesión.
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| Fachada. Personas sin escrúpulos suelen
orinar en la entrada. Foto EDH/Mauricio
Castro |
Agregó que después de que se realicen los estudios estructurales,
se hará uno hidráulico, para conocer el estado del sistema
de drenajes.
Tampoco se puede precisar el monto que requerirá la restauración,
mientras no se finalicen los análisis.
Mejía manifestó que el dinero para su recuperación
será gestionado por los responsables del museo de la ciudad.
La introducción de los servicios, reparación de techos y
aceras correrá por cuenta de la comuna.
Para el rediseño, se cuenta con una propuesta inicial, que contempla
la construcción de un depósito independiente de la estructura,
para guardar los bienes culturales, con control de humedad y temperatura
de la luz.

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