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Una vida entre las paredes de la cárcel

Santa Tecla. Desde 1902 el penal albergó a los presos que eran remitidos por la Policía Nacional. El edificio fue cerrado en 1983. Desde entonces está en abandono


Publicada 9 de mayo 2005, El Diario de Hoy

Pasillo lateral. Solamente con un permiso se puede entrar a las instalaciones, que están custodiadas por agentes municipales. Foto EDH/Mauricio Castro

Eugenia Velásquez
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com


En las gruesas paredes de la antigua prisión, aún se respira la soledad, que fue el peor castigo de aquellos hombres, condenados a pagar con cárcel por sus delitos.

Doroteo (nombre ficticio) relata que estuvo recluido en tres ocasiones en ese lugar, conocido popularmente como la Penitenciaría de Santa Tecla.

Al igual que muchas infraestructuras antiguas de la ciudad, el arquitecto de la obra fue José Jeréz, quien inició la construcción en 1901 y la finalizó en 1902.

En un inicio las instalaciones fueron diseñadas para albergar a 25 reos, distribuidos en cinco celdas. Con el paso de los años la población reclusa aumentó.

Doroteo narra que la primera vez que ingresó al reclusorio, en 1976, en cada celda dormían cerca de 40 presos. Con suerte algunos lo hacían en camarotes y otros en el suelo.

Él, en ese entonces, era menor de edad, por lo que fue relegado a permanecer en el pasillo principal durante los nueve meses de su condena, por haber apuñalado a un hombre, quien murió por las lesiones.

Por su diseño simétrico y en forma de cruz, de estilo Neocolonial, los 20 vigilantes que tenía la cárcel podían observar desde los garitones instalados en lo alto y alrededor del edificio, los movimientos de los reos.

Las celdas. Actualmente la comuna realiza una inspección técnica de los daños. . Foto EDH/Mauricio Castro

La luz natural penetraba a los salones por pequeñas ventanas.

Éstas eran en forma de arco, con platina y hierro pasado, reforzadas con capas de cinco centímetros de espesor, de materiales como el talpetate, piedra pómez molida y tierra blanca.

Los portones de los pasillos en donde Doroteo vivió su primera experiencia carcelaria están hechos del mismo material.

La rutina


Allí, el ex presidiario quien ahora tiene 43 años, recuerda cómo los presos condenados a cadena perpetua, se ingeniaron un modo de vida placentero para pasar el resto de sus días.

Diez de ellos habían instalado a lo largo del callejón interior puestos de comida. Con una cocina de un solo quemador de mecha de gas, preparaban un menú diferente al de los frijoles, arroz y tortillas que debían comer todos los días.

Los privilegiados eran los reos que recibían visitas, ya que un plato costaba entre uno a dos colones. El que no tenía para pagar podía fiarlo y cancelarlo con el dinero que le diera su familia.

Despojo. Hacen falta varias piezas del techo de duela. Foto EDH/Mauricio Castro

A las seis de la mañana eran retirados de sus celdas. Los que gustaban de hacer ejercicios usaban un espacio abierto al fondo del pasillo principal, en donde también había una capilla.

El tiempo no era tan monótono, ya que él así como varios de sus compañeros disfrutaban por lo menos una vez por semana de la proyección de películas por el módico precio de veinte centavos de colón.

“Pero ni ahora que estoy libre voy al cine y en la cárcel tuve la oportunidad de ver la película de Romeo y Julieta”, comenta Doroteo.

Sin embargo, no todo era un paraíso. Alrededor del 30 por ciento de los hombres eran catalogados como “peligrosos”.

Cuatro salones de la entrada principal, que hoy lucen semidestruidos, eran los lugares de castigo para aquellos que protagonizaban riñas internas.

Según Doroteo, eran encadenados de manos y pies para recibir fuertes palizas con sus cuerpos al desnudo. Otro cubículo de reducido tamaño y de poca ventilación, ubicado en medio del pasillo, era utilizado para aislarlos por varios días.

Deterioro. La humedad ha facilitado que nazcan plantas en las paredes. Foto EDH/Mauricio Castro

Lo que más lamenta era el café con yodo que les servían -supuestamente- para disminuirles el deseo sexual, ya que las visitas íntimas eran escasas, porque no había un espacio adecuado.

Actualmente, el edificio está a cargo de la comuna y ha sido catalogado por el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura) como un bien cultural.

Tatiana Martínez, del Centro Histórico de la municipalidad, dijo que el edificio está construido a base de minerales y sobre piedra volcánica, por lo que se considera una obra tobalítica.

Las estructuras han soportado los sismos, pero el abandono ha sido el mayor causante de su deterioro. El primer paso para su recuperación ha sido la limpieza general del inmueble.

La falta de varias piezas del techo de duela que tenía originalmente en una de las celdas y en parte del pasillo, han hecho crecer en el interior de las paredes raíces de árboles por la humedad.

Edificio será el museo de la ciudad

Diseño. El penal fue construido de forma simétrica para un mejor control. Foto EDH/Mauricio Castro

Según las inspecciones técnicas preliminares que la alcaldía de Santa Tecla ha realizado en la ex penitenciaría, la estructura podría ser restaurada en tres fases.

Por el momento, se lleva a cabo una verificación de los daños más grandes que tiene el edificio, explicó Tatiana Martínez, encargada del Centro Histórico de la municipalidad.

El informe estará listo en los próximos días. Después de haber realizado la limpieza de la estructura, se hará una evaluación de los daños, para elaborar el presupuesto y el perfil.

Martínez especificó que uno de los principales deterioros que se observan es por capilaridad (humedad), debido a la falta del techo en algunas áreas de una de las celdas y el pasillo.

La iniciativa de recuperar el bien cultural es para preservar el espacio y para que el museo de la ciudad se traslade al lugar.

Carlos Mejía, encargado de ese espacio cultural, expresó que firmarán un convenio de comodato del inmueble con la alcaldía. Posteriormente harán el trámite para su posesión.

Fachada. Personas sin escrúpulos suelen orinar en la entrada. Foto EDH/Mauricio Castro

Agregó que después de que se realicen los estudios estructurales, se hará uno hidráulico, para conocer el estado del sistema de drenajes.

Tampoco se puede precisar el monto que requerirá la restauración, mientras no se finalicen los análisis.

Mejía manifestó que el dinero para su recuperación será gestionado por los responsables del museo de la ciudad.

La introducción de los servicios, reparación de techos y aceras correrá por cuenta de la comuna.

Para el rediseño, se cuenta con una propuesta inicial, que contempla la construcción de un depósito independiente de la estructura, para guardar los bienes culturales, con control de humedad y temperatura de la luz.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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